Literatura y Música - Juana de Ibarbourou en canciones

 


Su nombre era Juana Fernández Morales, pero se hizo llamar Juana de Ibarbourou, después de casarse a la edad de veinte años con el capitán mayor del ejército (de origen vasco) Lucas Ibarbourou. Según diversas versiones, nació el 8 de marzo de 1892, aunque ella misma proclamaba haber nacido en 1895.

Hija de Vicente Fernández, gallego natural de Vilanova de Lourenzá (Lugo) que había emigrado al Río de la Plata en la década de los años 80 del siglo XIX, estableciéndose en la ciudad de Melo, en el Departamento de Cerro Largo. Su madre, Valentina Morales, pertenecía a una de las familias españolas más antiguas del Uruguay.

De su niñez y juventud, transcurridas en la misma ciudad de Melo y ocasionalmente en los campos de los alrededores, se conoce relativamente poco. Algunos detalles provienen de ella misma, por referencias en su libro “Chico Carlo”. Cursó estudios primarios en una escuela pública de Melo, que actualmente lleva su nombre literario, y secundarios en un colegio religioso. Se interesó, asimismo, por el aprendizaje del idioma francés que, en esa época, era el segundo idioma preferido por los que procuraban acceder a un superior nivel cultural.

Según algunos cronistas literarios, fue su maestra de francés la que, percibiendo su precoz inclinación a la poesía, le facilitó el acceso a algunos poetas franceses de moda; especialmente Anne de Noailles, la obra de esta autora tiene fuerte influencia en su formación literaria y en su obra inicial.

A partir de su boda en 1914, durante los siguientes cuatro años, siguió los destinos de servicio de su esposo, residiendo en diversas localidades del país: Rivera, Tacuarembó, Roca, Canelones. Hasta que, en 1918, se establecieron definitivamente en Montevideo, en una modesta vivienda situada en la calle Asilo, en el barrio de La Unión, posiblemente por estar cerca de la unidad en que servía Ibarbourou. En estos años publica una serie de poemas en diarios de la ciudad de Melo con el seudónimo de Jeannette d'Ybar.

Consiguió una gran popularidad en el ámbito hispano hablante por sus primeros libros de poemas. Sus dos primeras colecciones de poemas, de estilo modernista, fueron “Las lenguas de diamante” (1919) y “El cántaro fresco” (1920), obra en prosa. Tuvieron repercusión internacional y fueron traducidos a varias lenguas, al igual que otros poemas que les seguirían. La originalidad de su estilo consistió en unir el rico cromatismo con imágenes modernistas, dándole un sentido optimista de la vida con un lenguaje sencillo. A partir de entonces publicó más de treinta libros, la mayor parte de ellos fueron colecciones de poesía, como “Raíz Salvaje” (1922), o “La rosa de los vientos” (1930). Escribió también memorias de su infancia como “Chico Carlo” (1944), y un libro para niños.

Su amplia popularidad la hizo merecedora del alias de “Juana de América”, siendo proclamada como tal el 10 de agosto de 1929, en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo de Montevideo en un acto multitudinario que contó con la presencia del escritor mexicano Alfonso Reyes y el poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín.

Sus últimos años los vivió sola y recluida en una antigua residencia solariega situada en la Avenida 8 de octubre frente a la calle Mariano Moreno, en los límites del barrio de La Unión de Montevideo, donde falleció el 15 de julio de 1979.

Juana de Ibarbourou, cuya obra trascendió fronteras, logró capturar en sus versos la vitalidad de la naturaleza y el instinto humano más puro. Su poesía, marcada por un ritmo natural y una fuerza lírica inconfundible, ha servido como un lienzo ideal para compositores de diversos géneros y épocas. Desde la elegancia académica hasta las interpretaciones populares, sus palabras han cobrado nueva vida al transformarse en melodías.

Esta transición del papel al sonido demuestra la vigencia de una autora que supo hablarle tanto a la tierra como al corazón. Cada pieza musical es un testimonio de cómo la sensibilidad de Juana sigue latiendo con fuerza en la cultura contemporánea.

• “La hora” - Isabel Parra: Esta canción de 1970 es una musicalización directa del poema homónimo de la escritora uruguaya Juana de Ibarbourou, respetando su lírica cargada de simbolismo y naturaleza. La relación es absoluta, ya que Isabel Parra utiliza su voz y el folklore para dar vida a los versos que describen una entrega apasionada y mística en medio de un paisaje nocturno. El texto de Ibarbourou se centra en un erotismo espiritualizado donde el cuerpo y el alma se funden con el entorno, evitando cualquier lugar común de la poesía romántica barata. Parra logra capturar esa atmósfera de intimidad sagrada sin caer en sentimentalismos, manteniendo la fuerza y la pureza de la palabra original. Es un encuentro entre la vanguardia poética del siglo XX y la canción social latinoamericana, donde la música se pone al servicio de la profundidad emocional del poema. Al final, la obra es un testimonio de cómo la literatura de Juana de Ibarbourou sigue firme en su capacidad de conmover a través del tiempo.

• “Juana de Ibarbourou” - Elsa Morán: La interpretación de Morán se inscribe dentro del repertorio de la canción tanguera rioplatense, donde la poesía y la música se entrelazan para rendir homenaje a figuras literarias. La obra toma como eje la figura de Juana de Ibarbourou, una de las voces más destacadas de la lírica latinoamericana, conocida por su estilo sensual, vitalista y profundamente conectado con la naturaleza. La musicalización busca capturar ese espíritu poético a través de una melodía emotiva y una interpretación cargada de sensibilidad. En la versión de Morán, se percibe una intención de resaltar el carácter íntimo y evocador del texto, manteniendo un equilibrio entre la narrativa y la expresividad vocal. El acompañamiento musical permite que la voz y la palabra ocupen el primer plano. En conjunto, se trata de una pieza que no solo homenajea a la poeta, sino que también reafirma la tradición de musicalizar la literatura en el ámbito hispanoamericano.

• “La cuna” - Alfredo Zitarrosa: Es la musicalización de un poema de Juana de Ibarbourou, por lo que la letra es plenamente lírica y no narrativa. El texto construye la imagen de la cuna como un espacio de protección, ternura y vínculo materno, con un lenguaje simple pero cargado de sensibilidad. Predomina un tono suave, casi arrullador, que transmite calma y afecto, sin conflicto ni tensión. La musicalización respeta ese clima íntimo con un acompañamiento austero, típico del estilo de Zitarrosa. No hay cambios sustanciales en el contenido, sino una amplificación emocional a través de la música. En conjunto, funciona como una fusión directa entre poesía y canción, donde se mantiene intacta la esencia del poema original.

• “Seis poemas liricos de Juana de Ibarbourou” - Julio Gómez: Esta obra de 1940 es un ciclo de canciones del compositor español Julio Gómez, quien puso música a seis textos de Juana de Ibarbourou. Gómez utiliza su lenguaje nacionalista y refinado para realzar el erotismo y la vitalidad de la lírica de la autora uruguaya. La música se adapta a la perfección a la métrica de los poemas, creando una atmósfera que captura la fuerza de la naturaleza y la pasión presentes en los versos originales. Al ser una traslación directa del papel a la partitura, cada canción respeta la intención emocional del texto, evitando cualquier distorsión del mensaje de Juana. Es un encuentro transatlántico donde la sensibilidad española del compositor dialoga con la vanguardia poética de “Juana de América” sin filtros innecesarios. Al final, el ciclo logra que la palabra escrita cobre una nueva dimensión sonora, manteniendo intacta la esencia humana que define toda la obra de Ibarbourou.

• “La higuera” - Sergio Bonafonte: Esta obra es una musicalización del poema más célebre de Juana de Ibarbourou, donde Bonafonte respeta íntegramente la letra para resaltar su mensaje de empatía hacia lo que otros consideran feo. La relación es directa y orgánica, utilizando una estructura melódica sencilla que permite que la voz narrativa de la autora uruguaya sea la verdadera protagonista del relato. La música acompaña la transformación del árbol, capturando ese tono de confesión íntima y belleza espiritual que Juana plasmó en el papel. Al evitar arreglos complejos, la pieza logra transmitir la fuerza de la naturaleza y la sensibilidad humana sin distorsionar el sentido original de los versos. Es un diálogo respetuoso entre la canción y la literatura, donde la composición se pone al servicio de la defensa que hace la poeta de la higuera.

• “Pajarito chino” - Francisco Manuel Martínez y Galnares: Esta obra de 1957 es una musicalización del poema homónimo de Ibarbourou, incluida en su ciclo de canciones para voz y piano. La relación es de una fidelidad absoluta, donde el compositor español utiliza una estructura melódica delicada para capturar el exotismo y la ternura de los versos de la autora uruguaya. La música traduce el ritmo lúdico de la poesía a una atmósfera sonora que evoca la fragilidad y el encanto de la figura del pajarito descrito por Juana. Al respetar íntegramente el texto, la pieza logra que la palabra escrita conserve su frescura y su capacidad de crear imágenes visuales potentes a través del sonido. Es un diálogo refinado entre la técnica académica y la lírica vitalista de la poeta, evitando cualquier distorsión del mensaje original. Al final, la composición de Martínez y Galnares funciona como un tributo que eleva la sencillez del poema a una dimensión de concierto.

• “La loba” - Jhon Peterson y su Tribu: Es una canción infantil que cuenta de forma simple la historia de una loba que recorre el lugar mientras los demás comentan sobre ella. La letra repite situaciones donde distintos personajes la ven pasar y dicen “ahí va la loba”, generando un juego narrativo fácil de seguir. Se mezcla con diálogos y frases repetitivas que le dan un tono juguetón y participativo. No hay conflicto real: todo funciona como un cuento cantado con humor y ritmo. La estructura es muy repetitiva para que los chicos la memoricen y la canten. En conjunto, es una canción lúdica, pensada más para entretener y jugar que para transmitir un mensaje profundo.

• “Cantar del agua del rio” - Amalia de la Vega: Describe al río como un agua que baja clara y cantando, avanzando sin detenerse por el paisaje. La letra menciona su sonido constante y cómo va recorriendo campos y orillas, como si el propio río “hablara” mientras fluye. Se insiste en que sigue su camino hacia lo lejos, marcando un recorrido continuo y natural. También aparece la idea de que el río acompaña la vida alrededor, siendo parte del día a día del entorno. No hay personajes ni acciones complejas: todo está centrado en ese fluir y en lo que se ve y se escucha. El tono es tranquilo y repetitivo, como el mismo movimiento del agua. La música acompaña de forma suave, reforzando esa sensación de calma. En conjunto, es una canción que describe de manera bastante directa el sonido, el avance y la presencia concreta del río.

• “Las canciones de Natacha” - Pablo Délano: Son tres canciones de cuna sobre una nena que no quiere dormirse. En la primera, la luna y el lucero se enojan porque Natacha sigue despierta y le piden que duerma para que todo vuelva a la calma. En la segunda, aparece la figura de la loba como una amenaza típica para asustarla si no se duerme. En la tercera, el sueño “no viene” y se le pide a un ratoncito que vaya a buscarlo para que Natacha pueda descansar. Las tres canciones giran siempre sobre lo mismo: convencerla de que se duerma usando distintas ideas (la luna, el miedo, el juego). El tono es totalmente infantil, con repeticiones y frases simples pensadas para arrullar. No hay historia compleja, sino pequeñas escenas que se van sumando. Todo está dicho de forma directa, como cuando un adulto intenta dormir a un niño. En conjunto, funciona como una secuencia de canciones para acompañar el momento de ir a dormir.

• “Elogio de la lengua castellana” - Wilson Quintero Quintana: Es una canción/poema que alaba directamente el idioma español mostrando usos concretos en la vida diaria. La letra menciona cómo sirve para expresar amor, escribir, cantar, rezar y comunicarse en distintos contextos. También resalta su riqueza de palabras y su capacidad para adaptarse a distintas situaciones, desde lo cotidiano hasta lo artístico. Se hace énfasis en que es una lengua compartida por muchos pueblos, lo que la vuelve un elemento de unión cultural. El tono es claro y afirmativo, sin metáforas complicadas, centrado en destacar su valor. No cuenta una historia, sino que enumera y ejemplifica para defender la importancia del castellano. En conjunto, muestra que el idioma es una herramienta completa para expresar cualquier emoción o idea.

• “Por los Caminitos” - Matilde Salvador: Es una canción infantil que musicaliza el poema de Juana de Ibarbourou con una estructura para voz y piano que respeta la letra de forma íntegra. Describe a un niño (o personaje) que va caminando por distintos caminos mientras se va encontrando con elementos del entorno. La letra va nombrando esos recorridos y lo que aparece en ellos, como parte de un paseo simple y cotidiano. Predomina la repetición de frases y estructuras, lo que la hace fácil de seguir y memorizar. No hay una historia compleja ni conflicto: todo gira en torno al recorrido y a lo que se ve en el camino. El tono es alegre y ligero, pensado para acompañar el movimiento y el juego. La música refuerza ese carácter con un ritmo sencillo y dinámico. En conjunto, funciona como una canción de paseo, centrada en la acción de caminar y observar.

• “La enredadera” - Benaiah: Presenta a la enredadera como una metáfora de una mujer que se va “enroscando” en la vida de alguien hasta atraparlo emocionalmente. La letra describe cómo esa figura aparece, atrae y termina generando una especie de dependencia o dificultad para alejarse. Se repite la idea de quedar enganchado por su forma de ser, su presencia o su encanto, mostrando más una situación que una historia compleja. No hay desarrollo narrativo amplio, sino una escena que se reitera: encuentro, atracción y enredo. El tono mezcla lo romántico con una advertencia, porque lo que atrae también termina complicando. La música acompaña con un ritmo marcado que refuerza esa sensación de insistencia y repetición. En conjunto, la canción usa la imagen de la enredadera para hablar de relaciones que atrapan y de las emociones que eso genera.

• “La higuera” - Malva Bengua: Esta interpretación musicaliza el poema más emblemático de Ibarbourou, respetando su estructura lírica para resaltar la belleza de lo cotidiano. La relación es de una fidelidad absoluta, donde la voz de Bengua se funde con los versos de la autora uruguaya para dar vida a la confesión íntima frente al árbol. La música utiliza una instrumentación mínima que permite que la carga emocional y el mensaje de empatía de Juana lleguen sin interferencias al oyente. Se evita cualquier adorno innecesario, manteniendo ese tono de charla privada y sensibilidad mística que define la obra original de la poeta. Al final, la pieza funciona como un tributo que traslada la fuerza de la naturaleza del papel a la canción con una honestidad brutal. Es un encuentro genuino que preserva la esencia humana y la ternura de Ibarbourou sin caer en pretensiones académicas.

• “La Señora Luna” - Marina Tafur: Es una canción de cuna que cuenta que la luna quiere casarse y le pide a un naranjo un vestido verde y un velo blanco para su boda. Se menciona que se va a casar con un pajesito de la casa real, armando una pequeña historia simple y fantasiosa. Luego la canción cambia a la situación de Natacha, a quien le dicen que se duerma porque va a ir a esa boda, peinada y vestida para la ocasión. Toda la letra gira en esa idea: la luna como personaje que se prepara para casarse y la invitación a dormir para poder asistir. Es corta, repetitiva y muy directa, pensada para arrullar. No hay conflicto ni desarrollo, solo esa escena imaginada y el pedido de que la niña se duerma. El tono es suave y tranquilo, típico de canción de cuna. En conjunto, funciona como una nana que mezcla fantasía (la boda de la luna) con la acción concreta de hacer dormir a un niño.

• “Despecho” - Dolores Solá: Es una canción que habla de una ruptura amorosa desde el enojo y la decepción. La letra expresa directamente el resentimiento hacia la otra persona, recordando lo vivido, pero marcando el daño causado. Aparecen frases de reproche y una actitud de distancia, donde la voz decide no seguir enganchada en esa relación. No es triste en forma pasiva, sino más bien firme y hasta irónica en algunos momentos. La canción se centra en ese momento posterior a la separación, cuando predominan el orgullo y la bronca. La interpretación refuerza ese carácter con intensidad y cierta teatralidad. En conjunto, es un tema sobre el desamor visto desde el despecho y la necesidad de cortar definitivamente.

 

 

Fuente:

 

• Emigracion.xunta.gal

 


 

















 

 





















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