Jiuta (Japón)
La Jiuta representa una de las formas más sofisticadas y complejas de la música tradicional japonesa, cuyo nombre significa literalmente “música del lugar” o “música local”, en referencia a su origen en la región de Kamigata, que comprende las ciudades de Kioto y Osaka.
A diferencia de otras formas de música para shamisen que estaban íntimamente ligadas al teatro de marionetas Bunraku o al drama Kabuki, la Jiuta nació como un arte puramente instrumental y vocal destinado a la interpretación en cámaras privadas o ambientes sociales refinados, lo que le otorgó una libertad creativa que los géneros teatrales no poseían debido a sus exigencias narrativas.
Esta independencia permitió que los músicos, predominantemente miembros de la cofradía de ciegos conocida como Todo-za, desarrollaran técnicas interpretativas de una complejidad técnica asombrosa, convirtiendo a la Jiuta en la base técnica sobre la cual se construiría gran parte del repertorio clásico del shamisen.
La estructura de la Jiuta es fascinante porque no sigue una línea melódica simple, sino que se basa en la interacción de secciones vocales e instrumentales denominadas tegoto, que son interludios de gran virtuosismo donde el intérprete demuestra su destreza técnica sin el apoyo de la voz, creando un contraste dinámico entre la austeridad del canto y la exuberancia de las cuerdas.
El estilo vocal de la Jiuta es sutil, introspectivo y cargado de un lirismo que a menudo trata temas de amor no correspondido, la fugacidad de las estaciones o la belleza melancólica de la naturaleza, evitando siempre la estridencia emocional en favor de una contención muy propia de la estética zen y el refinamiento de la clase mercantil de Kioto.
En este contexto, la Jiuta dejó de ser una pieza solista para convertirse en un ejercicio de ensamble donde los instrumentos no se limitan a seguir la voz, sino que entablan un diálogo contrapuntístico complejo donde cada parte mantiene su independencia rítmica mientras contribuye a una unidad sonora superior.
La evolución de la Jiuta también está marcada por la figura de los grandes maestros compositores que, a pesar de las rígidas estructuras de transmisión oral de las escuelas o ryu, lograron introducir innovaciones armónicas que permitieron al género sobrevivir a la modernización de la era Meiji, cuando la influencia de la música occidental comenzó a amenazar la vigencia de las artes tradicionales.
Las características técnicas de la Jiuta incluyen el uso de microtonos y una afinación que se ajusta de acuerdo al sentimiento de la pieza, además de una técnica de plectro muy específica que produce un sonido percusivo y resonante al mismo tiempo, permitiendo que el shamisen actúe como un instrumento rítmico y melódico de manera simultánea.
Es importante destacar que la Jiuta no es un arte estático; su práctica requiere años de disciplina para dominar no solo la digitación, sino la respiración necesaria para sostener las frases vocales largas y fluidas que parecen flotar sobre el ritmo estricto de las cuerdas.
El repertorio de la Jiuta se divide a menudo en categorías según el contenido de los textos y la complejidad de los tegoto, yendo desde piezas cortas y elegantes hasta composiciones monumentales que pueden durar más de media hora y que exigen una concentración total tanto del intérprete como del oyente.
En el Japón contemporáneo, la Jiuta sigue siendo la piedra angular de la enseñanza de la música tradicional, y su estudio es obligatorio para cualquier músico que aspire a dominar el shamisen de estilo Kouta o Nagauta, ya que proporciona la base teórica y práctica más sólida del instrumento.
La relación entre el texto poético y la música en la Jiuta es de una simbiosis perfecta, donde la melodía se adapta a las inflexiones naturales del idioma japonés, pero se eleva a un plano de abstracción que permite que la música sea apreciada por sus cualidades formales, incluso si no se comprende el significado de las palabras.
A medida que la sociedad japonesa se volvía más cosmopolita, la Jiuta sirvió como un refugio de la identidad cultural, manteniendo vivas las tradiciones de la corte y de la burguesía antigua en un mundo que cambiaba a un ritmo vertiginoso.
Al analizar la Jiuta desde una perspectiva histórica, puede verse que fue este género el que permitió la transición del shamisen de un instrumento de entretenimiento popular a uno de alta cultura, equiparable en estatus al koto que históricamente había estado vinculado a la aristocracia y al clero.
Esta elevación de estatus no fue accidental, sino el resultado de un esfuerzo consciente de los músicos ciegos por demostrar que su arte poseía una profundidad intelectual y espiritual que merecía el respeto de todas las clases sociales.
La vigencia de la Jiuta también se manifiesta en su influencia sobre compositores contemporáneos de música académica y experimental, quienes encuentran en sus estructuras asimétricas y en su tratamiento del timbre una fuente inagotable de inspiración para nuevas creaciones que buscan tender puentes entre el pasado y el presente.
Entender la Jiuta es, en definitiva, entrar en el corazón mismo de la sensibilidad japonesa, una sensibilidad que valora la sutileza sobre la evidencia y la profundidad sobre la superficie, recordando que la verdadera belleza artística no necesita de grandes despliegues ni de fuegos artificiales para conmover el alma de quien sabe escuchar con atención.
La Jiuta enseña que el arte es un camino de perfeccionamiento personal y que la música es el vehículo a través del cual el ser humano puede conectar con lo inefable, utilizando el sonido de la seda y el bambú para expresar aquello que las palabras por sí solas no pueden alcanzar. Esta larga tradición de música local ha sobrevivido a guerras, incendios y cambios de régimen, manteniéndose como un testimonio sonoro del renacimiento de la cultura japonesa y de su capacidad para regenerarse sin perder sus raíces fundamentales.
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