El baile de los Diablos
Cojuelos constituye la piedra angular de la identidad festiva en la
República Dominicana y su origen se remonta a los albores de la colonización
española en la isla de Santo Domingo durante el siglo XVI aproximadamente.
A partir del mes de febrero de cada año, un sonido contagioso y alegre
se apodera de los sábados por la noche de varios bateyes (comunidades rurales
que surgieron alrededor de la industria azucarera) de República Dominicana.
El Dembow es un estilo musical popularizado en la República
Dominicana, desarrollado a mediados de los años 90 pero ha tenido su auge en la
década del 2010. En los 90, cuando en Puerto Rico estaba en su apogeo el boom
del Reggaeton con The Noise I y Playero 37, que eran beats de Reggae sobre
instrumentales de Rap.
En Baní, República Dominicana, el 23 y 24 de junio, la Cofradía
de San Juan Bautista de Baní, comienza su ciclo central de festividades
en honor a su patrono. Por la noche se celebra la fiesta llamada La
Sarandunga, que consiste en tres bailes y una procesión. Los bailes se
llaman Capitana, Bomba y Jacana, mientras que la
procesión se denomina Morano.
Cuenta la tradición que hace
mucho tiempo un señor fue de Baní a Haití a vender una pesa de ganado y se
encontró con un hombre que llevaba la imagen de San Juan y tres tambores. Le
propuso cambiar la imagen y los tambores por la pesa de ganado (una pesa de
ganado equivale a 36 reses). El hombre hizo el cambio y aprendió los toques,
bailes y cantos de San Juan. Desde entonces se acostumbra a celebrar la fiesta
cada año por los hermanos de la Cofradía de San Juan Bautista. La
fiesta comienza cantando un salve a las 19:00 horas y si hay algún hermano de
la cofradía enfermo, le llevan la imagen a su casa, cantando Moranos por las
calles. Delante del enfermo bailan, luego vuelven a la casa y amanecen
bailando. Generalmente se comienza bailando la Jacana después de la medianoche.
A este baile se lo llama “de los viejos”, ya que es lento. En la madrugada,
cuando va a amanecer, toman al santo y, cantando Moranos se van al rio y se
paran en una sola fila a esperar que salga el sol. Cuando asoma el primer rayo
del sol, el que lleva la bandera o guion rojo que se presenta al santo, se moja
las manos, se lava la cara y, con ellas húmedas, toca las manos de la imagen y
se dice que bañaron a San Juan, entonces los demás asistentes se lavan la cara,
pero mientras el santo es bañado, nadie puede meter ni un pie en el agua, ya
que esto traería mala suerte. Entonces se bailan las tres piezas en el río y
esto se conoce como Pavoneo. Luego recogen la imagen y la llevan a la casa de
todos los hermanos de la cofradía durante todo el día 24. Posteriormente la
imagen es llevada a su ermita donde espera un año más. Los rituales de las
cofradías incluyen oraciones, cantos, música y danzas al son de sus
instrumentos musicales característicos, que son tres tambores con parches en
ambos lados y una güira.
La fiesta de San Juan Bautista daba regocijo a públicos de acentuado
saber profano, haciendo carreras de caballos, en las que cabalgaban tanto
personas de punto, como la gente menuda, así mismo los hombres que participaban
en las alegres correrías disimulando su presencia por medio del uso de
máscaras. De acuerdo a la folklorista Edna Garrido, el baile de la Sarandunga
se ejecuta de la siguiente manera: la mujer, con la falda graciosamente
recogida por ambos lados, toca el hombro de su compañero y empiezan los
primeros pasos girando según el caso, de un lado y otro, siempre describiendo
un círculo dentro de la rueda que forman músicos y espectadores. El hombre, con
postura arrogante y llevando un pañuelo en la mano derecha, el cual sacude y
agita delante de su pareja, la persigue. Ella, siempre con graciosos giros, lo
esquiva y huye de su lado. Algunas veces, el hombre levanta los brazos en
actitud de abrazar a su compañera, pero ella se aleja oportunamente, otras
veces le zapatea o se tocan los hombros, o la mujer le baila de frente, pero
cuando él se acerca mucho, lo esquiva. La segunda celebración de la Sarandunga
se lleva a cabo el 29 de junio, fiesta de San Pedro y San Pablo en la comunidad
rural de Fundación de Peravia, cerca de Baní. Ahí, el acento de la fiesta es
vuduísta, en donde se dan trances individuales y colectivos. Se entremezclan
elementos sagrados y profanos. No sólo se ejecutan las piezas de la Sarandunga,
sino que también se tocan y bailan géneros de música típica. El ambiente es de
alegría y religiosidad. Finalmente, la tercera celebración, se efectúa el
sábado siguiente al 29 de junio. Tiene lugar en la comunidad afrodescendiente
de La Vereda. El emplazamiento del caserío da la impresión de haber sido un
maniel o refugio de negros cimarrones (esclavos que huían de sus amos). Luego
de la invocación al santo y el recorrido del mismo por la comunidad en medio de
rezos y cánticos, comienza el jolgorio de la Sarandunga, que dura todo
el día. El ritmo de los tambores y la ejecución del baile se lleva a cabo
alrededor de un frondoso árbol de guasábara. Se baila, se toma, se come, se
juega, se coquetea y se flirtea.