Literatura y Música - Oliverio Girondo en canciones
Lo llamaron Octavio José Oliverio Girondo, pero para todos sería nada más que Oliverio Girondo. Nació en Buenos Aires, el 17 de agosto de 1891. El buen pasar de su familia le permitió conocer Europa a temprana edad, donde vivió y estudió algunos años en Inglaterra y Francia. Allí conoció y estrechó lazos literarios y amistosos con poetas y artistas que lo introdujeron en los diversos círculos de las corrientes estéticas emergentes, como el surrealismo. Su conocimiento de los movimientos artísticos de vanguardia europeos lo llevó a investigar un estilo que revolucionaría la literatura argentina.
Girondo se recibió de abogado, pero nunca ejerció. Entre 1920 y 1921 siguió recorriendo España, Francia, Italia, el norte de África y Brasil. El resultado de esos viajes se vio impreso en “Veinte poemas para ser leídos en el tranvía”, su primer poemario, editado en 1922 con ilustraciones del propio Girondo.
La aparición de este libro, un año antes que “Fervor de Buenos Aires”, el primer libro de poesía de Borges, lo posicionó como representantes de la vanguardia porteña de esa época. Ambos escritores –junto con Evar Méndez, Samuel Glusberg, Jacobo Fijman, Xul Solar, Leopoldo Marechal, Raúl González Tuñón y Macedonio Fernández–, se reunirían en torno de las revistas “Proa” (1922) y “Martín Fierro” (1924–1927) y serían conocidos como los integrantes del “Grupo de Florida”, caracterizado por su estética elitista y vanguardista, por reunirse en la Confitería Richmond y por su antagonismo con el “Grupo Boedo” , de impronta más social y que priorizaba más el contenido que la forma.
Girondo codirigió con Evar Méndez la revista “Martín Fierro” y escribió su “Manifiesto”, publicado en el cuarto número, el 15 de mayo de 1924:
“Frente a la impermeabilidad hipopotámica del honorable público. Frente a la funeraria solemnidad del historiador y del catedrático que momifica cuanto toca.... Martín Fierro sabe que todo es nuevo bajo el sol, si todo se mira con unas pupilas actuales y se expresa con un acento contemporáneo”.
Girondo murió en la ciudad de Buenos Aires, el 24 de enero de 1967, a los 75 años.
La obra de Girondo no quedó encerrada en los libros, sino que mutó en infinitas formas sonoras. Desde el Tango arrabalero hasta la electrónica más disruptiva, los músicos encontraron en sus neologismos y su ritmo interno una fuente inagotable de experimentación. Estas canciones no son simples homenajes, sino una continuación del espíritu irreverente de Oliverio que sigue desafiando los límites del lenguaje. A continuación, exploraremos cómo distintos artistas lograron traducir ese universo visual y táctil en piezas musicales únicas y sorprendentes. A través de este recorrido sonoro, queda claro que la poesía de Girondo tiene la capacidad de seguir naciendo cada vez que alguien se atreve a cantarla.
• “Gratitud” - Coro UNED y Camerata Ultreia: Esta pieza musicaliza el poema homónimo de Oliverio Girondo logrando una unión perfecta entre la palabra vanguardista y la melodía. La composición de Maronna respeta la esencia existencial del texto que celebra la gratitud por la vida y los sentidos corporales. El resumen del poema describe el agradecimiento profundo por funciones tan básicas como ver oír y respirar en este mundo. La música acompaña con suavidad la enumeración de bendiciones cotidianas que el poeta destaca para combatir la apatía del alma. A través de una interpretación sentida se exalta el asombro ante la propia existencia y el privilegio de estar simplemente presentes. Es un homenaje a la capacidad de sentir y agradecer cada detalle del cuerpo y del entorno natural que nos rodea siempre.
• “Arena/La lluvia” - Bardo Enxebre: Es una musicalización de poemas de Girondo, centrada en su imaginería sensorial y fragmentaria. La canción traslada al plano sonoro el lenguaje corporal y matérico del poeta, donde arena y lluvia funcionan como fuerzas opuestas y complementarias. La música acompaña el ritmo irregular y la intensidad de las imágenes girondianas sin domesticarlas. El clima es introspectivo pero físico, casi táctil, como en la poesía original. La obra busca respetar la extrañeza y la energía experimental propia de Girondo, más que narrar una historia lineal.
• “Mi Lumía” - Luis Sardo: La pieza se sostiene exclusivamente sobre un piano que dialoga con la voz para interpretar el poema de Girondo. Es una ejecución cruda y minimalista donde cada nota del piano subraya la extrañeza del lenguaje inventado por el poeta. No hay arreglos ni distracciones; la fuerza de la obra reside en la desnudez de ese instrumento y la interpretación vocal. Ese piano solo logra crear la atmósfera perfecta de intimidad y vanguardia que requiere “Mi Lumía” sin necesidad de nada más.
• “Rada Anímica” - Lautaro M. Lastra: La canción se construye sobre una base rítmica de percusión y sintetizadores que crean una atmósfera de tensión constante. La voz de Lastra interpreta el poema de Girondo con una cadencia casi hablada, resaltando la extrañeza de las palabras. Los efectos electrónicos y el pulso oscuro del tema refuerzan esa sensación de desorientación propia de la vanguardia literaria. Es una pieza de diseño sonoro moderno que utiliza el ruido y el ritmo para darle una nueva piel a la poesía del autor.
• “Homo” - La Fura Dels Baus: La Fura utiliza una estética industrial y electrónica pesada para darle una violencia sonora a la poesía de Girondo. La pieza es una experimentación ruidista donde la voz procesada se funde con ritmos mecánicos y texturas digitales oscuras. No hay instrumentos tradicionales, sino un despliegue de diseño sonoro que busca incomodar y generar una atmósfera de caos. Esta versión captura la parte más visceral y disruptiva de la vanguardia, convirtiendo el texto en una experiencia auditiva brutal.
• “Kvinner Som Ikke Kan Fly” - K: La pieza de la banda noruega K se sumerge en una atmósfera de ruidismo y electrónica experimental donde la voz queda totalmente fragmentada. Utiliza texturas de “glitch” y procesos digitales que buscan desarmar el lenguaje, tal como hacía Girondo en su poesía. No existe una estructura de canción convencional, sino un paisaje sonoro caótico que refleja la desorientación existencial. Es la propuesta más radical del disco, donde la palabra se convierte en puro sonido procesado y energía abstracta.
• “Poema Nº12” - Omar Cerasuolo: Cerasuolo utiliza su icónica voz de radio para darle al “Poema 12” una cadencia nocturna y misteriosa que es pura marca registrada de su estilo. La interpretación se apoya en un decir pausado y profundo que permite que cada neologismo de Girondo se saboree con una intención casi hipnótica. La música de fondo funciona como un clima ambiental sutil que nunca compite con la palabra, dejando que el relato del deseo sea el protagonista absoluto. Es una pieza que transforma el experimento literario en un momento de intimidad radial, logrando que el juego de verbos suene como una confesión al oído.
• “Aparición Urbana” - Cuarteto Cedrón: El Cuarteto Cedrón le pone el cuerpo al poema con ese sonido de Tango canyengue y reo que los caracteriza desde siempre. La voz del Tata Cedrón arrastra las palabras de Girondo dándole esa mugre porteña y esa melancolía que el texto pide a gritos. Los violines y el bandoneón marcan un ritmo cortado que traduce la caminata por la ciudad y el asombro ante lo que aparece. Es una interpretación visceral que baja la vanguardia de Oliverio al barro de la esquina, convirtiéndola en una Milonga oscura y potente.
• “Chance Forest Interludes: No. 8, Poema 12” - Tony Arnold: Esta obra destaca por una complejidad rítmica que imita la naturaleza selvática y caótica. Tony Arnold utiliza su registro de soprano para navegar las sílabas del “Poema 12”, convirtiendo el juego de palabras de Girondo en un festín de texturas vocales. La música de Sánchez-Gutiérrez es vibrante y llena de contrastes, utilizando la voz como un instrumento de percusión y viento a la vez. Es una pieza de cámara contemporánea que logra capturar el erotismo lúdico del poema a través de una estructura sonora fragmentada y brillante.
• “Se Miran, Se Presienten, Se Desean” - Gian Franco Pagliaro: Pagliaro utiliza su voz profunda de barítono para recitar el “Poema 12” sobre un colchón musical de cuerdas cargado de dramatismo romántico. Su interpretación transforma el juego de palabras surrealista de Girondo en una narración erótica y pausada que enfatiza cada uno de los verbos inventados. La pieza logra que la vanguardia literaria se vuelva accesible y popular gracias al tono de balada existencial característico del estilo de Gian Franco. Es una versión icónica donde la música acompaña el pulso del deseo y la entrega que describe el texto sin quitarle protagonismo a la palabra.
• “Puedes Juntar las Manos” - Hernán Gutiérrez: La canción se construye sobre una guitarra acústica con un rasguido sutil que le da un aire de zamba o canción de raíz folklórica. Hernán Gutiérrez canta los versos de "Puedes juntar las manos" con una voz suave y melancólica que respeta la pausa y el silencio del poema. La sencillez de la instrumentación permite que la profundidad existencial de las palabras de Girondo sea el centro de toda la pieza. Es una versión que humaniza la vanguardia y la vuelve una canción íntima, despojada de cualquier truco electrónico o adorno innecesario.
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