Demasiadas Noches 13 (FM Identidad)
En su haber tenía dos guerras, un valiente compromiso con la izquierda política a pesar de su paso por la mítica agencia de detectives Pinkerton -germen del FBI- y una mala salud de hierro macerada en alcohol pero, sobre todo, cinco novelas y dos libros de relatos con los que sentó las bases de un nuevo género. Antes de Hammett, existía la novela policíaca, aquella que cultivaron Edgar Allan Poe o Agatha Christie, de detectives desdeñosos con ayudante algo bobalicón que desprecian a la policía y cuya mente prodigiosa se revela capaz de desentrañar los más retorcidos crímenes.
"En cambio, el detective de negra suele ser un tipo solitario, desengañado, y ese modelo lo inventó Hammett con Sam Spade. Le metió músculo a la novela policiaca y la convirtió en un testimonio social", afirma a Efe el escritor David Torres, merecedor en 2008 del premio Dashiell Hammett que otorga la Asociación Internacional de Escritores de Novela Policíaca. Para Torres, Spade es el detective por excelencia, y el resto, "variacones más o menos afortunadas" de este personaje "más filósofo que policía", que se mueve en las tinieblas, que ha de decidir constantemente entre el bien y el mal hasta el punto de entregar a la justicia a la mujer que ama.
La aparición de semejante personalidad no escapó al séptimo arte, y en 1941 Humphrey Bogart se enfundó la gabardina de Spade en "El Halcón Maltés" bajo las órdenes de John Houston. Si Hammett fue el padre de la novela negra, con esta película Houston fue, sin duda, el del cine negro. Hammett inventó también un nuevo lenguaje: diálogos que son todo aristas, cortantes y secos -"echan chispas", dice Torres- mientras su protagonista patea las calles a trompicones, de charco en charco, para encontrar a un criminal a la vez que descubre "que en realidad es la sociedad la que está podrida".
Y es que fue el escritor quien, como recuerda Torres, inició una "larga y compleja estirpe de escritores que usaron el género negro no tanto para resolver un misterio como para descubrir la podredumbre del entramado social y las miserias del alma humana". Porque Dashiell Hammet desconfiaba de su sociedad, como escribió en su panegírico la dramaturga Lillian Hellmann, con la que mantuvo una relación extramatrimonial de varias décadas: "No pensaba bien, tal como ya sabéis, de la sociedad en que vivimos, pero incluso cuando ella lo castigó no se quejó, y no le tenía miedo al castigo".
"Nunca mintió, nunca fingió, nunca se rebajó"
"Creía en el derecho del hombre a la dignidad y jamás, durante toda su vida, jugó a otro juego que al suyo propio: nunca mintió, nunca fingió, nunca se rebajó", leyó Hellmann en el funeral de Dash. Además, pese a que despreciaba profundamente la violencia, fue quien la introdujo explícitamente en la literatura criminal, donde hasta entonces aparecía velada, sugerida.
Hammett dejó un legado que va mucho más allá de El Halcón Maltés: creó al "agente de la Continental", protagonista de "Cosecha Roja" y de varios relatos, a la pareja formada por Nick y Nora Charles (El hombre delgado) y al detective Ned Beaumont de La llave de cristal. Desde 1934 a su muerte no volvió a publicar nada memorable. O como diría Josephine Hammett en la biografía que escribió sobre su padre, "no dejó de escribir, no hasta el final de su vida, lo que dejó de hacer fue acabar lo que escribía".
Estas son las tres novelas de Hammett llevadas al cine:
El Halcón Maltés: posee tres versiones: 1931, 1936 y 1941. En 1936 el film se llamó “Satan Met a Lady”, pero sin dudas, la de 1941, protagonizada por Bogart, es la más célebre.
The Glass Key: dos versiones de 1935 y 1942.
The Thin Man: 1934, esta última la protagonizaron William Powell y Mirna Loy.
Excluyendo al personaje the Powell en “The Thin Man” (gallardo, cortés, afable), el héroe típico de Hammett es hosco, duro y brutal, como los personajes que persigue y el universo que lo rodea, el ambiente siempre es pesimista, envuelto con una sensualidad brutal, es decir, los personajes parecen carecer de emociones.
En 1931, Hammett comienza su relación con el cine, arreglando un contrato con la Paramount, para que sus historias breves lleguen a la pantalla. La primera de estas la dirige Rouben Mamoulian y es el memorable melodrama “City Streets” de 1931, protagonizado por Gary Cooper. En los años siguientes, Hammett no logra relatos originales pero, en 1943 escribe un excelente guion cinematográfico: “Watch on the Rhine”, basado en la obra de Lillian Hellman. Por cierto que Hellman y Hammett tuvieron una extensa relación sentimental, a pesar de que el escritor estaba casado con una enfermera y tenía dos hijas. “City Streets” fue protagonizado por Bette Davis. La historia trata sobre un matrimonio que es perseguido y acosado por agentes nazis en Washington.
La historia arranca en 1929, cuando la Orden de los Caballeros Templarios de Malta, rinde tributo a Carlos V de España, enviándole un halcón de oro, que posee incrustaciones de diversas y exóticas joyas desde su pico hasta su garra, pero los piratas se apoderaron del barco que trasladaba este inapreciable obsequio y, a partir de ese momento el destino del Halcón Maltés se perdió hasta estos días.
En los tiempos actuales, en San Francisco, el detective Sam Spade recibe la visita de diversos personajes, todos interesados en hallar “una figura negra de pájaro”. Todos ofrecen diversas sumas de dinero. El afeminado Joel Cairo oferta 5000 dólares, el Hombre Gordo mejora la oferta: 25000. Incluso una mujer, que no parece estar relacionada con el halcón, pero provocó la muerte del socio de Spade, parece estar involucrada en la búsqueda del objeto. Por lo pronto, ella no se presenta con su verdadera identidad.
El Hombre Flaco (1934) Un detective retirado y su esposa, pasan unas vacaciones en Nueva York. Ante ellos se presenta una mujer, pidiéndoles ayuda para encontrar a su padre, un inventor desaparecido hace unos meses atrás. El hombre en cuestión estaba trabajando en un proyecto muy importante.
Nick invitó a los sospechosos a su casa, aprovechando la cena para develar el misterio, forzando al asesino a confesar sus crímenes. Este film recibió nominaciones a Mejor Película, Mejor Actor, Mejor Director y Mejor Guion Adaptado.
En 1983, Frederic Forrest hizo el papel de Hammett, dirigido por Wim Wenders. Aquí el propio Hammett protagoniza la investigación, metiéndose en la piel de los detectives, que él mismo creó en sus hisorias. El film se basa en una novela de Joe Cores de 1964. La producción ejecutiva estuvo a cargo de Francis Ford Coppola, en plena crisis del zoetrope.
Luego de un concierto en Bretaña conocieron a Yann Hamon;, quien se convirtió en su manager. El sello Delabel los descubrió y los contrato, y en abril de 1997 apareció “Louise Attaque”, el primer disco del cuarteto, que vendió más de 400 mil copias, por lo que las expectativas del grupo fueron ampliamente sobrepasadas. El disco se convirtió en doble platino.
Lejos de las grandes máquinas de promoción, los Louise Attaque se hicieron su lugar dentro del mundo del Rock, en consonancia con el Pop acústico y con la música de Passion Fodder, Noir Dèssir y Mano Negra.
Gaëtan Roussel pretendió que el nombre elegido para el grupo estuviera destinado a asumir un poco la femineidad que la mayoría de los grupos de Rock rechazan, aunque en realidad se trata de una especie de homenaje al grupo norteamericano Violent Femme, que influenció al cuarteto.
Después de su primer álbum de 1997 y algunas perlas como “J't'emmène au vent”, “Amour” o “Léa”, en el 2000 apareció su segundo trabajo llamado “Comme on a dit”, con canciones como “Tu dis rien”, “La ballade de basse” o “Du nord au sud”.
Sus siguientes discos fueron “À plus tard crocodile”, de 2005, y “Anomalie”, de 2016.
Léa
Léa
No es terrorista, no es antiterrorista
No es integrista, no está sola en el mundo
Ella es mala hasta los huesos, no es como Aude
Ella no está fría
Ella no está atractiva para el desnudo realista
Ella no es acreedora
Ella no es mala, pero es una pesada
Léa
No es un temporal, no es como mi madre
Ella es transitoria, ella es pacifista
Ella no está de acuerdo, es apasionada
Ella no es muy astuta, es patética
A ella no le gustan mis defectos
Ella no es solitaria, no es solidaria
Ella es perezosa, no es recíproca
Ella no está embarazada, no es de la región PACA
Ella se fue volando
Léa
Es parisina, no es presentable
Ella no es bonita, tampoco es feúcha
Ella no es de izquierda ni de derecha
Ella no es torpe
Léa
No es terrorista, no es antiterrorista
Ella no es bonita, tampoco es feúcha
Ella no siempre es chistosa, no es libre
Ella no está tensa, es paternalista
Ella no está inspirada, es paciente
Ella no es un objetivo, no hace política
Léa
Es parisina, no es presentable
Ella no es bonita, tampoco es feúcha
Ella no es de izquierda, no es de derecha
Ella no es torpe
Ella no lo robó, sobrepasa a su oponente
Ella es un pasatiempo, no es estable
Ella no es pasable, no está por todos lados
Ella dice que se irá o que ni siquiera ha venido
Ella es partisana, no se puede ordenar
Y no te lo he dicho antes
Ella es parisina, ella es parisina.
Bajo el set de focos cruzados, la batería de Jorge “Maggoo” Araujo, el bajo de Diego “Cóndor” Arnedo y la guitarra de Ricardo “Tolo” Mollo, parecen tres músicos más sobre el escenario. La ilusión óptica y auditiva convierte al trío típico de Rock and Roll, en sexteto que lo puede todo. Y, en el centro, como una bola de fuego en la que el público puede quemarse con el placer de un bonzo, la crudeza de un sonido con las bondades de una aplanadora y letras, de lengua críptica, pero que en las estadísticas finales todos entienden. El lenguaje de una tribu unida.
Los Divididos se dan el lujo de tocar lo que les viene en gana. Pero nada de eclecticismo, adiós a la versatilidad gratuita y fácil. La variedad del grupo es distinta: no consiste en sobarse el ego los unos a los otros para saber de su talento como instrumentistas, sino que el sonido de la banda impregna todo lo que toca. Como un Midas del Rock, cada cover, cada canción folklórica es ganada sin coimas para su repertorio.
Así, “Light my fire”, de los Doors, se carga de un valor intransferible, “Voodoo Chile”, de Hendrix, funciona como homenaje al guitarrista de Seattle, pero su sonido se cuela también en “El arriero”, de Atahualpa Yupanqui. Suena un Chamamé rockero a la par del acordeón del Chango Spasiuk, o “Cielito lindo”. Y un Gato, una Zamba o una Chacarera con bombo evoluciona hasta transformarse en un duelo de baterías.
Diego Arnedo y Ricardo Mollo fueron y serán integrantes de Sumo, la banda de seis que con Luca Prodan, peladísimo y de talento feroz, dejó algunas de las más bellas canciones de la música Rock de acá. Pero, Luca murió el 22 de diciembre de 1987, y desparramó un invierno helado sobre las almas de los otros cinco que se resistirán para siempre de que los tilden de ex.
15 años atrás, en 1988, la primera formación de Divididos: Mollo, Arnedo y Gustavo Collado en batería, se presentaba en el bar “Rouge” de San Pedrito y Ramón Falcón, frente a un público rugiente y ajeno. El público había ido a ver otra cosa, había ido a corroborar si la noticia de que Luca Prodan había muerto no era un chiste.
En 1992, la encuesta del suplemento “Sí” de Clarín la declaró la mejor banda.
En junio del 93 grabaron “La era de la boludez”. El disco es una esferita inocente en tonos naranja y rojo. Chacareras, Reggae y Rock and Roll. Pero, si se lo mira con cuidado, el disco muestra un germen destructivo. El quinto tema “¿Qué ves?”, empezó a sonar en todas las radios y se puso al tope de los rankings. Fue cortina de programas, música de cumpleaños, casamientos, bautismos y confirmaciones. Amas de casa, secretarias ejecutivas, comisarios de a bordo y obreros metalúrgicos cantaban aquello de “La prensa de Dios lleva poster central”. Una mala tormenta arrasó con los tres, más acostumbrados a cabalgar en pelo sobre la costra fuerte de los días del oeste que sobre el glamour de la fama. Se vendieron 200 mil copias, hicieron 13 recitales en Obras a razón de 3 cada 45 días. 15 mil personas iban a verlos en esos fines de semana mitológicos. El público se multiplicó por mil y ellos, con el alma envenenada, llegaron a un sitio a donde no estaban seguros de querer llegar. Los encontronazos con el baterista Gil Solá eran un secreto a voces. Las cosas estallaban en los ensayos y hasta en los escenarios. A pesar de las peleas siguieron con los recitales, pero para demostrar que eran fieles a su tribu, no tocaban ¿Qué ves?
Las cosas comenzaban a mostrar su lado oscuro. Gil Solá salió de la banda y llegó Jorge Araujo. Permanecieron mucho tiempo inactivos y se despedazaron con la grabación de un disco difícil de olvidar: “Otroletravaladna”. Entonces las cosas se fueron al infierno. Sin embargo, el disco vendió 40000 copias.
Pasaron de las 15000 personas cada 45 días del disco anterior, a tocar en Dr Jeckill para 300 personas. La Aplanadora del Rock, la banda más hermosa de tu calle se caía a pedacitos. Dicen que no sentían el fracaso, que hicieron de cuenta que empezaban de nuevo mientras que el público se retiró como el mar cuando baja con la marea.
A comienzos de 1998 firmaron contrato con BMG y grabaron el disco “Gol de Mujer”, que es distinto una vez más. Las canciones están separadas de a tres por pequeñas, desopilantes y perfectas del folklore nacional.
El 20 de mayo de 1997, se creó cierta expectativa acerca de un recital que Divididos y Las Pelotas darían en la ciudad de Montevideo. La fecha coincidía con el cumpleaños de Luca Prodan y el morbo del reencuentro se agrumó en la sangre, con buenas y malas intenciones. Público, prensa y organizadores especulaban con que, a la hora de los bises, tocaran juntos algunos de aquellos temas. Pero, no sucedió porque se quiso hacer una reunión de Sumo sin Luca Prodan. El 7 de enero de 1998 Arnedo pensó que se moría y el grupo se llenó de desconcierto. Otra vez el aliento de la enfermedad y la muerte. Ese día tenían que tocar en Buenos Aires vivo. Arnedo sintió un dolor y consultó a un doctor que le dijo que debía internarse porque tenía pancreatitis. Pasó cinco días en terapia intensiva, sin embargo, el 28 de febrero de ese año, en Buenos Aires vivo Arnedo volvió a tocar con hambre de desquite. Lo que sucedió en la intersección de Alcorta y Pampa no tuvo antecedentes: un río de 100 mil personas.
En septiembre del 99 se trasladaron a Londres donde grabaron y mezclaron íntegramente en los estudios Abbey Road su sexto disco, “Narigón del Siglo”, editado el 15 de marzo de 2000. Este disco incluía “La ñapi de mamá”, un impresionante retrato de Buenos Aires, “Como un cuento”, un Reggae lento, y “La firma del opa”, una pequeña broma de entrecasa.
A finales del 2000, Polygram lanzó “Viveza criolla”, que es un disco en vivo.
En el 2002 apareció su nuevo disco llamado “Vengo del placard de otro”. “Cajita musical” es el primer single de este álbum formado por catorce temas, que no pierden el hilo del estilo al que nos tienen acostumbrados, con letras que van desde lo irónico, crudo y humorístico que es más que la observación de lo tragicómico de nuestra realidad.
El jefe de estación la llevó al depósito de equipajes. Era grande pero pesaba muy poco, como si estuviese vacía. Estaba cerrada con llave. No llevaba nombre ni etiqueta alguna. Era antigua y tenía el exterior muy desgastado. Daba la impresión de haber corrido mucho mundo. Vino la noche. Nadie se presentó en busca de la maleta.
Pasaron seis días. Nadie reclamó la maleta ni preguntó por ella. Llegada la noche del séptimo día, el jefe de estación, tras comprobar que nadie le veía, decidió abrirla. Se lo prohibía el reglamento que tenía colgado en su despacho, pero su curiosidad era más grande a cada hora.
– Seguro que está vacía –pensó mientras la colocaba sobre el mostrador de la consigna–. Pero hay algo en ella que me intriga. No es una maleta normal, ni mucho menos.
Con ayuda de un alambre delgado consiguió forzar las cerraduras. Antes de levantar la tapa dudó. Nunca había abierto clandestinamente una maleta. Tuvo escrúpulos. Sintió aprensión. Le costó un buen rato decidirse.
Al fin, con un gesto rápido, procedió.
Estaba, sí, vacía, o casi. Había algo dentro, un papel cosido a la tela del forro. En él pudo leer: Has abierto una de las maletas del hombre invisible. Un acto temerario por tu parte. Procura que no deje huella. Ciérrala inmediatamente; déjala donde la encontraste y no hables a nadie de lo sucedido. Ciertos hechos tienen que pasar inadvertidos.
El jefe de estación, impresionado, cerró la maleta en seguida. Miró a su alrededor. Estaba solo, pero se sentía observado. En cada sombra veía un posible delator. Fuese o no aquello una broma, se sabía en falso.
Protegido por la penumbra, llevó la maleta hasta el lugar del andén donde la había encontrado siete días antes.
Luego simuló retirarse a descansar tranquilamente, pero miraba de reojo a todas partes. Después, cuando se convenció de que nadie le seguía, dio un rodeo. Buscaba un escondrijo donde quedar al acecho.
Pronto lo encontró. Se introdujo en la cantina. Estaba solitaria y a oscuras. A través de los cristales, a una cierta distancia, veía la maleta. Nadie se acercó a ella.
Estuvo largo tiempo vigilando. Nada raro vio. Dieron la una y las dos. La maleta continuaba en su sitio. Dieron las tres: todo igual. Más tarde se durmió.
Al día siguiente la maleta ya no estaba allí. No hubo manera de saber quién se la había llevado. Solo el jefe de estación, para sus adentros, se creía medio capaz de adivinarlo.
estudiaron cuidadosamente la documentación recibida y respondieron, en un e-mail seco y directo:
“¡Descongelen el pollo!"