Pannonica Rothschild: La Baronesa del Jazz
Creció en un castillo con las cortinas cerradas para proteger las obras de arte. Fue hija de una de las más poderosas familias de banqueros de mundo, pero según contaba ese revestimiento de maderas mataron el ruido, incluso el de los niños. Su padre le puso Pannonica que era el nombre de una mariposa. Su nombre la define.
La escena es un club oscuro y lleno de humo en Greenwich Village, Nueva York, en 1958. En el escenario, un cuarteto está tocando. Todos fuman y beben; son los años 50 y los cigarrillos y el alcohol son de rigor. Es la música la que no es del todo aceptable: ese Jazz y los hombres que lo tocan. Son músicos negros en los inicios del movimiento por los derechos civiles. Muchos de ellos son conocidos consumidores de drogas.
Un murmullo recorre la multitud y los músicos saludan a la recién llegada. “Hola, Nica”, gritan, “Hola, Baronesa”. La mujer a la que se dirigen lleva un abrigo de piel de leopardo y tiene aires patricios. Lleva el nombre de Baronesa Pannonica Rothschild de Koenigswarter. Es aristocrática y blanca, y es la mecenas y protectora de los músicos de Jazz.
Su razón de ser era por y para este género de música libre, en la que tomó el papel de mecenas al proteger bajo su influencia a decenas de artistas, entre los que se encuentra Thelonious Monk, uno de los mejores músicos de su época y fundador del Bebop, con quien mantuvo una intensa y larga relación.
A Kathleen Annie Pannonica Rothschild de Koenigswarter (Londres, 1913-1988), conocida como “Nica”, se la reconoce como una figura esencial dentro de la escena cultural revolucionaria de Nueva York en la década de 1950. Su nombre, de hecho, suena en más de veinte canciones de Jazz de distintos artistas, como “Nica’s Dream”, de Horace Silver, o “Pannonica”, de Monk, estuvo a punto de entrar en la cárcel por defender a Monk que llevaba marihuana e hizo de ella misma en la película sobre el músico que dirigió Clint Eastwood.
Hija del banquero y empedernido entomólogo Nathaniel Charles Rothschild –conocido por elaborar la lista Rothschild, donde recogió los lugares adecuados para localizar reservas naturales en Gran Bretaña–, creció con el nombre de una especie de polilla que él mismo descubrió, y se crio entre flores y mariposas con una banda sonora de Jazz de fondo.
A los 22 años conoció a su marido Jules de Koenigswater, un rico heredero, diplomático y banquero francés, cuya boda apareció en la sección de sociedad de The New York Times. Los baroneses de Koenigswarter vivían en París entre fiestas y conciertos, pero su existencia de lujo y diversión finalizó abruptamente al llegar los nazis en 1939 a la capital francesa.
Judíos y muy ricos, decidieron no dar la espalda a la justicia, por lo que, en vez de huir y refugiarse como el resto de su entorno, se presentaron para formar parte de la Resistencia francesa. Jules fue destinado al frente africano y Nica, aunque al principio no fuera bien recibida por su origen noble y su circunstancia como mujer, trabajó como descodificadora, enfermera, locutora de radio y hasta conductora.
Al terminar la guerra, el general y presidente del gobierno entre 1944 y 1946, Charles de Gaulle, les condecoró como héroes de Francia y les regaló destinos de lujo en distintas embajadas como las de Noruega, Oslo y México.
La vuelta a la realidad impactó en el espíritu inconformista de Nica, quien se negó a seguir la línea de vida tranquila de su marido y a limitar su propio papel como madre de ya cinco hijos. Gracias al enlace de su hermano Víctor con Churchill y Roosevelt, sus estanterías se llenaron de nuevo de vinilos de jazz y conoció a Teddy Wilson –un gran pianista de Jazz–, que fue quien le presentó al panorama de dicho género musical en Nueva York.
Así nació la “Baronesa del Jazz”. La suite del hotel Stan Hope se convirtió en uno de los mejores clubes de Jazz de la ciudad, a la que cada noche asistían decenas de músicos, como Jackson Pollock, Willem Kooning o Monk, quienes se convirtieron en los más habituales y los que trajeron a aún más artistas. Las malas lenguas de la sociedad empezaron a hablar al ver a una de las mujeres más ilustres de la mano de artistas afroamericanos, hasta que un día estos chismes estallaron a la prensa.
Fue Monk quien la convenció de dejar la vida de hotel y comprarse una casa de dos plantas en Weehawken, Nueva Jersey, construida originalmente para el director de cine Josef von Sternberg. La casa tenía una vista fabulosa del centro de Manhattan, justo al otro lado del río Hudson; Monk solía pararse junto al gran ventanal, dirigiendo una orquesta invisible.
El lugar pronto se apodó “La Casa del Gato”, por los gatos geniales del Jazz que se alojaban allí y los aproximadamente 120 felinos que vagaban libremente.
En 1955, Charlie “Bird” Parker, enfermo, arruinado y desesperado, se refugió en la suite de Nica en el Stanhope. Nica intentó ayudarlo, pero años de drogadicción y alcoholismo finalmente le pasaron factura. El médico que lo declaró muerto estimó su edad en “unos 54 años”, cuando en realidad tenía 34. Esto tuvo poca importancia para la prensa sensacionalista, cuyos titulares gritaban “El pájaro en el tocador de la baronesa” y “El rey del bop muere en el piso de la heredera”.
Su muerte causó el rechazo total por parte de la sociedad y de su propia familia. Divorciada y sometida a un exilio social, Nica aprovechó la oportunidad y pudo ser libre para dedicarse de pleno a su siguiente proyecto y amor, Thelonious Monk.
Él fue el músico que brillaba sobre todos los demás, creador del Bepop, un drogadicto bastante bipolar. Su relación se alargó 28 años en el tiempo, la cual compartieron con la mujer de toda la vida del cantante, Nelly. Este trío poco convencional y truculento, giró completamente entorno al artista, ya que sus dos mujeres se centraron en cuidar de él y de su carrera musical.
El afán de Nica por dar cobijo y protección a todos aquellos músicos relevantes para ella, la llevó a tener muchos problemas con la autoridad. Su contratiempo más grave fue cuando la expulsaron del país parcialmente al proteger a su actual pareja, al cargar con las culpas de portar marihuana. Sin embargo, su adicción obligó a Monk a retirarse en 1973, lo que desembocó en su fallecimiento en 1982 tras un luto de nueve años sin hablar.
Tras la muerte de Monk, Nica se empezó a apagar y finalmente en 1988, rota de amor, falleció mientras le realizaban una intervención rutinaria. 48 horas después, el río Hudson se tiñó de naranja por las velas que llevaron decenas de músicos que Nica había tomado bajo sus alas y al son de sus canciones de libertad, Nueva York se despidió de la polilla que había hecho volar al Jazz.
Fuentes:
• Jessicazafra2021.substack.com








































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