Yike (Camboya)


El Yike, a veces escrito Yeekae, representa una de las formas más fascinantes y vibrantes del teatro musical y la danza en Camboya, constituyendo un género que se distingue por su energía rítmica y su capacidad para fusionar elementos de la tradición local con influencias culturales externas que llegaron a la región a través de las rutas comerciales y el intercambio espiritual.

A diferencia del Ballet Real de Camboya, que se caracteriza por movimientos lentos y una atmósfera de corte celestial, el Yike es una forma de arte mucho más dinámica y popular que ha sabido encontrar su lugar tanto en las celebraciones rurales como en los escenarios urbanos más prestigiosos del país.

La historia del Yike es profunda y compleja, con raíces que muchos historiadores vinculan a las comunidades cham y a las tradiciones islámicas que penetraron en el sudeste asiático aportando un color vocal y rítmico que lo diferencia radicalmente de otros estilos jemeres.

La descripción técnica del Yike comienza obligatoriamente por el uso del tambor de marco conocido como rebana o tambor Yike, que es el corazón pulsante de toda la representación y cuya percusión constante guía no solo a los músicos sino también a los actores y bailarines en un despliegue de coordinación absoluta.

Se cree que el Yike es originario de Champa y se importó a Camboya durante el período Funan. Se interpreta en casi todas las provincias de Camboya y por las comunidades jemeres krom del sur de Vietnam. Los jemeres krom utilizan el término Yike, al igual que el resto de las comunidades jemeres, y el término Yuke, que se utiliza para referirse a la danza teatral también conocida como Lakhon Bassac.

El sonido del Yike es potente y expansivo, utilizando una instrumentación que incluye flautas de bambú, instrumentos de cuerda frotada, y una sección de percusión que crea una base rítmica hipnótica sobre la cual los cantantes despliegan melodías de una gran carga emocional y narrativa.

La mayoría de las canciones están precedidas por un coro que sirve como introducción a la escena, un segmento de la historia. También terminan con un coro, una conclusión de la escena. Algunas letras del coro no tienen nada que ver con la historia. Son solo el estilo de la canción. Las canciones se dividen en tres categorías: una melodía que expresa un sentimiento o tristeza, una melodía alegre y optimista, un diálogo conversacional.

En las representaciones de Yike, los actores suelen interpretar historias extraídas de la literatura clásica jemer, de los cuentos populares o de las leyendas budistas, pero lo hacen con una libertad expresiva y una gestualidad que permite la improvisación y el contacto directo con la audiencia, generando un ambiente de participación colectiva.

La importancia del Yike radica en su función social como vehículo de enseñanza moral y como preservador de la lengua y los valores tradicionales en un contexto donde la modernización amenaza con borrar las huellas del pasado.

Durante la década de 1960, a los jemeres les encantaba ver las representaciones de Yike, y sus artistas tuvieron una gran influencia en la población camboyana. Mucha literatura jemer se utilizó para crear representaciones de Yike, ya que la gente disfrutaba relajándose después de trabajar en sus granjas y arrozales durante grandes eventos como el Año Nuevo Jemer, etc.

También se crearon algunas canciones de Yike para que la gente local las aprendiera y cantara. Muchas obras maestras del Grupo de Teatro Yike de ese período se conservan hasta la actualidad, incluso si sus artistas fueron torturados por el grupo comunista khmer rojos entre 1975 y 1979.

Solo unos pocos artistas sobrevivieron al régimen, y el Yike aún es conocido en la Radio Nacional Jemer durante las décadas de 1980 y 1990, pero hoy en día su popularidad ha disminuido debido a la influencia de los medios modernos como la televisión y las redes sociales que muestran danzas extranjeras.

La recuperación del Yike ha sido un proceso lento y doloroso liderado por maestros supervivientes que han dedicado sus últimos años de vida a transmitir los secretos del ritmo y la danza a las nuevas generaciones en las escuelas de arte de Phnom Penh y en las aldeas remotas, donde el tambor vuelve a sonar con fuerza.

La descripción de los vestuarios en el Yike también es fundamental, ya que los colores brillantes y los adornos dorados ayudan a definir la jerarquía de los personajes y a crear una atmósfera de ensueño que transporta al espectador a un mundo de mitos y realidades paralelas.

El canto en el Yike es particularmente difícil de dominar debido a los ornamentos vocales y a la necesidad de proyectar la voz por encima de la potente percusión, exigiendo a los intérpretes un entrenamiento riguroso que comienza desde la infancia.

Las coreografías del Yike, aunque menos rígidas que las del teatro clásico, requieren una gran agilidad y una expresividad facial que es clave para transmitir la alegría, la tristeza o el heroísmo de los protagonistas de las obras.

Este género ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, incorporando temas contemporáneos y nuevos instrumentos sin perder la esencia del golpe del tambor, que es lo que define su identidad fundamental frente a otros estilos de la región.

El Yike es hoy en día un símbolo de la reconstrucción cultural de Camboya y una herramienta de diplomacia cultural que muestra al mundo la riqueza y la diversidad de una nación que se niega a ser definida únicamente por sus tragedias históricas.

Al analizar la estructura de las obras del Yike, se percibe una sabiduría ancestral en la forma en que se equilibran los momentos de tensión dramática con interludios cómicos que alivian al público y refuerzan el mensaje pedagógico de la historia.

La descripción técnica del tambor Yike revela que su construcción es un proceso artesanal que requiere maderas específicas y cueros tratados de forma tradicional para obtener ese tono profundo y seco que resuena en el pecho de los espectadores.

El Yike no es solo un espectáculo para la vista y el oído, sino una experiencia inmersiva que apela a la memoria de los ancestros y a la esperanza de un futuro donde el arte siga siendo el pilar de la sociedad.

Estudiar el Yike es adentrarse en la compleja trama de influencias que han dado forma al sudeste asiático, donde lo local y lo extranjero se abrazan para crear algo nuevo y único que pertenece a toda la humanidad por su valor estético y humano.

La persistencia de los maestros de Yike en seguir enseñando, a pesar de las dificultades económicas y sociales, es un acto de heroísmo cultural que garantiza que el sonido del rebana no se apague nunca en las noches de Camboya.

La belleza del Yike reside en su honestidad y en la fuerza con la que comunica las verdades universales del ser humano a través de un lenguaje que trasciende las fronteras lingüísticas y geográficas.

Cada vez que una compañía de Yike sube al escenario se produce un milagro de comunicación y de fe en el poder transformador de la música y el teatro como herramientas de paz y entendimiento entre las personas.

El Yike seguirá siendo el latido de Camboya recordando que mientras haya un tambor y una voz dispuesta a cantar la cultura jemer, seguirá brillando con luz propia en el firmamento de las artes mundiales.

Se trata de una de las joyas más preciosas del patrimonio inmaterial de Asia y por lo que es menester conocerla respetarla y difundirla para que las futuras generaciones puedan disfrutar de su magia y su profundidad espiritual sin límites.

El Yike es la prueba de que el arte es eterno y de que la voluntad de un pueblo es más fuerte que cualquier intento de destrucción o de olvido sistemático a través de los siglos de historia.

 

 

Fuentes:

 

• Dynamiccambodia.blogspot.com

• Khmercivilization.ams.com.kh

• News.sabay.com.kh

 


 


 





































 






















0 comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...