Bulería (España)

 

 

La Bulería, un palo Flamenco originario de Andalucía, va más allá de ser un estilo de baile o cante; es una manifestación artística que trasciende el tiempo. Bailar por Bulerías es dejarse llevar por el pulso intenso de un compás que despierta emociones profundas y sinceras.

Definir la Bulería va más allá de sus aspectos técnicos; es captar su esencia, una fusión de pasión y ritmo que encuentra su hogar en la tierra del Flamenco. Este palo es una celebración del arte, donde el bailaor, el cantor y el guitarrista se entrelazan en un diálogo emocional que cautiva a quien lo presencia.

El compás de la Bulería es una amalgama rítmica que desafía la simplicidad. Marcado por un compás de 12 tiempos, el ritmo de la Bulería es complejo y enérgico, exigiendo precisión y destreza. Bailar por Bulerías significa fluir con este compás, dejando que el cuerpo responda a cada latido con gracia y fuerza.

El ritmo de la Bulería, impregnado de la pasión que caracteriza al Flamenco, resuena desde los rincones más profundos de Andalucía. Puede interpretarse a diferentes velocidades, pero independientemente de la rapidez, se mantiene la complejidad de su compás y la intensidad de su ritmo, lo que proporciona un desafío considerable tanto para los músicos como para los bailaores y cantaores de Flamenco.

El significado de la Bulería va más allá de su definición técnica. Este estilo a menudo se relaciona con la celebración de la vida y la expresión de alegría. Aunque también puede abordar temas melancólicos, las Bulerías suelen ser interpretadas en festividades y celebraciones, irradiando vitalidad y gozo.

En algunas interpretaciones de Bulerías, especialmente aquellas que abordan temas más melancólicos, se puede percibir un sentido de superación. A través de la expresión artística, se comunica la capacidad de enfrentar desafíos y encontrar belleza incluso en momentos difíciles.

Las posturas elegantes y el zapateado, el distintivo golpeteo rítmico de los pies, completan la paleta de movimientos. Las posturas del cuerpo y los gestos de los brazos realzan la expresión artística, mientras que el zapateado desafía la destreza con pasos rápidos y complejos que resuenan con la energía flamenca.

En el contexto del baile de la Bulería, la interacción con la guitarra flamenca y el cante adquiere un papel protagónico. La comunicación entre el bailaor/a, el guitarrista y el cantante se convierte en una coreografía de armonía, donde cada elemento se entrelaza para crear una experiencia única y cautivadora.

Entre la fiesta y la burla, la Bulería se ha convertido desde el último tercio del siglo XX en el estilo más popular entre los flamencos y el público en general. Pero no siempre fue así, en principio Paco y Camarón en Montillano eran consideradas ni siquiera estilos flamencos ya que hubo un estilo que probablemente sea su antecedente más claro que se denominaban chuflas, con ese nombre no es de extrañar que se consideraran la sección menos jonda del repertorio del cante, el toque y el baile. Una vez conformadas como Bulerías artistas como El Niño Medina, Pastora Pavón o Manuel Vallejo tomaron la iniciativa, con sus impecables interpretaciones, y poco a poco fue subiendo en el escalafón de los estilos más apreciados por artistas y afición. Lo que en un principio fue un cante para acompañar el baile acabaría siendo el rey de los escenarios y las grabaciones.

En los años 70 Camarón y Paco De Lucía llevaron la Bulería al no va más, aportando infinidad de elementos que han enriquecido sobre todo la rítmica del estilo, y del Flamenco en general.

Sobre la etimología del nombre existen diversas teorías: de burla (burlería), bulla (bullería), bolero (bolería), fulero (fulería), bulero (engañador).

Se suele apuntar que su origen está en Jerez, surgiendo a partir de un particular remate acelerado de la Soleá. Algunos estudiosos se aventuran a apuntar incluso a El Loco Mateo, nacido en 1839, como el principal cultivador de esta modalidad, cuando hacia 1870 remataba la Soleá con un compás ligero y redoblado, hecho este difícil de demostrar. También pudo nacer en Cádiz, al desprenderse de las alegrías de baile los cantes con las que se rematan. Así, la evolución del estilo partiría de los remates de cantiñas que a su vez provenían de los jaleos que abundaban en la primera mitad del XIX. Jaleos hubo de Cádiz, Jerez, Ronda y otras muchas variantes más. El jaleo más famoso fue el de Jerez, y de su música pudieron surgir muchos elementos que finalmente cristalizarían en soleares y cantiñas y por fin en Bulerías. Sin embargo, el famoso jaleo de Jerez no da muchas pistas al respecto.

En 1901 una estampa de flamencos publicada en el suplemento “Alrededor del Mundo” se refiere a Antonio de la Rosa, El Pichiri, como: “bailaor de chufla, es decir, de bailes análogos a los de los negros tangos”.

Se refiere probablemente a los pasos picantones que se realizan en el baile por tangos y que también se pueden apreciar en las Bulerías.

El proceso que vivió la chufla hasta convertirse en Bulería se debió seguramente al meter en el modo Flamenco aquellos cantes que servían de remate al baile por alegrías y que, como estas se cantaban sobre el modo mayor en ese mismo modo melódico/armónico se hacían las chuflas, hasta que adoptaron el modo Flamenco.

Las grabaciones más antiguas, aunque rotuladas como chuflas, se tratan de Bulerías en toda regla. Por ejemplo, el jerezano Garrido grabó chuflas en modo mayor, y son claramente bulerías. También apunta en este registro una suerte de cuplé por bulerías: “Tápame que tengo frío”.

Y las que grabó El Pena padre hacia 1906 en los jaleos se escucha Viva la fiesta, ole la juerga, salero. Comienza en modo mayor pero enseguida cambia al modo flamenco. De nuevo se rotulan como chuflas pero son Bulerías.

Al insuflarle los aromas propios del modo Flamenco, presente en soleares y seguiriyas, adquirió el carácter jondo adecuado, de ahí que fuesen poco a poco elevadas al rango de estilo preferido de los más grandes intérpretes del cante flamenco. Y la primera vez que aparecen rotuladas como tales Bulerías fue en un disco de Pastora Pavón la Niña de los Peines, reina primera del estilo, grabado en 1910.

En general, muchas cantiñas gaditanas y hasta tangos acabarán dando el salto a Bulerías. La Bulería es un estilo que come de todo y todo lo asimila. Un cajón de sastre para el Flamenco.

González Climent añade, como variantes regionales, las de Granada, las malagueñas y las de Triana, mientras que las de Utrera y Lebrija se hacen más pastueñas, remarcando los acentos básicos. Entre las numerosísimas variantes escogemos algunas que aparecen en la discografía flamenca, tales como bulerías arrieras, cortas, con fandango, festeras, gitanas, al golpe, del molinero, de la molinera, navideñas, por peteneras, de la Alameda, del Albaicín, de Arcos, de Cádiz, de Córdoba, del Estrecho, de Granada, de Huelva, de Jerez, de Málaga, de los Puertos, del Sacromonte, de Sevilla, de Utrera.

Las Bulerías admiten todo tipo de tonalidad, sin embargo, la más característica es el modo Flamenco, siendo en Cádiz donde predominan las acompañadas en modo mayor. A la hora de interpretar cualquier cantable en el aire de las Bulerías, si este es en tono menor, así se meterá por Bulerías.

Como cajón de sastre que es, las Bulerías admiten todo tipo de letras, predominando la tercerilla octosilábica.

 

 

Fuentes:

 

• Tarantosbarcelona.com

• Flamenco.plus

 


 



























 






















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