El Gaucho Rivero, el paisano que expulsó a los ingleses
Durante la primera parte del siglo XIX Argentina empezaba una larga búsqueda por el reconocimiento sobre los derechos soberanos de Malvinas. Y si bien ya había transcurrido un tiempo largo desde que las islas del Atlántico Sur eran conocidas y habitadas, fue Luis Vernet el primer Comandante Político y Militar de Malvinas con sede en la isla Soledad.
El decreto de nombramiento determinaba la continuidad histórica y jurídica de la soberanía argentina: “Habiendo entrado el gobierno de la República en la sucesión de todos los derechos que tenía sobre estas provincias, la antigua metrópoli (España), y de que gozaban sus virreyes, ha seguido ejerciendo actos de dominio en dichas islas, sus puertos y costas, a pesar de que las circunstancias no han permitido hasta ahora dar a aquella parte del territorio de la República la atención y cuidado que su importancia exige”.
En tanto, los diarios de la época sostenían: “Una de las medidas más importantes del gobierno actual ha sido la organización política y militar de las islas Malvinas, y de los terrenos adyacentes al estrecho de Magallanes. Aunque nuestra marina esté en su infancia, podemos sacar gran provecho de las islas Malvinas. El territorio es muy fértil, su clima menos áspero de lo que corresponde a su latitud. Los cuadrúpedos, que los españoles soltaron allí, se han multiplicado prodigiosamente, y se calcula que no habrá menos de 40.000 cabezas de ganado, con un sinnúmero de caballos salvajes”. (La Gaceta Mercantil - junio de 1829).
Lo cierto fue que Vernet comenzó cinco años antes de su nombramiento con un emprendimiento comercial que incluía la explotación del ganado vacuno salvaje y la cacería de lobos marinos junto a la comercialización de pescado. Había llegado a las islas en el bergantín “Betsy”, acompañado de su esposa y sus hijos, Emilio, Luisa y Sofía, además de su hermano y su cuñado. También arribarán junto a Vernet unos cuarenta colonos. La nave transportaba diversos muebles de la familia Vernet (incluyendo un piano), además de 36 árboles y 30 ovejas merinas mestizas.
Antonio Rivero nació en Entre Ríos durante 1790. Viajó a las islas Malvinas junto a la expedición de Luis Vernet con el objetivo de ejercer el oficio de peón. En las islas, entre otras tareas, amansaba ovejas, vacas y cerdos. Según las crónicas fue conocido entre los colonos con el seudónimo de Antuco o Antook, aunque pasará a la historia como “el gaucho” Rivero.
Tenía fama de peleador; de esos criollos de “pocas pulgas” y “mecha corta”, por lo cual muchos sostienen que su viaje al sur estaba directamente ligado a problemas que lo obligaron a escaparse de ciertos asuntos poco claros y con tufillo a deudas y defraudaciones.
Posterior a ese hecho, se registra un breve tiempo donde el control de las islas estuvo en manos de EEUU, pero fue definitivamente el Reino Unido quien ocupó por la fuerza las islas bajo el mando del capitán John Onslow, quien también abandonó las islas dejando al frente de la situación al colono irlandés William Dickson. En medio de ese contexto se produjo una sublevación de peones que trabajaban bajo las ordenes de los británicos.
El descontento se generó porque las exigencias laborales se sobrecargaron considerablemente, además de percibir sus sueldos con vales que no tenían respaldo. Y al no ser moneda metálica corriente, esos bonos que no eran recibido en la única proveeduría de la zona que era propiedad (aunque parezca cómico), precisamente de Dickson, uno de los cabecillas británicos. Para complicar más la situación, tampoco se les permitía alimentarse con el ganado doméstico, obligándolos a cazar animales silvestres para la subsistencia.
De los trece gauchos que todavía vivían en las islas, un grupo de ocho de ellos se sublevó. Rivero fue quien comandó la reyerta, matando a cinco hombres que explotaban y maltrataban a los peones. Entre ellos, el nombrado almacenero Dickson. Fue el 26 de agosto de 1833.
Los gauchos estaban armados con facones, boleadoras, espadas, pistolas y mosquetes. Decidieron actuar por sorpresa, aprovechando la ausencia de un grupo de leales a los británicos, que se habían alejado mar adentro en una expedición de caza de lobos marinos. Tras el ataque, los sublevados se instalaron en la casa de la comandancia. El resto de los colonos que no se plegaron a la sublevación se fugaron al pequeño islote Peat. Así, ambos grupos vivieron separados durante varios meses, sufriendo avatares diversos.
Algunas crónicas históricas, referenciadas con el revisionismo histórico argentino, sostienen que inmediatamente izaron la bandera azul y blanca, mientras otras corrientes historiográficas ponen en duda este hecho.
Finalmente, los primeros días de 1834, dos buques británicos llegan a la isla Soledad para recuperar la usurpación, organizando una partida armada para capturar a los gauchos, los que a su vez sufrieron una traición y una deserción antes de huir al interior de la isla.
No les resultó fácil a los ingleses, que necesitaron enviar varias expediciones, pero por fin lograron apresar a los peones, engrillarlos y conducirlos detenidos a Gran Bretaña para ser juzgados.
Rivero y sus hombres resistieron durante dos meses, hasta que fueron capturados el 18 de marzo y enviados a Londres para ser juzgados. Finalmente, el tribunal británico le encomendó al Almirantazgo que los devuelva a Montevideo, a donde llegaron a mediados de 1835.
Mucho más cerca de nuestro tiempo, aparecerá el nombre de “Puerto Rivero” para la capital de las Malvinas (nuestro siempre “Puerto Argentino”, o “Stanley”, para los usurpadores británicos). Fue en setiembre de 1966, cuando un grupo compuestos por jóvenes militantes peronistas opositores al gobierno del general Juan Carlos Onganía, denominado “Los Cóndores”, secuestraron un avión de Aerolíneas Argentinas que se dirigía de Buenos Aires a Río Gallegos y lo desviaron a las islas. Durante 36 horas flameó la bandera argentina y dieron un nuevo nombre a la ciudad en honor a aquel gaucho histórico: “Puerto Rivero”. Toda esta acción fue parte del denominado “Operativo Cóndor” que tenía como objetivo la toma de las islas. La operación no prosperó, debiendo sus integrantes rendirse.
Ese topónimo se volvió a reencontrar durante los primeros días de abril de 1982, con motivo de la heroica gesta de Malvinas, apareciendo en el acta de defunción de Pedro Giachino, en cartas donde figuraba como lugar de su fallecimiento: “Puerto Rivero”. Pero como el nombre de Rivero generaba cierta polémica, ya en la segunda semana de ocupación de las islas empezó a figurar en las cartas náuticas el nombre de “Puerto Argentino”.
La vida del “gaucho” Rivero siempre presentó aristas controversiales. Así como no se puede puntualizar porqué decidió llegar a Malvinas, también ofrece una faceta poco clara, cuándo y dónde murió. Algunos autores plantean que Antonio Rivero, incorporado en las filas del ejército por Juan Manuel de Rosas, falleció en la batalla de la Vuelta de Obligado (1845), debido a que en una lista de combatientes aparece un “sargento Antonio Rivero”. Pero dicha lista trata de combatientes, no de bajas e incluso sus proponentes reconocen que el sargento Rivero podría ser un homónimo.
Por su parte, el revisionismo histórico argentino tradicional, pretende rescatar la figura de Rivero, identificando motivos patrióticos de una rebelión gaucha contra la autoridad británica. Finalmente, una nueva corriente revisionista, sostenida por José María Rosa (1906-1991) y Fermín Chávez (1924-2006), encuentran en el alzamiento de Rivero una conjunción entre las luchas y reivindicaciones sociales y populares, por un lado, con las nacionales y patrióticas por el otro.
Ahora, lo que nadie podrá negar es que para el inmenso imaginario colectivo argentino la figura del “gaucho” Rivero tomó la estatura de “santo popular”. Coincidiendo o discrepando; discutible o no: “Vox Populi. Vox Dei”.
Fuentes:
• Armando-fernandez.blogspot.com






























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