Qudud Halabiya (Siria)

 

 

El Qudud Halabiya, cuyo nombre evoca la rica tradición musical de la ciudad siria de Alepo (Halab en árabe), no surgió de la nada, sino que hunde sus raíces en un crisol de influencias culturales que se remontan a la Edad de Oro de la civilización islámica en Al-Ándalus (la Península Ibérica bajo dominio musulmán).

Durante este periodo de florecimiento intelectual y artístico, entre los siglos VIII y XV, se desarrollaron complejas formas poéticas y musicales, entre ellas los muwashahat y los zajal. Estas formas se caracterizaban por su estructura estrófica flexible, el uso de la lengua árabe clásica junto con elementos vernáculos y melodías elaboradas que buscaban expresar una amplia gama de emociones.

Tras la caída de los reinos musulmanes en la Península Ibérica, muchos músicos y poetas andalusíes emigraron hacia el norte de África y el Levante, llevando consigo sus conocimientos y tradiciones artísticas. Estas influencias se fusionaron con las formas musicales locales preexistentes, dando lugar a nuevas expresiones culturales. Se cree que el Qudud Halabiya es un descendiente directo de esta rica herencia andalusí, habiendo evolucionado y adoptado características distintivas en el contexto cultural y musical de la región del Levante, y particularmente en la ciudad de Alepo.

Alepo, una de las ciudades habitadas continuamente más antiguas del mundo, siempre ha sido un importante centro de comercio y cultura, actuando como un punto de encuentro entre diversas tradiciones musicales y artísticas. Su ubicación estratégica en la Ruta de la Seda facilitó el intercambio de ideas y estilos musicales provenientes de diferentes partes del mundo. En este ambiente cosmopolita, las formas musicales andalusíes encontraron un terreno fértil para su adaptación y florecimiento, nutriéndose de las melodías religiosas antiguas, los cantos folklóricos y la poesía árabe clásica que ya existían en la región.

La formación del Qudud Halabiya como género musical distintivo en el Levante, principalmente en Alepo, fue un proceso gradual que se desarrolló a lo largo de varios siglos. Los músicos de Alepo jugaron un papel crucial en la recopilación, adaptación y refinamiento de estas melodías y formas poéticas, dándoles una identidad propia y un sello distintivo que las diferenciaría de sus orígenes andalusíes y de otras tradiciones musicales de la región.

El Qudud Halabiya se caracteriza por una serie de elementos musicales y líricos que lo hacen único y reconocible. Musicalmente, se distingue por tener una melodía base fija que se canta con el acompañamiento de un conjunto musical tradicional árabe, que típicamente incluye instrumentos como el oud, el qanun, el ney, el violín y la percusión árabe (como la darbuka y el riqq). Si bien la melodía principal permanece constante, los intérpretes tienen la libertad de ornamentarla y de improvisar vocal e instrumentalmente (taqsim), demostrando su virtuosismo y su capacidad para evocar emociones profundas en la audiencia.

Una de las características más distintivas del Qudud Halabiya es la variación de las letras según el contexto de la interpretación. Aunque la melodía permanece, las letras se adaptan al tipo de evento o la intención del intérprete. Tradicionalmente, el Qudud se canta tanto con fines religiosos como de entretenimiento. Las letras religiosas a menudo expresan alabanzas a Dios, reflexiones sobre la fe y enseñanzas morales. Por otro lado, las letras seculares suelen abordar temas universales como el amor, el deseo, la nostalgia y la belleza de la naturaleza. Esta flexibilidad lírica permite que el Qudud Halabiya sea relevante y significativo en una amplia gama de contextos sociales y culturales.

Los cantantes más experimentados pueden improvisar la letra según lo que sucede a su alrededor. Son conocidos por usar voces profundas y alcanzar un punto álgido al sostener una nota larga o repetir una frase, provocando en el público lo que se conoce como tarab, o exultación.

La interpretación del Qudud Halabiya a menudo busca generar en el público un estado emocional profundo conocido como tarab. Este término árabe no tiene una traducción literal precisa, pero se refiere a una suerte de éxtasis o embriaguez emocional inducida por la música y la poesía. Se dice que cuando se escucha el Qudud Halabiya interpretado con maestría, el público entra en un estado de intensa conexión emocional con la música, a menudo manifestándose a través de movimientos corporales espontáneos y expresiones de admiración. Tradicionalmente, se dice que el público baila al son del Qudud extendiendo los brazos y moviendo la parte superior del cuerpo, dejándose llevar por el ritmo y la melodía.

El Qudud Halabiya no es solo una forma de música para ser escuchada pasivamente; es una experiencia participativa donde la interacción entre el intérprete y la audiencia juega un papel crucial. La respuesta y el entusiasmo del público inspiran la creatividad del intérprete, creando una atmósfera dinámica y emotiva. Esta conexión íntima entre el músico y el oyente es una de las razones por las que el Qudud Halabiya sigue siendo una parte vital de la cultura de Alepo hasta el día de hoy.

Durante siglos ha sido un componente fundamental de la identidad cultural de Alepo y de Siria en general. Se considera una expresión artística auténtica que transmite la riqueza de la lengua árabe clásica, la belleza de las melodías tradicionales y la profundidad de las emociones humanas. Ha sido una fuente de inspiración para muchos músicos y poetas a lo largo de la historia y ha desempeñado un papel importante en la vida social y religiosa de la comunidad alepina.

La transmisión del conocimiento y la práctica del Qudud Halabiya se ha llevado a cabo tradicionalmente de manera informal, a través de la relación entre maestros y jóvenes aprendices. Los músicos experimentados comparten sus conocimientos y técnicas con las nuevas generaciones, asegurando la continuidad de esta valiosa tradición musical. Además de esta transmisión oral, el Qudud Halabiya también se ha integrado en el currículo escolar, los programas de radio y televisión, y otras iniciativas culturales que buscan preservar y promover este patrimonio.

A pesar de los desafíos y las dificultades que ha enfrentado Siria en los últimos años, particularmente la ciudad de Alepo, el Qudud Halabiya ha demostrado ser una fuente de resiliencia y un símbolo de la rica herencia cultural del país. La práctica continua de esta forma musical, incluso en medio de la adversidad, subraya su importancia como un elemento unificador y un recordatorio de la identidad cultural siria.

En un reconocimiento de su valor cultural e histórico, la UNESCO inscribió el Qudoud Alabiya en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en diciembre de 2021. Esta inscripción destaca la importancia del Qudud Halabiya como una tradición musical viva que encarna la autenticidad de la identidad artística siria y que merece ser protegida y transmitida a las futuras generaciones. La UNESCO subraya que el público juega un papel clave en la inspiración de la creatividad del intérprete y reconoce la profunda conexión emocional (tarab) que esta música genera.

El legado del Qudud Halabiya perdura como un testimonio de la riqueza cultural de Alepo y de la capacidad de la música para trascender el tiempo y las circunstancias. Su historia, desde sus posibles raíces andalusíes hasta su florecimiento en el corazón del Levante y su reconocimiento internacional, es un ejemplo de cómo las tradiciones artísticas pueden evolucionar, adaptarse y seguir siendo una fuente vital de identidad y expresión cultural para una comunidad.

 

 

Fuentes:

 

• Ich.unesco.org

• Syriatimes.sy

 


 









































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