Ópera de Baladas

 


La Ópera de Baladas (en inglés, Ballad Opera) nació en el corazón de un Londres convulsionado por la corrupción política y la desigualdad social extrema del siglo XVIII. Fue una respuesta violenta y necesaria contra la hegemonía de la Ópera italiana que solo servía para que la aristocracia se luciera en sus palcos privados.

La Ópera de Baladas representa uno de los momentos más disruptivos y rebeldes de la historia del espectáculo occidental porque nació con la intención explícita de escupirle en la cara a las convenciones de la aristocracia londinense del siglo XVIII.

Mientras la nobleza se encerraba a escuchar Óperas italianas complejas que nadie entendía realmente, el pueblo reclamaba una forma de entretenimiento que hablara su idioma y reflejara su realidad cotidiana en las calles mugrientas de Londres.

El estreno de “La Ópera del Mendigo” en 1728, marcó un antes y un después en la historia del teatro porque puso al pueblo llano en el escenario. John Gay tuvo la visión de crear un espectáculo donde el diálogo hablado fuera el motor principal de la acción eliminando los recitativos que la gente común consideraba aburridos.

Lo que la hace única es que no utiliza composiciones originales, sino que toma melodías que ya existían en el imaginario colectivo, como canciones de taberna, baladas folklóricas y tonadas populares que la gente silbaba en la calle.

Al usar melodías populares que ya existían, el público se sentía inmediatamente identificado y podía seguir la obra sin necesidad de conocer tratados de armonía compleja. Las canciones eran cortas directas y cargadas de un veneno satírico que apuntaba directamente al corazón del gobierno de Robert Walpole y su círculo de poder.  

El arreglista Johann Christoph Pepusch seleccionó tonadas de taberna y baladas callejeras para darle a la obra un aire de autenticidad que nunca antes se había visto en un teatro profesional.

Al poner ladrones, prostitutas, carceleros y estafadores de poca monta como protagonistas, Gay estaba enviando un mensaje muy claro: los políticos de alto rango y los aristócratas eran igual de corruptos y ladrones que los delincuentes de la prisión de Newgate.

Personajes como el bandido Macheath o el corrupto Peachum se convirtieron en espejos donde la sociedad veía reflejada su propia miseria y su falta de ética.

Este realismo sucio horrorizó a los puristas, pero fascinó a las masas que llenaron el teatro durante 62 representaciones consecutivas rompiendo récords. El éxito fue tan masivo que obligó a los empresarios teatrales a replantearse todo su modelo de negocio basado en traer cantantes carísimos de Italia.

La Ópera de Baladas demostró que el entretenimiento en el idioma nacional era mucho más rentable y generaba un sentido de pertenencia cultural mucho más fuerte. La censura no tardó en llegar porque el poder no tolera que se rían de él con tanta inteligencia y el gobierno terminó aprobando la Ley de Censura Teatral de 1737 para frenar la subversión.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho y el género se expandió rápidamente por toda Inglaterra llegando incluso a las colonias en América del Norte. En ciudades como Nueva York y Charleston la Ópera de Baladas fue la primera forma de teatro musical que conocieron los colonos sentando las bases de Broadway.

La Ópera de Baladas democratizó el acceso a la cultura lírica porque era barata de producir y fácil de entender para cualquier persona, independientemente de su nivel educativo o clase social.

El impacto económico fue tan brutal que los grandes teatros de Ópera italiana empezaron a quebrar porque el público prefería ver historias con las que pudiera identificarse. Incluso compositores gigantes como Händel tuvieron que reinventar su carrera y volcarse hacia el Oratorio porque ya no podían competir contra la popularidad de las baladas inglesas.

El lenguaje utilizado en los libretos estaba cargado de jerga callejera y humor negro, lo que le daba un realismo sucio que chocaba de frente con las tramas mitológicas y divinas de las Óperas tradicionales.

A nivel musical, la brevedad de las canciones aseguraba que el espectador nunca se aburriera, manteniendo un ritmo frenético que hoy reconoceríamos en cualquier musical moderno de Broadway.

Musicalmente, el género rescató cientos de melodías folklóricas que de otro modo se habrían perdido en el olvido o habrían quedado recluidas al ámbito rural. La Ópera de Baladas es el antepasado directo de la Opereta y de la Comedia Musical moderna porque estableció el formato de alternar escenas habladas con canciones.

En Alemania, este estilo fue el germen del Singspiel, que luego compositores de la talla de Mozart llevarían a su máxima expresión artística.

La carga política del género fue rescatada en el siglo XX por Bertolt Brecht, quien entendió perfectamente que la música popular es el mejor vehículo para la crítica. Su colaboración con Kurt Weill en “La ópera de los tres centavos” es un homenaje directo a la estructura y el espíritu rebelde que John Gay inventó.

El género también influyó en la literatura de la época, haciendo que los escritores empezaran a usar un lenguaje más directo y menos florido para conectar con el lector.

La Ópera de Baladas no buscaba la inmortalidad artística sino el impacto inmediato en la opinión pública y el bolsillo del espectador medio. Cada función era una fiesta popular donde el público gritaba abucheaba y participaba activamente de lo que sucedía frente a sus ojos.

La democratización del arte que propuso este género fue una de las primeras grietas en el muro de exclusividad que rodeaba a la alta cultura europea. Los libretistas se convirtieron en las verdaderas estrellas por encima de los músicos porque lo importante era el mensaje y la mordacidad del texto.

Las mujeres también encontraron un espacio de lucimiento en roles que exigían una gran capacidad actoral y un carisma que la Ópera tradicional no permitía. A pesar de que el género fue perdiendo su filo satírico con el paso de las décadas, su estructura narrativa sobrevivió en miles de obras posteriores.

La transición hacia la Ópera Cómica inglesa fue un proceso natural donde la crítica social fue reemplazada por tramas más amables y románticas. Aun así, el espíritu de la balada popular nunca desapareció del todo del teatro británico y sigue presente en el humor de las obras contemporáneas.

El estudio de la Ópera de Baladas es fundamental para entender cómo el entretenimiento se convierte en una herramienta de resistencia en tiempos de opresión. No se puede entender el desarrollo del teatro musical estadounidense sin reconocer la deuda que tiene con estos dramas de ladrones y prostitutas londinenses.

La música de la calle subió al trono y demostró que no hace falta ser un virtuoso para conmover o para incitar a la reflexión profunda.

La Ópera de Baladas es el testimonio de una época donde el arte decidió dejar de mirar a los cielos para empezar a mirar a las alcantarillas de donde salía la verdad. Hoy la recordamos como la chispa que encendió la hoguera de la cultura de masas y que permitió que el teatro fuera finalmente de todos.

Cada vez que se escucha un musical donde la historia se detiene para dar paso a una canción popular, estamos presenciando el legado de John Gay. Es una forma de arte que se niega a morir porque su esencia es la misma que la de la vida urbana: caótica ruidosa descarada y profundamente humana.

La historia de la Ópera de Baladas es la historia de cómo el pueblo le arrebató el escenario a los poderosos usando solo su ingenio y sus canciones de siempre. Fue una revolución silenciosa que no necesitó armas sino rimas afiladas y melodías que cualquiera pudiera cantar después de un par de cervezas.

Por todo esto, sigue siendo objeto de estudio en los conservatorios y en las facultades de sociología de todo el mundo hispanohablante y anglosajón. Su valor histórico es incalculable porque capturó el pulso de una sociedad que estaba a punto de cambiar para siempre con la revolución industrial.

La Ópera de Baladas fue el primer grito de libertad creativa en un mundo que estaba acostumbrado a seguir reglas artísticas rígidas y extranjeras.

 

 

Fuentes:

 

• Etd.ohiolink.edu

• Imslp.org

• En.wikipedia.org

 


 











































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