Tocá che Negro Rada (Uruguay)
El cantante, compositor y percusionista uruguayo recorrió un periplo que lo llevó del Carnaval a la fusión progresiva del Candombe Beat, con El Kinto, Tótem, Opa y su carrera solista. En sus últimos años explotó su faceta más popular, abrazando la Plena y otros ritmos bailables, y abriéndose a colaboraciones con nuevas generaciones.
Porque el “Negro” Rada, como se lo conocía, había comenzado como muchos niños tocando tambores en las calles, como relató en “Candombe para Gardel”: “Los muchachos de la barra callejera / que sentimos el candombe bien de bien / nos sentamos a cantar en la vereda / con tambores, algún tango de Gardel / Y una muchacha que pasaba / relojeando el tamboril / suavemente me decía / ¡Qué calor hace en abril!”.
Fue el más popular de los músicos uruguayos, un embajador del Candombe a nivel mundial.
A los 10 años ya integraba la comparsa de negros y lubolos Morenada, donde apareció su primer seudónimo: Zapatito, porque ya en ese entonces calzaba 43.
Continuó su aproximación a las expresiones de la cultura nacional, incursionando en la murga La Nueva Milonga a los 15 años, mientras que simultáneamente cantaba en la orquesta tropical candombera Cubanacán de Pedro Ferreira. Poco después, a los 17, ocupó por primera vez un rol protagónico sobre el escenario y llegó un nuevo seudónimo: Richie Silver, fue el frontman de la banda de jazz Los hot blowers. Los hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso, futuros integrantes de Los Shakers (“los Beatles uruguayos”) lo descubrieron en el Hot Club de Montevideo y lo sumaron a su grupo The Hot Blowers, en sus primeros pasos de fusión entre la música de raíz afroestadounidense como el Jazz y la tradición afro del Río de la Plata.
De ahí saltó a El Kinto, compartiendo las voces con Eduardo Mateo, la leyenda del Rock uruguayo: un proyecto que duró tres años, dejó un solo disco recopilatorio publicado años después, “Circa 1968”, y otras grabaciones dispersas.
Con Tótem profundizó esa búsqueda, profundizando en la figura musical de lo que Rada significó para varias generaciones. Uno de los proyectos que quedarán inconclusos son los shows de “Rada canta Tótem”, previstos para el 10 y 11 de octubre en la sala Eduardo Fabini del Auditorio Nacional del Sodre.
Allí iba a reencontrarse con el bajista Daniel “Lobito” Lagarde (el último fundador vivo) para homenajear las canciones de una de las bandas fundamentales de la música uruguaya. Las entradas para ambos conciertos estaban cerca de agotarse.
En 1977 se sumó a la banda Opa para su segundo disco, “Magic Time”: los hermanos Fattoruso (ya ex Shakers) lo reclutaron para ese proyecto de Jazz Rock sudamericano y progresivo, junto a Hugo “Ringo” Thielmann, también ex The Hot Blowers.
Entre medio de todos estos proyectos había grabado dos discos solistas, carrera que retomó definitivamente a partir de los 80, sin abandonar colaboraciones y reuniones con ex compañeros. El álbum “En familia”, de 1982 (con Osvaldo Fattoruso en la batería) incluyó el hit “Blumana”: un tema sobre tiempos dictatoriales que se convirtió en marcas personal.
Es el que decía: “Siempre en los conciertos / pasan cosas raras / tengo mucho miedo / que venga la mala / Tocá, che negro Rada / tocá, grita la hinchada / tocá y cantá tranquilo / que acá no pasa nada”. También era un emblema de los unísonos descendentes entre la voz y los instrumentos, una marca de su tradición progresiva.
A partir de 1999 comenzó a realizar espectáculos para niños y apareció un nuevo personaje: Rubenrá.
Durante décadas, fue un clásico participar de sus propuestas concebidas para las vacaciones de invierno.
De cara al cambio de milenio inició otro ciclo vital con “Quién va a cantar” (2000), luego de varios años en México. Convocó a Cachorro López, un ex Abuelo de la Nada devenido en productor de éxito, que le impuso una condición: que le entregara las canciones y no apareciera por el estudio, porque temía que la personalidad musical de Rada terminara agregando demasiados elementos.
El álbum marcó un renacimiento comercial y artístico y terminó convirtiéndose en su disco más exitoso. A la canción que le da título, con aire baladístico (y quizás una referencia a Horacio Guarany, en la frase “quién va a pedir que calle el cantor”), sumó el boom bailable y radial de “Cha Cha, Muchacha”.
Y también “Muriendo de Plena”: una comunión con el nuevo ritmo popular del Uruguay (aunque la Plena es de origen centroamericano), y una letra que hoy se resignifica como testamento: “Cuando yo me muera, no quiero llanto ni pena / prefiero que se me vele bailando una rica plena / Y si no me muero, tampoco me hago problema / porque tengo todo el tiempo de bailar hasta que muera”. Y terminaba diciendo: “Porque yo en la vida he sido feliz / y quiero morirme comiendo perdiz”.
En los años siguientes encarnó a su alter ego Richie Silver, retomando su primer seudónimo para cantar en inglés temas como “Flowers in the Night”; repasó clásicos argentinos y uruguayos en “Fan: Pa’los amigos”, registró en portugués “As noites do Rio / Aerolíneas Candombe” (con la participación del Tribalista Carlinhos Brown en “Chão da Mangueira”). Decía que era un homenaje a su madre, Carmen Silva, de origen brasileño.
En esta etapa explotó también su personaje público, lleno de carisma, ocurrencias y frases acertadas, ya conocido por los asistentes a los conciertos, pero expandido a los magazines televisivos; allí mismo donde podía ponerse a cantar haciendo percusión sobre la mesa para explicar el nacimiento de una canción. Ya de grande pudo expresar al niño pícaro que había tocado en las veredas.
Rada tuvo también una sostenida participación en televisión. Como actor cómico integró el elenco de “Telecataplúm” y “El show del mediodía”.
En ficción estuvo en la telenovela argentina “Gasoleros” o la uruguaya de Canal 10 “Porque te quiero así”. Así como su primer programa propio en 1998, llamado “El teléfono”, al que le siguieron “Décadas” y “Es tu sentido”.
Lo más reciente, también producción de Canal 10, fue jurado de “La Voz” y “La Voz Kids”.
También condujo “Radar” en X FM.
Tuvo intención de alejarse de los escenarios en 2008, lo cierto es que duró poco y finalmente fue un impasse, porque, hasta un artista de su talla se vio envuelto en dificultades económicas que le hicieron volver a trabajar y a un ritmo vertiginoso.
Así como las figuras que se interesaban por él y su carrera. Es muy recordada la visita de los Rolling Stones y aquella anécdota compartida en la casa del Lobo Núñez.
Su música quedó plasmada en más de 40 álbumes propios y en colaboración con otros artistas, porque esa energía que Rada encarnó, generaba que muchos quisieran trabajar con él.
Las nuevas generaciones lo tenían claro y así surgieron varias canciones e intercambios, como el que narró cuando lo fue a visitar recientemente desde Buenos Aires, Wos.
La muerte lo sorprendió preparando un disco junto a Los Auténticos Decadentes, un proyecto de ocho canciones que contemplaba cuatro temas registrados por Rada junto a su productor Gustavo Montemurro y otras cuatro composiciones suyas con nuevos arreglos de la banda argentina.
Rada también acababa de poner en marcha “¿Quién va a cantar?”, un ciclo audiovisual de encuentros musicales con artistas de distintas generaciones. La propuesta, estrenada en julio, consistía en recibir invitados para interpretar una canción del repertorio de Rada y otra perteneciente al músico convocado.
El primer encuentro lo reunió con La Vela Puerca (junto con No Te Va Gustar y El Cuarteto de Nos, la más reciente camada de uruguayos que se hicieron fuertes en el mercado argentino), pero el proyecto estaba pensado para continuar con nuevos capítulos. “Ahora estamos buscando más músicos”, había dicho Rada (Jorge Drexler fue de los primeros en apuntarse).
“Yo le meto por todos lados. Pienso que mañana me voy a ir, entonces les dejo música. Grabo, grabo, me voy y quedarán discos míos por salir. El Negro está apurado”, había reflexionado en declaraciones radiales hace unos años.
Ahora será cuestión de los herederos que su material inédito vea la luz. Herederos que también son parte de su legado: sus hijos Lucila Rada Vivanco (cantante y actriz), Matías (guitarrista de Martín Buscaglia, Illya Kuryaki and The Valderramas y la banda de su padre) y Julieta Rada Jodara (cantante solista, con discos como “Corazón diamante” -Grammy Latino a la Mejor Nueva Artista- y “Candombe”, y corista de Ciro y Los Persas) mantienen en alto la bandera del apellido, y garantizan que no calle el cantor.
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