Biodanza (Chile)


La danza es un movimiento profundo que nace en lo íntimo de nuestro ser antes de que se convierta en un espectáculo. Danzar es sumir en nosotros el movimiento de nuestra propia manera de ser en el mundo. La Biodanza es un sistema de crecimiento personal creado por Rolando Toro, psicólogo y antropólogo chileno, hace más de cuatro décadas, inspirándose en fuentes antropológicas.

Rolando Mario Toro Araneda
Rolando Toro buscó en la historia de las culturas los antecedentes antropológicos de la Biodanza. Estos ritos integradores expresan la organización cósmica de una manera nutritiva en los movimientos circulares y en espiral. Intuitivamente el hombre sintió que la circularidad le era muy natural. Hoy sabemos que el movimiento del universo es circular. Al mirar las estrellas, la Vía Láctea tiene forma de espiral. La circularidad parece ser la constante y cada vez que uno participa en un rito circular, está repitiendo una organización mayor. Entonces, en la medida en que cada uno se integra a esta organización mediante un acto vivencial, se renueva la vivencia. La vivencia se instala en un espacio anterior a la conciencia, sucede en un espacio que no es limitado por el lenguaje ni la cultura. Es en ese espacio donde uno se encuentra a sí mismo, tratando de visualizar nuestra realidad interna. Los fundamentos teóricos de la Biodanza provienen de la biología, entendiendo que lo psíquico no es más que otro aspecto de una misma realidad. La Biodanza tiene como objetivo principal la integración del ser humano en relación a sí mismo, a sus semejantes y a su entorno. La técnica consistía en la inducción de vivencias integradoras a través de la música, el movimiento y la voz en un contexto grupal. Su nombre proviene de la unión del prefijo “bios” (vida) y la palabra danza (en su acepción original: movimiento organizado y pleno de sentido), rescatando así la imagen del movimiento implícito en todo lo viviente: “la Biodanza es la danza de la vida”. Su aspecto práctico consiste en una combinación de ejercicios y música que está organizada a partir de un modelo teórico-práctico. Los ejercicios, individuales y de interacción, están diseñados para estimular los aspectos saludables de cada persona, permitiéndole restablecer paulatinamente la armonía natural de su organismo, mejorar la comunicación con sus semejantes y recuperar los vínculos originales con la naturaleza. 

Las músicas son seleccionadas e investigadas según criterios de semántica musical y sólo se utilizan aquellas capaces de deflagrar emociones integradas al movimiento. La Biodanza colabora con el aprendizaje y desarrollo de funciones vitales que son las vías de expresión de nuestros potenciales genéticos. La Biodanza trabaja con cinco vivencias que van en sinergia: Vitalidad (la alegría de vivir); Creatividad (capacidad de expresión); Afectividad (capacidad de socializar); Sexualidad (capacidad de realizar las cosas con amor y placer); y Trascendencia (fusión cuerpo-mente). La práctica regular de la Biodanza favorece la recuperación de la armonía biológica, mejorando con índices de autorregulación del organismo (regulación homeostática) y, optimizando de ese modo, tanto las funciones ergo-trópicas (capacidad de trabajo, lucha y respuesta al medio), así como trofo-trópicas (nutrición y descanso). El sistema de Biodanza estimula la expresión espontánea, logrando una mayor coherencia en la manifestación de los deseos y motivaciones internas mediante la gestualidad y el movimiento. Esta integración permite experimentar nuevas actitudes y comportamientos que brindan una apertura a la alegría y al placer de estar vivos. La sistematización de su metodología con relación a un modelo teórico-práctico, permite su aplicación tanto en grupos específicos (niños, adolescentes, adultos y tercera edad) como heterogéneos. También es posible aplicarlo, mediante esquemas diferenciados, en trastornos motores, enfermedades psicosomáticas y otros cuadros clínicos, así como en el área de educación y profilaxis. 

El sistema Biodanza posee una sólida fundamentación científica y un modelo teórico propio, fruto de varias décadas de investigación permanente. La Biodanza no es una “alternativa” ni se apoya en nociones esotéricas. Actualmente, se considera a la Biodanza como una extensión de las ciencias de la vida (biología, medicina, psicología). Además de mejorar el nivel de salud en general, la Biodanza facilita el acceso a una renovación existencial, a una nueva percepción de la vida. El sistema de Biodanza nació a principios de la década del 60, en la ciudad de Santiago (Chile). Su aparición fue convergente con una corriente de renovación de los abordajes terapéuticos surgida en ese entonces, que revalorizaba el papel de la expresión de emociones a través de la corporeidad en los procesos de integración de la identidad. Algunos años después de iniciar su aplicación en Chile, su creador se trasladó a Buenos Aires, donde se radicó durante un tiempo, dedicándose exhaustivamente al perfeccionamiento teórico y metodológico del mismo. A finales de la década del 70, Toro inició la difusión de este sistema hacia el resto de Latinoamérica logrando, especialmente en Brasil, una extraordinaria recepción. En la década del 80 continuó con la difusión de su obra por el continente europeo. Actualmente, la Biodanza cuenta con unas cuantas escuelas de formación docente, respaldadas económicamente por la International Biocentric Foundation, distribuidas por todo el mundo en países como: Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Bélgica, Suiza, Sudáfrica, Italia, España, Francia, Austria, Inglaterra y Alemania. Quienes han probado la Biodanza dirán que han ganado fuerza interior y autoestima. Esa era la principal fuerza de la Biodanza: facilitar el desarrollo potencial de cada persona. Dejándose llevar por la música y realizando ciertos movimientos con libertad, el practicante se siente vital, creativo, equilibrado, fuerte.
























































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