jueves, 19 de mayo de 2011

Cantos Gregorianos





El canto Gregoriano ha recibido a menudo el nombre de Biblia cantada. El actual canto gregoriano es producto de un proceso casi tan antiguo como la misma Iglesia. Es desde hace por lo menos 14 siglos el canto oficial de la Iglesia Católica y es herencia de los himnos y cantos entonados durante los primeros siglos de nuestra era. Tales cantos a partir del siglo IV sufrieron un proceso de asimilación a la liturgia romana, cuando se comenzaron a cantar en lengua latina, y no en su original. Maestros anónimos reelaboraron las melodías en Roma cuyo resultado fue unas piezas musicales más refinadas, sobrias, construidas sobre los textos de la traducción latina de la Biblia y logrando con ello la síntesis de los cantos de los ritos judíos, griegos y bizantinos. En un primer momento se le llamó Canto Romano. Fue a fines del siglo VIII que por devoción a San Gregorio se le empezó a llamar Canto Gregoriano. Un poco mas adelante en el siglo IX se le conoció como Cantus Planus en oposición a la naciente técnica polifónica (a varias voces). La verdadera labor de Gregorio consistió en codificar, fijar textos y melodías y ordenarlas en el calendario litúrgico. El primer producto de este gran trabajo fue el "Antiphonarium cento", primera gran recopilación que sirvió de modelo para los sucesivos libros litúrgicos. Según documentos históricos, Gregorio Magno en 595 fundó la Escuela de Canto “Schola Cantorum”, donde a los futuros cantores y coristas se les inculcaba el amor por las bellas artes y el canto. El plan de estudios consistía en formar coros de cantores profesionales que merecieran el aprecio de vastos sectores de la sociedad. La difusión del Canto Gregoriano en todo el mundo cristiano se debió en gran parte a las estrategias de unificación de Carlomagno, "en detrimento de las otras liturgias existentes". La intención del Papa al aprobar esto fue la unificación ritual y la depuración de la liturgia celebrada en lengua vernácula. La época de mayor brillantez o de esplendor del Canto Gregoriano ocurrió hacia el siglo IX cuando se estableció la división de los cantos de la Misa en Cantos del Ordinario. Los estilos manejados en el Gregoriano son: Silábico, en los que a cada sílaba del texto les corresponde una nota; Neumático, en los que hay sílabas a las que le corresponden un grupo organizado de notas llamado Neuma; y Melismático, caracterizados porque a determinadas sílabas se les asigna un número importante de neumas siendo este el estilo más complicado. El sistema de notación más utilizado surgió hacia el siglo VIII con Guido D'Arezzo que le dio su estructura definitiva. Consistía en la relación de los neumas que se utilizaban sin referencias melódicas, atendiendo más a la expresividad del canto que a su exactitud melódica, la cual estaba confiada a la memoria del maestro de la abadía y a sus discípulos. Es Las nuevas sonoridades de la incipiente Polifonía así como el aparente agotamiento del uso de las escalas modales comenzaron a filtrarse en un repertorio tan cuidado y sólido como el del Canto Gregoriano, lo cual culminó hacia los siglos XIV y XV con su decadencia, que se dio en 2 sentidos: rítmico y melódico. El Renacimento le da el golpe final: las melodías son "coregidas" por los musicólogos oficiales y las largas vocalizaciones reducidas a unas cuantas notas. En 1833, un joven sacerdote de Le Mans, Dom Prosper Guéranger, se decide a restaurar la vida monástica benedictina en el priorato de Solesmes, después de cuarenta años de interrupción debido a la Revolución francesa. Entre sus proyectos está el abordar la restauración del canto gregoriano. Esto lo hace con entusiasmo. Empieza por la ejecución y pide a sus monjes que respeten en su canto, sobre todo el texto: pronunciación, acentuación, y atención. Todo esto para mejorar la inteligibilidad del canto, lo cual hace posible una verdadera oración.






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