Personajes: Carola Cutaia

 


Fue una de las primeras y pocas mujeres que hicieron rock y del pesado. Además, sus letras dibujaban los submundos paralelos del hombre, el costado oscuro de la mente. Grabó en 1973 un long play, "Damas negras", y, tan misteriosamente como sus poemas, desapareció. Respondió todos los porqués y los cómos agazapándose en su propio pasado y el ocultismo para resguardarse de los reflejos de lo cotidiano. Habló, pausada y reticentemente, de ese universo profundo que guía sus melodías y, especialmente, sus letras. Ahora retorna con su esoterismo para presentarse antes de fin de año y para develar algo del hermetismo de su personalidad. Por eso, lo que dijo debe interpretarse como el complemento de lo que silenció.

-¿Qué pasó con vos desde "Damas negras" y su ocultismo?

-Lo dejé en banda. No tuve la suficiente perseverancia como para sacarlo adelante y hacer recitales, dar a conocer a la gente lo que estaba haciendo. Lo grabé y no hice más nada con ese long play porque me traía demasiadas exigencias y complicaciones, me resultaba muy difícil. Un día, en que éramos trío, nos quedábamos sin el baterista y así siempre. Me sentí saturada de esa situación y me dije: "Fundamentalmente hago esto para crecer y sentirme bien, pero si esto resulta ser una cosa demasiado exigente, que me demanda un esfuerzo tan grande que cuando llego a hacerlo no tengo ningún tipo de placer, prefiero dejarlo y buscar otro momento, crecer, darme cuenta qué es lo que no sé manejar bien". Por

qué cada vez que me reúno con un músico me dice: "Esto está bien pero pienso que si lo hacemos en quince por cincuenta y cuatro sonaríamos mejor", pero lo que puedo hacer es esto, estoy en esta frecuencia, en este lugar, y puedo hacer esto. Quiero partir de allí porque es la iónica manera que voy a poder crecer, de otra manera no.

-¿Cómo fue tu experiencia en las comedias musicales?

-Después vino un momento totalmente retrospectivo: volví a mí misma, a mi casa, a mis cosas cotidianas, a mis hijos, tuve otro hijo. En ese momento, me acerqué a toda la corriente religiosa hindú, conocí un montón de gente que estaba en eso. Es decir, fue un proceso interior, no de frutos externos. En ese momento me dije: "No grabaré ningún otro long play, ni escribiré ninguna otra poesía". Traté de clarificarme a mí misma qué es lo que quiero y lo que no quiero, con qué estoy o no de acuerdo. En un principio, el "flower power" o cuando comenzó el movimiento, que yo tenía 20 años, fue una cosa tan explosiva en que todo era válido, que todos éramos jóvenes y estábamos entregados. Luego empecé a trabajar en las comedias musicales, lisa y llanamente, porque necesitaba hacerlo. Se me presentó la oportunidad de trabajar con Tato Bores, que es una persona que me parece realmente muy simpática, con la que se está muy bien. Dentro del espectro de las cosas que ofrece la sociedad las comedias musicales eran lo que más me gustaba: estar en un escenario, cantar, bailar, decir, actuar. Como todavía no tenía mis cosas muy seguras ni desarrolladas, me dediqué a eso, pese a que en ese tiempo seguí componiendo o sea que todo este material que incorporo a C.C. Cutaia proviene de hace muchos años, desde que terminé de hacer "Damas negras". Vinieron una serie de comedias musicales: en el Maipo, y ahora en "Chicago".

-¿Qué es lo que rescatas de esas comedias musicales?

Mucho fogueo porque, cuando hago lo mío —que serían música, la poesía y lo demás—, me vuelvo excesivamente idealista y me cuesta manejarme más prácticamente. Y es ahí cuando las cosas comienzan a derrumbarse y no sé cómo hacer para organizarías. Esto es más complicado, no sé si conviene que lo diga así. Lo que te quiero explicar es lo siguiente: las comedias musicales me dieron una experiencia de trabajo que la pienso aprovechar en esto que voy a hacer. El estar todas las noches ante quien sea y respetar a esa persona y darle lo que vos tenés para darle ese día, es un ejercicio interior maravilloso. De todos modos, no quiero hacer espectáculos, pienso hacer solamente música porque, como he trabajado en el espectáculo, sé lo complicado que es montarlo, que cada persona se tiene que ocupar de cada cosa y que uno no se puede-ocupar de todo. Lo que quiero es, simplemente, cantar mis canciones, mi música.

-¿El espectáculo es particularmente difícil para la mujer?

-No, al contrario. Tenemos facilidades por un lado y dificultades por otro. En el rock hay menos instrumentistas mujeres pero hay muchas cantantes y poetisas, desde que comenzó. Me puede gustar más una que otra pero todas son más o menos rescatables.

-¿A quién rescatás?

-Para mí, Janis Joplin fue una heroína maravillosa. Y actualmente Joni Mitchell tiene un mundo muy sutil, muy hermoso, muy femenino, muy desarrollado y muy musical realmente me gusta. Una cantante que me parece divina es la que está en "El sombrero loco", Gayle Moran. Es una soprano hermosísima y totalmente integrada a una onda musical nueva, que no tiene una temática clásica. Puede ajustar un timbre totalmente lírico a una cosa actual que está dentro del rock, pero del rock amplio.

-¿Tu postura ocultista sigue siendo actual?

-Sí, sigue siendo actual. Es, tal vez, mi base científica. Para poder fantasear mejor, para poder volar mejor, tengo mis dos pies, tengo mi apoyo, en eso.

-¿Qué es eso?

-Eso es mi estudio constante, que nunca paró. Paró mi actuación, digamos, más comercial de la cosa pero seguí trabajando y estudiando siempre. Mis poesías son como formas de aprehensión de la realidad que voy descubriendo. Uno crece y, a medida que crece, el mundo va cambiando alrededor tuyo. La vida es una constante metamorfosis. Entonces, cada una de esas expansiones, que son cada una de las poesías que logro dar forma y delimitar, son maneras de expresión que nunca para.

-¿Qué es la esencia en la que apoyás tus dos pies?

-La esencia es, en ciertas partes, científica y, en otras, cuestión de fe, de creer.

-¿La ciencia y la fe están enfrentadas en tu esquema?

-Son como mis dos pies, exactamente. Si me quedara parada sobre un solo pie no pienso que durara mucho tiempo, además no podría ni caminar y por el momento no vuelo.

-¿Querés mostrar el camino que siguen tus dos pies a través de tus canciones?

-Claro, yo muestro el camino por el que yo vivo, no anecdóticamente. Pueden aparecer ciertos visos anecdóticos pero no es fundamental en mis poesías, sin desvalorizarlos en lo más mínimo, no es mi línea.

-¿Tu línea es filosófica?

-Claro.

-¿Cuál es la meta de esa filosofía?

-Es crecer. Los obstáculos te ayudan a crecer porque si vos querés ir a determinado lugar y hacer determinada cosa, y tenés a alguien que te empuja, vos tenés que hacer más fuerza. Si bien los espectáculos son embromados cuando son extremadamente obstaculizantes, son positivos. Yo busco porque quiero buscar y aprovechar lo más posible mi vida pero la meta es en sí misma.

-Eso mismo es lo que vas a aplicar al nuevo grupo, pero ¿qué es C.C. Cutaia?

-C.C. Cutaia es una célula musical que puede formar equis cuerpos. Es algo que empieza en este momento pero nos queremos poner pautas no muy largas para que aflore con más fluidez lo que queremos hacer con Carlos. La composición es de los dos, las letras, básicamente las escribo yo y las orquestaciones, las armonías, los arreglos los hace Carlos. Lógicamente, conversamos todo, muchas veces él me propone ideas y hablamos de cosas para que yo termine la poesía. Pero tenemos delimitados nuestros campos. En este mes queremos hacer una presentación en vivo. El grupo va a ser un cuarteto y músicos invitados, porque el espectro musical es amplio: hay temas que son canciones, otros son larguísimos con muchas partes instrumentales, ,hay algunos blues. Con respecto a "Damas negras", ahora tengo más experiencia, mucha más. Lo tengo que hacer, pero también lo voy viviendo a medida que lo voy haciendo. Es la única manera.

 

Revista Pelo Nº 103

Noviembre 1978
























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