Guancasco (Honduras)

 


El Guancasco se establece como la expresión ceremonial más trascendente y venerable de la etnia Lenca en Honduras, constituyendo un ritual de una antigüedad incalculable que ha sobrevivido a siglos de transformaciones socioculturales, manteniéndose como un pilar fundamental de la identidad comunitaria y la diplomacia ancestral.

Se lo puede definir como un encuentro o paisanazgo entre dos pueblos, que buscan con ello, continuar hermanados en el duro camino, que en el tiempo, les falta recorrer. Es por eso que es difícil determinar desde cuándo la tradición del Guancasco une a los pueblos. Las fechas en que se celebran las tradiciones Guancascos corresponden a las fechas patronales de los pueblos. La tradición consiste en que cuando llega la feria patronal de uno de los dos pueblos involucrados, el santo patrono de uno de ellos visita al otro durante la fiesta.

Según Óscar Rápalo Flores, quien investigó sobre el Guancasco para el Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) en 2008, para entender esta tradición hay que remontarse a la era precolombina, cuando la sociedad lenca ya era estratificada.

Existía un principal señor o cacique, que heredaba su cargo por ser el hijo mayor de una familia de linaje noble. La vida giraba en torno a la agricultura de subsistencia, con cultivos vitales como el maíz, el frijol y el algodón. La guerra era frecuente, utilizada para capturar esclavos y conquistar tierras. Sin embargo, entre las contiendas surgían momentos de “paz acordada”, conocidos como guancascos.

Estos eran actos de paz entre grupos vecinos de lengua común, que permitían el intercambio comercial de productos como sal, aves y cacao. Por su parte, Anne Chapman, antropóloga franco-estadounidense, define el Guancasco como una costumbre de origen lenca de la época prehispánica: un verdadero acto de paz entre señoríos.

La conquista española fue la causa de una profunda transformación cultural. Fue en este período, con la llegada de los españoles y la evangelización por parte de la orden mercedaria en el occidente de Honduras, que el Guancasco comenzó a transformar sus costumbres. Los orígenes de la religiosidad popular lenca, que incluye el Guancasco, se remontan a la conversión al catolicismo en los siglos XVI y XVII, como parte de un proceso de profunda transculturación.

Fue en ese momento de la historia que se perdieron algunas costumbres y se originaron otras, por lo que el Guancasco se convirtió en un símbolo vivo del sincretismo religioso y cultural producido por la dominación hispánica.

El Guancasco es una de esas herencias vivas que continúa protagonizando los escenarios de tierra adentro, pues se desarrolla –entre otras–, en las siguientes comunidades de varios departamentos: Gualala y Chinda, Yarumela y Villa de San Antonio, Liure y Texiguat, Yamaranguila y San Francisco de Opalaca, Mexicapa y Gracias, Lejamaní y La Cuesta; y varios lugares más.

Quizá, el más conocido y publicitado por los medios sociales, es el Guancasco celebrado en el mes de julio entre los municipios de Lepaterique y Ojojona. En el primero, el santo patrono es Santiago Apóstol; y en el segundo, San Sebastián.

Este evento no puede ser catalogado meramente como una danza folklórica, pues su significado trasciende lo estético, incursionando en la esfera de lo político, lo social y lo religioso.

El propósito esencial del Guancasco es la ratificación de la paz y la renovación de la alianza entre dos pueblos vecinos, históricamente ligados por pactos de no agresión y ayuda mutua. El nombre mismo, Guancasco, se interpreta como “pacto de reunión” o “encuentro de pueblos”, encapsulando su función de mediación y cohesión.

Se celebra, invariablemente, dentro del marco de las festividades patronales católicas, una clara manifestación de sincretismo religioso donde las estructuras de la fe impuesta durante la Colonia sirvieron de vehículo para la preservación de una práctica indígena crucial. En regiones lencas como La Paz, Intibucá, y Lempira, el ritual se ejecuta con una fidelidad asombrosa a la tradición.

Los preparativos son extensos y rigurosos, involucrando a la totalidad de la comunidad, pero teniendo como figuras centrales a los ancianos y a los alcaldes de vara, quienes son los legítimos depositarios del conocimiento ritual y la autoridad moral. Estos líderes dirigen cada etapa, desde los parlamentos hasta la vestimenta.

La ceremonia arranca con la solemne peregrinación de la delegación de una comunidad hacia la otra, llevando con gran honor y reverencia la imagen de su santo patrono. El santo se convierte en el símbolo palpable de la identidad colectiva, viajando para reunirse con el patrono del pueblo anfitrión.

Allí se realiza el tradicional brindis con chilate, que es una bebida de maíz, ancestral utilizada por los indígenas, pero con la llegada de los españoles, la rosquilla en miel pasó a formar parte de esta tradición del compartir en el Guancasco.

La música es el alma del Guancasco, una banda sonora de profunda solemnidad que se distingue por su carácter austero y melancólico. Los instrumentos son de origen indígena y se limitan principalmente a las flautas de caña o carrizo, cuyo sonido agudo y penetrante guía el camino, y el tambor, cuya percusión lenta y constante actúa como el latido colectivo, marcando el paso ceremonial y solemne. El ritmo del tambor asegura que todos los participantes se muevan en una misma sintonía, uniendo el colectivo bajo un único pulso.

A la llegada, la comunidad anfitriona realiza una recepción cargada de respeto, la cual puede incluir el rito de las “salvas”, o disparos honoríficos, como señal de bienvenida. El clímax emocional se alcanza en el momento del Encuentro, donde las dos imágenes patronales son colocadas frente a frente en la plaza central. Este acto simboliza la reunión de las almas comunales y el compromiso de renovar el pacto.

Tras el encuentro de las imágenes, se procede al intercambio formal de ofrendas y, lo más importante, a la lectura de los parlamentos, discursos rituales que reafirman la hermandad y las promesas de paz.

El movimiento en la plaza, la “danza”, es más una procesión ritual que un baile alegre. Los participantes giran o caminan en patrones circulares o lineales, acompañando a los santos y reafirmando simbólicamente los límites y las alianzas.

El Guancasco es un poderoso mecanismo de cohesión social y un ejercicio de memoria histórica, asegurando que las disputas históricas se resuelvan a través de un acto público de perdón. La creencia popular sostiene que el fracaso en la realización del Guancasco trae consigo desgracia y conflicto a las comunidades, lo que refuerza el compromiso anual.

La participación de los jóvenes, aprendiendo de los ancianos, garantiza la transmisión intergeneracional de esta invaluable tradición. Es, en esencia, un acto de fe en la paz, la diplomacia ancestral, y la inquebrantable supervivencia de la identidad Lenca, resonando en la flauta y el tambor a través del tiempo.

 

 

Fuentes:

 

• Elbibliote.com

• Elheraldo.hn

• Latribuna.hn

 


 


 





































 

 






















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