El día en que Dee Snider humilló al congreso de EEUU
Durante la década de los 80, el
rock se desarrolló fuertemente. Ya no eran solamente guitarras eléctricas,
riffs complejos y los sonidos estridentes de las baterías. Si no que se estaba
volviendo más y más teatral.
Junto con ello, el mensaje de las canciones se ponía cada vez más provocativo y cuando surgió MTV, todo explotó. Había nacido un espacio para que las bandas pudieran verse y presentarse a todo el mundo con un televisor, Sin embargo, la sociedad conservadora de los EEUU no se iba a quedar con los brazos cruzados.
Es aquí cuando los políticos, senadores y figuras públicas intentaron “limpiar” la industria musical aplicando la censura y aquí es donde Dee Snider toma un lugar importante en la historia del Rock and Roll.
Era el verano de 1984 y Twisted Sister, estaba arrasando en todo el mundo. Con el himno adolescente lleno de angustia, “We're not gonna take it”, dominaban las emisoras de radio y televisión, encendiendo la llama de la rebeldía en los corazones y las mentes de la juventud estadounidense. Mientras viajaban en autobús de gira de ciudad en ciudad, dando concierto tras concierto, no imaginaban que los esperaba una guillotina cultural.
Estaban en pleno apogeo de la “Era Reagan”, y los poderes conservadores dominaban los ámbitos político, social y económico. No era lugar para un grupo de rockeros presumidos, malhablados y con la cara pintada, pero, como suele ocurrir, cuando el conservadurismo impera, las artes se inclinan claramente en la dirección opuesta (de ahí el apodo de “La Década de la Decadencia”). Ruidosos y muy orgullosos, era evidente que la situación se dirigía hacia un punto muerto.
La reacción llegó de una forma sorprendente: el Parents Music Resource Center (PMRC). Un nombre bastante inofensivo para un grupo tan subversivo. Liderados por las esposas caricaturescas de destacados senadores demócratas y republicanos, era difícil tomar en serio a estas “esposas de Stepford”. Sin embargo, su misión de sanear la industria musical mediante la clasificación de los discos de Rock atrajo una enorme atención mediática y creó la ilusión de un apoyo público similar. Lejos de ser la “mayoría moral”, esta “minoría abusiva” hizo mucho ruido. Su misión era silenciar a los rockeros indeseables que contaminaban las ondas y las mentes inocentes del país.
Se supone que el foro de una audiencia en el Senado se utiliza para recopilar y analizar información en las primeras etapas de la elaboración de políticas legislativas. Como dijo el presidente del comité, el senador John Danforth (republicano), en sus declaraciones iniciales, “...el motivo de esta audiencia no es promover ninguna legislación”. Aun así, de alguna manera las esposas de algunos políticos bastante prominentes convencieron a sus maridos de que se debía hacer una excepción. Uno solo puede imaginar las “conversaciones íntimas” entre Tipper y Al Gore (demócrata), o Susan y James Baker (republicano) que llevaron a este mal uso de fondos públicos. “Cariño, ¿podrías organizar una pequeña audiencia en el Senado para mí y mis amigos?”
Las audiencias circenses del 19 de septiembre atrajeron a los medios de comunicación, y la atención que generó esta farsa no tenía precedentes. Sin importar la postura de cada uno, parecía que todos (excepto, lamentablemente, la mayoría de los jóvenes aficionados a la música realmente afectados por esta injusticia) querían presenciar este desastre. Y eso fue precisamente lo que fue.
Snider se presentó a la audiencia de la forma a la que nos tiene acostumbrados: campera de jean sin mangas, pantalones chupines, botas de cuero de serpiente, maquillaje de ojos y de nuevo, melena rubia y frondosa. Lo anterior no fue un accidente. Se presentó así a propósito para demostrar lo tan equivocado que estaban los políticos.
Aunque también fueron invitados John Denver y Frank Zappa, que además expusieron de muy buena manera, el que más resaltó fue Snider por el simple hecho de como vestía. Los otros fueron de terno.
Sin embargo, Snider agradeció la oportunidad de demostrarle al PMRC y al subcomité del Senado que no se debe juzgar un libro por su portada de Heavy Metal. Sus reacciones indignadas ante el look de estrella de rock de los 80 y sus mandíbulas caídas cuando procedió a desmantelar cada uno de sus argumentos fueron impagables.
Cuando Snider comenzó a hablar, acabó callando la boca de más de uno, especialmente de Al Gore. El vocalista demostró que, aunque le hubieran juzgado por su aspecto, no era ningún loco sin cabeza, sino que compaginaba su faceta como músico con la de padre de familia sobrio y responsable. Al preguntarle Tipper por las referencias obscenas de “Under the blade”, Dee le explicó que la canción había sido compuesta por el miedo que sintió el guitarrista de la banda antes de una operación de garganta y dejó caer, que toda la indecencia que veía en su música era producto de su propia mente sucia. Según narró el músico años después, la cara de Al Gore al oír esto fue un verdadero poema.
Curiosamente, cuando Al Gore comenzó a interrogar a Zappa y a Denver, cuyas declaraciones fueron contundentes y afiladas, lo primero que les dijo es que era “un gran fan de su música”. Cuando llegó el turno de Snider, antes de que pudiera formular la segunda pregunta, el cantante le preguntó si no iba a decirle, también, lo fan de su música que era, ante lo que todo el mundo estalló en una carcajada.
Snider aguantó, con elegancia e inteligencia todas las embestidas de los políticos hasta llegar al último senador, que le preguntó si no sentía que era irreal pensar que los padres pudieran escuchar todos los álbumes que sus hijos adquirían. La respuesta del cantante fue tan contundente como definitiva, no pensaba que, teniendo en cuenta que como mucho un adolescente se compraba un disco a la semana –o incluso al mes–, fuera un problema dedicar una hora cada siete días para repasar las canciones que sus hijos oían. Aquella asociación de padres tan preocupada no estaba dispuesta a dedicar tiempo real a sus hijos.
Lamentablemente, las consecuencias del desastre fueron incluso peores de lo que se temía. El derecho constitucional a la libertad de expresión, amparado por la Primera Enmienda, se vio vulnerado, pero el comprador promedio de discos se mostró indiferente. El comentario más común sobre la pegatina fue: “¡Ahora ya sabemos qué discos comprar!”. El consumidor de música simplemente no comprendía cómo esa pegatina se usaría en su contra. (Y, efectivamente, se usó en su contra).
Aunque estaba seguro de que la etiqueta se usaría para segregar y limitar el acceso del público general a ciertas grabaciones, y que algunas tiendas llegarían incluso a no vender álbumes con la advertencia, Snider no esperaba que algunas de las cadenas más grandes fueran un paso más allá. Obligaron a los fabricantes a producir versiones alternativas y censuradas de los álbumes, específicamente para sus tiendas. El comprador promedio de discos, ya sea adulto o joven (e incluso los padres que los compraban para sus hijos pequeños), no tenía ni idea de que el álbum que compraba en Walmart tenía contenido censurado o eliminado por completo. La etiqueta en los productos grabados no le daba al comprador la información necesaria para tomar una decisión informada, sino que se usaba para decidir por él qué podía o no podía escuchar. Esta es la naturaleza subversiva del ultraconservadurismo. Si no pueden manipularte abiertamente (mediante la aprobación de leyes, regulaciones o restricciones), lo harán sin que te des cuenta.
Recuerdo que cuando mi banda Widowmaker iba a lanzar su primer CD en 1992, me dijeron que, debido a su “contenido lírico ofensivo”, mi disco llevaría la advertencia para padres. Cuando le dije a mi compañía discográfica que, dado que se trataba de una acción “voluntaria”, no quería que mi álbum llevara la pegatina, me informaron secamente que no tenía opción; ellos ponían pegatinas en sus discos y, si quería que mi CD saliera a la venta, llevaría la advertencia. Para colmo, en un intento por ahorrar tiempo y dinero, las compañías discográficas pasaron de poner las pegatinas en la caja del CD a incorporarlas directamente en la portada del álbum. Daba igual si la portada de tu álbum era la Mona Lisa, la pegatina de advertencia se convertía ahora en parte física de tu obra.
Treinta años después, todo y nada ha cambiado. Los ultraconservadores siguen empeñados en dictar a las masas lo que consideran aceptable para el público en general. La industria discográfica es solo una sombra de lo que fue (un merecido castigo por su cobardía), y los CD y los discos de vinilo casi se han convertido en rarezas en un mundo dominado por las descargas. Sin embargo, las advertencias siguen apareciendo en las listas de canciones y álbumes en línea.
“We're not gonna take it” de Twisted Sister, una de las legendarias “Fifthy Fifteen” del PMRC, se ha convertido en una canción política de referencia, un himno rockero adorado por jóvenes y mayores por igual, y, en un giro irónico, fue cantada por una organización femenina similar al PMRC en la película “Rock of Ages”, donde el “rockero malvado” (interpretado por Tom Cruise) la canta. ¡Quién lo diría!
Que quede claro: si la amenaza de la censura gubernamental vuelve a asomar su fea y perfectamente peinada cabeza, estoy listo, dispuesto y capacitado para arrastrar mi desaliñada melena de vuelta a la batalla.
Dee Snider sigue creando, cantando, actuando y escribiendo. Su podcast, “Snider Comments”, y su programa de radio semanal, “House of Hair”, se emiten a nivel nacional. Vive en Las Vegas con su esposa Suzette, cerca de sus cuatro hijos adultos y sus tres maravillosos nietos.
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