Polonesa

 

La Polonesa, una danza de origen polaco, ha trascendido fronteras y épocas, convirtiéndose en una forma musical emblemática, especialmente en el repertorio pianístico. Su rica historia y carácter distintivo la hacen una pieza fascinante tanto para intérpretes como para oyentes.

Para comprender la Polonesa musical, es esencial conocer sus raíces como danza. Originaria de Polonia, la Polonesa no es simplemente una danza folklórica más; es una expresión cultural profundamente arraigada en la identidad polaca. Reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2023, la Polonesa simboliza mucho más que movimientos coreográficos.

Históricamente, la Polonesa era una danza procesional, majestuosa y ceremonial, que se realizaba en la nobleza polaca. Basta imaginar salones de baile opulentos, parejas elegantemente vestidas deslizándose en procesión, lideradas por la pareja principal. Esta danza no era solo un entretenimiento, sino una demostración de unidad, cooperación e igualdad, valores centrales en la sociedad polaca.

Polonesa” es un término francés que se traduce como “polaco”. Pero, ¿por qué una danza polaca tiene un nombre francés? La respuesta corta es que llegó a Polonia desde el extranjero, pero la historia completa es más compleja. Antes de que la danza llegara a Polonia en el siglo XVIII, una versión temprana se extendió por las cortes europeas. Todavía no se llamaba Polonesa, pero el Taniec Polski (“danza polaca” en polaco), o chorea polonica o danza polacca, etc., era increíblemente popular entre la nobleza de la Corte Real Jaguellónica de Polonia. En aquellos tiempos, Polonia era un estado muy poderoso y su cultura influyó en otros países europeos. Inicialmente era una danza cantada, lo que significa que no había música de acompañamiento aparte del canto de los propios bailarines. Era similar a la Polonesa, pero menos dinámica, tanto que algunos críticos la llamaron “un paseo más que una danza”. Sin embargo, el Taniec Polski tenía la dignidad y el carácter procesional que se pueden observar en formas posteriores.

Hacia finales del siglo XVII, el Taniec Polski empezó a ir acompañado de música en vivo. Posteriormente, se extendió rápidamente a Escandinavia. Hasta el día de hoy, uno de los bailes tradicionales más populares en Suecia, Dinamarca y Noruega se llama “Polska” (en polaco, esta palabra significa “Polonia”).

En el siglo XVIII, tras haber evolucionado en países extranjeros, la danza polaca regresó a su patria bajo el nombre de Polonesa, siendo el francés la lengua franca de la época. Los reyes sajones electos de Polonia, así como los estados alemanes, tenían fama de ser increíblemente aficionados a ella. El último rey de Polonia, Estanislao Augusto Poniatowski, también la amaba. También podría valer la pena abordar un mito extendido. La idea de que la Polonesa es una forma elevada de danza folklórica es falsa. Se difundió a través de obras literarias del siglo XIX con raíces en el Romanticismo. En realidad, fue al revés. La gente común se apropió de la Polonesa y la adaptó a sus propios gustos, creando danzas como el chodzony (el “caminado”), que era una variante más simple.

El paso básico de la Polonesa, aparentemente sencillo, consiste en flexionar una pierna al avanzar con la otra. Sin embargo, la belleza reside en la coreografía colectiva, donde parejas forman figuras elaboradas, creando puentes humanos bajo los cuales pasan otros participantes. El tempo moderado permite que incluso bailarines no experimentados se unan, fomentando la inclusión y la participación comunitaria.

Hoy en día, la tradición de la Polonesa sigue viva en Polonia, especialmente ligada a celebraciones importantes como bailes de graduación, bodas, fiestas de Año Nuevo y carnaval. Su transmisión intergeneracional, a través de familias, escuelas y grupos de danza, asegura su continuidad. La Polonesa no solo se baila, sino que también se celebra en la literatura, la música y el cine polacos, manteniendo viva su llama cultural.

La Polonesa trascendió su función puramente dancística para adentrarse en el mundo de la música clásica. Compositores de diversas épocas se inspiraron en su ritmo y carácter para crear piezas instrumentales, especialmente para piano. El ritmo característico de la polonesa, en 3/4, con un énfasis distintivo en el primer tiempo, se convirtió en la base rítmica sobre la cual construir melodías majestuosas y emotivas.

Si bien muchos compositores exploraron la Polonesa, fue Frédéric Chopin quien la elevó a nuevas alturas en el repertorio pianístico. Chopin, un compositor polaco profundamente conectado con su herencia cultural, compuso numerosas Polonesas para piano, infundiéndolas con un espíritu nacionalista, melancolía romántica y virtuosismo técnico. Sus Polonesas no eran meras piezas de baile estilizadas; eran obras de arte complejas y expresivas, diseñadas para la sala de conciertos, no solo para el salón de baile.

Entre las polonesas más famosas de Chopin se encuentran la “Polonesa en La bemol mayor”, Op. 53 “Heroica”, la “Polonesa en Do menor”, Op. 40 No. 2, y la “Polonesa en La mayor”, Op. 40 No. 1 “Militar”. Cada una de estas obras, y muchas otras del compositor, exploran diferentes facetas del carácter polaco y la emoción humana, utilizando el ritmo de la Polonesa como punto de partida para una profunda exploración musical.

Además de Chopin, otros compositores como Michał Kleofas Ogiński, Carl Maria von Weber, Franz Liszt y Piotr Ilich Chaikovski también compusieron Polonesas, aunque quizás no con la misma dedicación y profundidad que Chopin. Sin embargo, sus contribuciones también enriquecieron el género y demostraron la versatilidad de la Polonesa como forma musical.

Sin embargo, la Polonesa más conocida en Polonia es “Pożegnanie Ojczyzny” (en español “Adiós a la Patria”), compuesta en 1794 por Michał Kleofas Ogiński, cuya obra causaría gran influencia en los compositores polacos del romanticismo.

La pregunta sobre la dificultad de la Polonesa al piano no tiene una respuesta única, ya que varía considerablemente según la pieza específica. Existen Polonesas de dificultad moderada, accesibles para estudiantes de piano intermedios, así como Polonesas extremadamente virtuosas y desafiantes, reservadas para pianistas avanzados y profesionales.

El baile perdió popularidad a principios del siglo XIX. Actualmente, se escucha casi exclusivamente en el equivalente polaco de los bailes de graduación. Sin embargo, en los últimos años, han surgido en Polonia grupos de jóvenes entusiastas de las danzas tradicionales, ofreciendo a los amantes de la danza una fantástica oportunidad de presenciar e incluso intentar bailar una Polonesa. Dada su larga historia y su popularidad pasada, la Polonesa suele considerarse el baile polaco más tradicional.

La Polonesa es mucho más que una simple danza o forma musical. Es un tesoro cultural que encapsula la historia, la identidad y los valores de Polonia. Su evolución desde una danza procesional aristocrática hasta una forma musical compleja y expresiva, especialmente en el piano, demuestra su capacidad de adaptación y su perdurable atractivo.

Para los pianistas, la Polonesa representa un desafío técnico y musical estimulante, así como una oportunidad para explorar un rico repertorio lleno de emoción y carácter. Desde las Polonesas más accesibles hasta las obras maestras de Chopin, el mundo de la Polonesa ofrece un viaje musical fascinante y gratificante.

 

 

Fuentes:

 

• pianospuch.com.ar

• culture.pl

 


 



























 





















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