jueves, 19 de mayo de 2011

Tango Finlandés







Ningún estilo musical ha significado para la historia musical folklórica contemporánea de Finlandia como el Tango. Cuando el Tango llegó a París en la década del 20 se desprendió de sus orígenes humildes de los barrios cercanos al puerto de Buenos Aires para convertirse en el baile de moda de la alta sociedad europea. Bailarines y músicos argentinos llevaron sus espectáculos por las capitales del viejo continente y los compositores europeos hicieron los primeros intentos por componer Tangos. A Finlandia el Tango llegó en 1912, cuando unos músicos de gitanos de San Petersburgo interpretaron “La Paloma”. El Tango como baile fue conocido un año después, cuando una pareja argentina actuó en el Hotel de la Bolsa de Helsinki. La aristocracia lo recibió con fascinación y lo adoptó en sus círculos restringidos. Pronto los músicos locales empezaron a componer sus primeros Tangos, que en un principio eran muy parecidos a los originales de Argentina, pero las influencias rusas y eslavas no tardaron en incorporarse a las melodías. Los primeros discos finlandeses de fines de los años 20 fueron grabados en Berlín, muchas veces con músicos alemanes. De allí el Tango finlandés heredó su marcado carácter marcial. La proyección en los cines de la película alemana “Tango Max” causó furor en las ciudades, impulsando a muchos jóvenes a aprender los pasos de aquel baile sensual y elegante. El Tango era un fenómeno urbano, en el campo se bailaba ritmos folklóricos como Vals, Polea o Chotis. Durante la Segunda Guerra Mundial las familias se dividían ya que padres e hijos marchaban al frente y muchos de ellos no volverían. De la misma manera que los primeros Tangos argentinos eran una expresión musical del deseo de los inmigrantes de regresar a sus tierras, creció una necesidad similar entre los finlandeses de utilizar la música para expresar su dolor, su tristeza y los cambios dramáticos que la guerra les había ocasionado. Los compositores finlandeses pasaron de copiar las letras y tonos rioplatenses, y de interpretarlo para la aristocracia de las ciudades, a crear un Tango propio, para su propia gente. Entre 1945 y 1960 fue la “Epoca de Oro” del Tango finlandés. Torvo Kärke, Olavi Virta, Tamara Luna y Arvo Koshimaa fueron algunos de los pioneros. El Tango más emblemático es “Satumaa”, escrito en 1962 por Unto Mononen. Pero ninguna época de Oro dura para siempre. Al cabo de veinte años de popularidad creciente, el Tango a sentir los embates de otros géneros musicales de los 60: Para los jóvenes de las ciudades el Tango se había convertido en algo aburrido y fuera de moda. En cambio en el campo, la gente seguía amándolo. En los años 90 el Tango tuvo un renacimiento gracias a un mayor interés por la historia contemporánea de los medios de difusión y la literatura. El Tango finlandés no es un Tango argentino mal tocado, sino que se trata de una especie musical distinta, aunque no del todo.







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