Storyville, la cuna del Jazz

 



Todo amante del Jazz ha oído hablar alguna vez de Basin Street -aunque solo haya estado en Nueva Orleans con la imaginación- gracias al eterno “Basin Street Blues”, uno de los estándares más conocidos del repertorio jazzístico, el reflejo con nostalgia de una época pasada, feliz y desenfrenada. En efecto Basin Street, aparte de una de las avenidas principales del French Quarter -centro de Nueva Orleans-, era la entrada a Storyville, el famoso “distrito rojo”. Según se ha contado siempre en la historia oficial allí es donde surgió el Jazz, versión basada sin duda en las declaraciones de los músicos que vivieron esa época.

“Siempre se tocaba buena música en Storyville” decía Louis Armstrong. “Fueron días felices, muy felices” recordaba el clarinetista Alphonse Picou. “Los salones nunca cerraban, niños y adultos caminaban por sus calles bailando y tarareando melodías de Jazz”, añoraba el pianista Spencer Williams, autor de “Basin Street Blues”. “Había incontables sitios de entretenimiento que empleaban a músicos”, reconocía el banjoista Danny Barker. “Ese lugar era algo que nadie había visto antes: brillaban luces de todos los colores, la música que se oía en la calle provenía de todas partes”, confesaba Jelly Roll Morton. Todo suena demasiado idílico, demasiado maravilloso, demasiado irreal...

¿Qué hay de cierto en una afirmación tan categórica que sitúa Storyville como cuna del Jazz? ¿Se vivió en realidad en ese ambiente lúdico, abierto y tolerante que recogen los testimonios? En la añoranza que otorga el paso de los años y la distancia de los hechos es fácil rememorar solo los momentos buenos e intentar borrar (o idealizar) los malos. Por ello, ¿cuánto hay de verdad en todos esos recuerdos que hablan de un distrito bullicioso donde la música sonaba por cada esquina y había trabajo para todos los músicos de la ciudad fueran blancos, negros o criollos?

Algunos autores han revisado la historiografía tradicional y han revelado que se ha tendido a exagerar la importancia de Storyville en el nacimiento del Jazz. El minucioso investigador Donald M. Marquis en sus pesquisas encaminadas a reconstruir la vida de Buddy Bolden, el primer músico de Jazz, para su libro, llegó a la conclusión de que Bolden nunca tocó en burdeles. Es más, ninguno de los músicos de la época entrevistados recuerda haber tocado con un grupo en un prostíbulo, ni conocían a nadie que lo hubiera hecho. Algunos pianistas tal vez lo hicieran, pero nunca bandas completas.

“A excepción de los días de Mardi Grass, las bandas de Nueva Orleans no tocaban regularmente en burdeles. Lo habitual era algún pianista u otro músico solista. Ocasionalmente se contrataba un trío de cuerdas, pero rara vez un grupo entero”, expone Marquis en su trabajo. Sin embargo, Jazzmen -el primer libro de Jazz, publicado en 1939- documenta una actuación de la banda de Buddy Bolden el Nancy Hank's Saloon de Storyville en 1906. La precisión de Marquis llega hasta tal punto que demuestra, a través de un informe policial de 1907, que efectivamente los propietarios del salón pidieron un permiso para actuaciones “con cantante, corneta y banda” pero en ningún momento se dice que fuera el grupo de Bolden.

El biógrafo James Lincoln Collier va más allá y denuncia que “los escritores han tratado de retratar un Storyville encantador, pero en realidad se trataba de un vecindario muy sórdido, donde se intentaba atrapar clientes lo más rápido posible, se ofrecían niñas de doce años y, en las malas épocas, las putas se entregaban por unos centavos a los chiquillos que vendían periódicos”. Todo un ejemplo de indecencia. Además, la mayor parte de los intercambios se llevaba a cabo en chozas (cribs) o casas minúsculas donde muchas de las prostitutas no cumplían la mayoría de edad. Los clientes habituales eran obreros locales, granjeros, comerciantes y marineros. Lincoln Collier en ningún momento habla de músicos como potenciales asiduos y describe un ambiente más cercano a lo inmoral que a lo glamuroso.

Por su parte el historiador Ted Gioia reconoce que “el paso del tiempo y la mitificación del papel del Jazz en los burdeles han hecho cada vez más difícil separar la realidad de la ficción”. Parece probado que en esos lupanares se oía música de piano, fundamentalmente Ragtimes, pero en muchos casos se utilizaban pianolas, por lo que no siempre había pianistas. Uno de ellos, Clarence Williams, lo confirma: “no era una música ruidosa, las casas de citas solo contrataban pianistas y como mucho una cantante para tocar algo suave, como en un hotel”. Eso sí, parece que los privilegiados que actuaban en Storyville no tenían que preocuparse por el dinero. “La mayoría de lugares pagaba cada noche al acabar el show, esto era porque tenían la amenaza de que podían ser clausurados en cualquier momento”, indicaba Louis Armstrong.

Ante la pregunta de Alan Lomax sobre el racismo en Storyville, el guitarrista y banjoista Johnny St Cyr habla claro. Storyville estaba dividido en dos secciones: la parte blanca o Downtown y la negra o Uptown. El distrito blanco era el área tradicional que siempre se ha identificado con Storyville, al este de Canal Street y al norte de Basin Street. Allí sólo había clientes blancos y las casas de citas eran mucho más lujosas y señoriales. Las madams y prostitutas eran también en su mayoría blancas. Las únicas mujeres de color que podían encontrarse, criollas de piel clara, solo se localizaban en un par de locales.

Los negros servían como criados, camareros o mensajeros. Los pocos músicos negros que trabajaron en el Storyville blanco lo hicieron más adelante y casi limitados a tres cabarets del sur del distrito. Como sentencia Lincoln Collier, “Storyville era una empresa esencialmente blanca”. Los negros no podían andar solos por sus calles a no ser que tuvieran algún asunto urgente que hacer. Y ese asunto rara vez implicaba la música.

A tres calles de su versión blanca el Storyville negro, mucho más extenso, se parecía más a un ghetto donde predominaban las tabernas y salones. Los robos y la violencia estaban a la orden de día.  Más que instrumentos musicales, la gente solía portar cuchillos y pistolas. En esas calles nacieron y crecieron Buddy Bolden, Joe Oliver o Louis Armstrong. Allí aprendieron a tocar. En este barrio sí están documentadas actuaciones de las primeras bandas del Jazz. Aunque el dinero estaba en el Downtown, los músicos pioneros hicieron sus primeros pinitos en el Uptown, el Storyville negro, en locales como el Funky Butt Hall, el Odd Fellows o el Masonic Hall. En su interior se escuchaba Blues. Tal vez ahí pudo surgir el Jazz, entre salones, antros y cuchitriles para beber, no prostíbulos.

Otro aspecto importante a destacar es que nadie en la época lo llamaba “Storyville”. La zona era conocida como “The District” (el barrio). De hecho, el nombre de Storyville se popularizó a partir de 1917 tras el cierre definitivo por parte de las autoridades. “La gente con la que yo andaba siempre hablaba de 'The District', nunca escuché que se le llamara Storyville. Se empezó a llamar así cuando alguien en el norte leyó sobre él, pero para mí nunca fue Storyville, sino El Barrio, el barrio de luces rojas”, revela Danny Barker.

Uno de los mayores contribuidores a aumentar la leyenda de Storyville -como no, Jelly Roll Morton- tampoco hablaba como tal de Storyville sino del “tenderloin district” (el barrio del vicio). En su habitual visión por magnificar la historia describía así los hechos, un panorama exento de racismo y marginación: “alrededor de 1902, con 17 años, comencé a frecuentar el barrio donde se originó el Jazz. Unos amigos me llevaron a la esquina entre las calles Frenchman, Villere y Bienville donde estaba uno de los clubs nocturnos más famosos [...] todas las chicas que podían escaparse del resto de casas estaban allí. Los millonarios blancos venían a escuchar a sus pianistas favoritos. No había ningún tipo de discriminación, se sentaban donde les apetecía. Todos éramos como una gran familia [...] había hispanos, mulatos, blancos, europeos, norteamericanos y de todas partes del mundo”. ¿A quién creer pues? ¿Qué había de real en Storyville? La existencia de las casas del placer no admite lugar a conjeturas...

Aunque si hay una constancia gráfica de la prostitución de Storyville, son las fotografías de Ernest James Bellocq, una colección de 89 imágenes de meretrices desnudas, algo demasiado escandaloso para la sociedad del momento, de ahí que estuvieran ocultas hasta 1958 (casi 60 años después de ser hechas) donde se aprecia que algunas salen con el rostro borrado deliberadamente y otras con antifaz.

No solo en imágenes y testimonios más o menos certeros, en la música también ha quedado constancia del ambiente de Storyville. El Mahogany Hall, posiblemente el burdel con más prestigio de todo el distrito, situado en el 235 de Basin Street, donde trabajaban más de 40 prostitutas, estaba regentado por Lulu White, una india mulata, “la mujer más famosa de todo Storyville”, como relataría Louis Armstrong. En honor a su suntuoso palacio de placer se compuso “Mahogany Hall Stomp” inmortalizado por el propio Armstrong.

En resumen, en una ciudad tan musical como Nueva Orleans, con total seguridad se escuchaba más Jazz en los picnis al aire libre, en los parques públicos, en los desfiles callejeros, en los barcos de vapor o en los vagones de tren que en las calles del distrito rojo. Por tanto, no se puede concluir rotundamente que Storyville fuera la cuna del Jazz, aunque tampoco lo contrario. Ted Gioia resuelve el dilema: “es posible imaginar el surgimiento del Jazz en Nueva Orleans sin las casas públicas de Storyville, pero el nacimiento de esta música habría sido impensable sin la extraordinaria pasión local por las bandas de metal, entusiasmo que se encuentra en el núcleo de la relación de la ciudad con las artes musicales”.

 

 

Fuente:

 

• Lamusicaesmiamante.blogspot.com

 


 

 

























 

 




























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