Nuevo Cancionero Paraguayo
Durante la brutal y cobarde represión que se abatió sobre Paraguay durante la vesánica dictadura stronista, nació como bálsamo para las heridas el Nuevo Cancionero Paraguayo, como un grito de esperanza.
Cada vez que la radio era clausurada, interferida, atacada y hasta clausurada, el propio José Antonio Galeano, integrante del Grupo Sembrador con su compañero Jorge Garbett, junto a juglares y otros artistas, entonaban: “Canto de siempre, con savias nuevas, tierra mojada, sol tropical, Patria querida, somos tus voces, somos palabra, somos verdad. Radio Ñandutí y su audiencia, como el canto, como la Patria, ZP14 es canto y patria en tiempo nuevo”.
En los “Festivales de Música Nueva” de finales de los años ‘60, en la antigua “Sala de las Américas” del Centro Cultural Paraguayo Americano y en el restaurante “La guarida del matrero”, lugar obligado de las peñas -cuyo nombre es una clara alusión a la influencia de la música popular argentina en ese momento- entre 1970 y 1971, surgió una generación de creadores -músicos, poetas y letristas- que después serían agrupados como cultores del “Nuevo Cancionero Popular Paraguayo”.
En ese lugar debutaron “Los Ñandutíes de Itauguá”, los hermanos Carlos y Jorge Pettengill, que más tarde se llamarían “Grupo Vocal Dos”. Los nombres de Maneco Galeano, Carlos Noguera y Mito Sequera, con la colaboración de excelentes eruditos como Gordon Campbell y Carlos Schwartzmann, entre los músicos, a los cuales seguirían Jorge Krauch y Jorge Garbett, entre otros, y Juan Manuel Marcos y Emilio Pérez Chaves, entre los poetas, abordarían temas vinculados a la condición humana desde una perspectiva novedosa y clara, e inequívocamente libertaria y, por ello mismo, crítica y subversiva.
‘70, de esta corriente, década en la que fueron editadas en Buenos Aires las primeras composiciones del movimiento, como “Despertar”, con letra y música de Maneco Galeano, y “A la Residenta”, con letra de Juan Manuel Marcos y música de Carlos Noguera.
Juan Manuel Marcos fue el principal ideólogo e impulsor de las cinco iniciativas que consolidaron el movimiento en los años 70:
1 - Afianzar una sólida alianza entre los grupos artísticos de vanguardia de Asunción y los elencos populares del interior empleando el idioma guaraní, a partir del montaje teatral Ñandejara Rekove (1972), en coautoría con Antonio Pecci, con música de Mito Sequera, estrenado durante la Semana Santa por el Teatro Popular de Vanguardia de Asunción y el Elenco Popular de Teatro “La Merced” de Areguá, representado con enorme éxito, a pesar de la severa represión policial, ante un público genuinamente popular, en todo el Departamento Central.
2 - Articular las nuevas creaciones, dispersas en peñas y actos estudiantiles improvisados, en una propuesta estética concreta, el montaje López (1973), con texto y poemas de Marcos y música de Maneco Galeano, Noguera y Sequera, con la actuación de Amambay Cardozo Ocampo, José Antonio Galeano y otros, que se presentó con enorme éxito de público en dos temporadas en el salón cultural de la Embajada Argentina (durante la Presidencia de Héctor Cámpora)- único refugio de la censura.
3 - Trazar además una tercera articulación, la de la música tradicional con la nueva, mediante un ciclo de seis meses de recitales realizados en templos de Asunción, bajo el patrocinio de monseñor Ismael Rolón: la Catedral Metropolitana, el San José, la Capilla Teresiana, el San Roque, San Francisco y el Cristo Rey. En este ciclo se encontraron figuras clásicas como Alejandro Cubilla y su Banda Koygua, Eladio Martínez, Mauricio Cardozo Ocampo y su orquesta Perurimá, Lorenzo Leguizamón, Julián Rejala, y Cristino Báez Monges, con los nuevos intérpretes como el grupo Las Voces Nuevas de Carlos Schwartzmann, el trío Los Troveros de América de Ulises Ayala,
5 - Extender los contactos artísticos del movimiento más allá de las fronteras, enlazando amistades y colaboraciones con intérpretes y autores como Quilapayún de Chile, Alfredo Zitarrosa de Uruguay, Argentino Luna y Jorge Cafrune de Argentina, símbolo de lo cual fue la solidaridad de 40 años entre la artista popular número uno de América Latina, Mercedes Sosa, y Juan Manuel, a quien la estrella tucumana consideró, expresamente, hasta su muerte su mejor amigo fuera de su país natal.
La persecución laboral, la difamación soez, la prisión y la tortura, el exilio y la muerte buscaron aplastar el Nuevo Cancionero. Fue una guerra muy desigual. El cobarde tirano que se creía dueño del destino del Paraguay usó todas sus armas y su crueldad para acallar a los poetas, los músicos y los artistas populares. En 1989 Maneco ya estaba muerto, y Juan Manuel, exiliado en Los Ángeles. Pero cuando el 3 de febrero el pueblo paraguayo salió a gritar su libertad y a entonar “Canto de esperanza”, se supo por fin quién había ganado la guerra.
Durante los años 80, el movimiento alcanzó amplia difusión, mediante iniciativas como el Festival Mandu’ara, de 1982 a 1986, impulsado por Carlos Noguera, con la participación de nuevos creadores, grupos, solistas y actores. Radio Ñandutí le otorgó un espacio muy importante al nuevo canto, constituyendo un valioso frente de lucha.
Fuente:
• Investigacion.uninorte.edu.py