Música Clásica - Stabat Mater
Stabat Mater es una de las formas musicales más emblemáticas y perdurables de la Semana Santa en la historia de la Música Clásica. Su origen se remonta a una secuencia litúrgica medieval que ha inspirado a numerosos compositores a lo largo de los siglos. El texto, atribuido tradicionalmente al franciscano Jacopone da Todi (siglo XIII), describe el dolor de la Virgen María ante la crucifixión de Jesucristo.
En la historia de la música de concierto, se encuentran aquellas obras que fueron escritas expresamente para celebrar alguna ocasión especial o satisfacer los gustos de los mecenas; desde nacimientos, coronaciones, celebraciones litúrgicas, servicios religiosos o hasta para despedir en la muerte algún miembro de la realeza. También existen aquellas que, por su sonoridad y contexto, se convirtieron, a través del tiempo, en una gran obra para evocar y recordar eventos y conmemoraciones importantes, sin haber sido escritas para los mismos.
Remontándonos a la Edad Media, los periodos de Cuaresma, la Pasión y la Pascua son fuentes de inspiración para compositores que transmiten la devoción a través de su obra, muchos de ellos escribieron explícitamente para la Semana Santa basándose en los textos del Stabat Mater. De aquí que el Stabat Mater sea música propiamente para la celebración de la Semana Santa; ya que ilustra el dolor de María al contemplar la crucifixión de su hijo Jesús.
Muchos son los autores que se han acercado a este tipo de plegaria. Hoy haremos un breve recorrido por la música que fue premeditada para conmemorar el sacrificio de Jesucristo para el perdón de los pecados de la humanidad; obras maestras escritas por grandes compositores para este tiempo litúrgico, sea o no creyente, tanto de la tradición católica como protestante.
En el Nápoles del siglo XVIII, el viernes Santo estaba reservado para el Stabat Mater, el Réquiem personal de la Virgen María y el dolor por su hijo crucificado.
El Stabat Mater como plegaria, medita sobre la dolorosa pena de María, la madre de Jesús.
Tomás de Victoria, quien sólo escribió música sacra, hacia 1585 publicó en Roma su grandioso oficio de Semana Santa “Officium Hebdomadae Sanctae”, una magna obra calificada por el músico y sacerdote austriaco Franz Xaver Haberl; como la obra maestra del autor.
El sufrimiento de la madre de Jesús en el texto del Stabat Mater que se remonta al Siglo XIII, atrajo también a compositores que van desde Josquin des Prez a Giovanni Pierluigi da Palestrina. El florecimiento llegó en el barroco con la obra de Giovanni Pergolesi, una composición que data de 1736.
Pergolesi fue especialmente prolífico en el ámbito de la música sacra, al final de su vida el compositor italiano se dedicó exclusivamente a escribir obras litúrgicas o piadosas. Compuso entonces su magnífico Stabat Mater.
Cuando Pergolesi aceptó el encargo, su estado de salud era deplorable, se cree que desde pequeño sufría de espina bífida.
Pergolesi se sirvió del pasaje evangélico de San Juan en el que la Virgen María contempla la agonía de su hijo en la cruz, para crear esta bellísima obra por la que más se le recuerda. Esta partitura está impregnada de dolor, mostrando ternura y un profundo sentimiento con una distinguida maestría propia de Pergolesi.
El Stabat Mater fue compuesto en 1736 mientras Giovanni Battista Pergolesi agonizaba en un convento de Pozzuoli. Murió semanas después de haberla finalizado.
La escena de la Madre de Dios a los pies de la cruz ha sido musicalizada también por el Monje rojo, Antonio Vivaldi, aunque es mayormente conocido por sus cuatro estaciones, Vivaldi escribió su melancólico Stabat Mater basándose sólo en las diez primeras estrofas del texto en latín.
La obra fue compuesta por encargo para la fiesta patronal de la iglesia de Santa María della Pace en Brescia para la Pascua de 1727. Sin duda es uno de los más bellos cantos escritos por Vivaldi.
Otra gran obra que figura en como uno de los cantos favoritos de dolor para las celebraciones de Semana Santa, es indudablemente, el Stabat Mater de Gioachino Rosisini quien ganó fama por sus Óperas y su música profana. Rossini no fue precisamente prolífico en obras religiosas, pero en el verano de 1832 ya había completado la introducción de su Stabat Mater, un encargo asignado por el archidiácono español Manuel Fernández Varela, al parecer para uso personal.
Rossini trabajó en su obra, y para el verano de 1832, ya había completado la introducción, así como algunos números, pero no se sintió capaz de terminar la enmienda por lo que pidió ayuda a su amigo Giovanni Tadolini, compositor boloñés, para que la obra pudiera estrenarse en la iglesia del Convento de San Felipe del Real de Madrid el Viernes Santo de 1833.
Muy a pesar de que el texto del himno medieval del siglo XIII encierra una profunda carga de dolor y sacrificio emocional (una madre viendo a su hijo clavado en la cruz, sufriendo por la humanidad), lo cierto es que las estrofas del Stabat Mater, han permitido a grandes compositores de distintas épocas, la creación de más de 200 piezas musicales en diversos géneros y estilos. Todas obras de inigualable talento que nos muestran la sensibilidad, la delicadeza y a la vez el contenido dramático que imprime cada uno de los compositores en su maravillosa obra.
Basta mencionar otros nombres como: Franz Liszt que en sus últimos años de vida fue profundamente religioso hasta recibir órdenes menores de la iglesia y convertirse en “El abad Liszt”.
Liszt compuso una gran cantidad de música para piano, obras sinfónicas, Rapsodias, un Réquiem, varias Misas y un Oratorio. Entre ellos encontramos el Oratorio Christus; compuesto entre 1862 y 1866 que contiene no solo un Stabat Mater Dolorosa, sino también un Stabat Mater Speciosa.
El magistral Stabat Mater de Antonin Dvorak nació en 1875, cuando el dolor se apoderó del compositor checo debido a la muerte de su recién nacida hija Josefa. En esta ocasión, escribió una versión para cuatro solistas, coro y piano. Casi 2 años después, en 1877 desafortunadamente murieron sus 2 hijos sobrevivientes. Tras su desconsolado momento, Dvorak prosiguió ahora con la versión orquestal de la partitura.
Cualquiera que sea el caso por lo que cientos de compositores han retomado la agonía de Cristo en la cruz o las primeras estrofas del texto en latín, es innegable que, tras 8 siglos de vida, el Stabat Mater sigue dando mucho más de lo que su creador habría imaginado.
Karol Szymanowski (1882-1937), compositor polaco, realizó su “Stabat Mater” en 1926, combina elementos del folklore polaco con un lenguaje armónico modernista.
Krzysztof Penderecki (1933-2020) es uno de los compositores polacos más importantes del siglo XX. Incluyó un “Stabat Mater” como parte de su obra “Pasión según San Lucas” (1966). Utilizó técnicas vanguardistas como el uso de clusters, disonancias extremas y técnicas extendidas para los instrumentos y las voces. Penderecki también compuso un “Stabat Mater” independiente en 1962.
Francis Poulenc (1899-1963), compositor francés, conocido por su estilo neoclásico, compuso su “Stabat Mater” en 1950.
Arvo Pärt (1935-), compositor estonio, abordó el “Stabat Mater” en 1985. Esta obra, escrita para tres voces (soprano, alto y tenor) y un trío de cuerdas (violín, viola y violonchelo), es un ejemplo de su enfoque minimalista y contemplativo.
James MacMillan (1959-), compositor escocés, escribió su “Stabat Mater” en 2015, para coro y cuerdas. Combina un lenguaje armónico moderno con elementos de la tradición musical escocesa.
Giya Kancheli (1935-2019), compositor georgiano, de estilo minimalista y contemplativo, compuso su “Stabat Mater” en 2012, para soprano, tenor y orquesta.
Karl Jenkins (1944-), galés, compuso su “Stabat Mater” en 2008. Esta obra combina el texto latino tradicional con otros en inglés, árabe, griego y arameo, reflejando una visión multicultural del dolor y la compasión. Jenkins utiliza una orquesta sinfónica, coro y solistas.
Josef Tal (1910-2008), israelí, pionero de la música electrónica, compuso su “Stabat Mater” en 1975. Esta obra, escrita para coro y orquesta, combina un lenguaje moderno con elementos de la tradición judía y utiliza técnicas seriales y electrónicas.
Sofia Gubaidulina (1931-), de origen ruso, conocida por su enfoque místico y espiritual, compuso su “Stabat Mater” en 1985, escrita para violín, violonchelo y órgano.
En la Argentina, el compositor Gustavo Fedel compuso y grabó dos versiones diferentes de su propio “Stabat Mater”, que fue especialmente elogiado por Jorge Mario Bergoglio, poco antes de ser ungido como papa bajo el nombre de Francisco.
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