miércoles, 5 de noviembre de 2014

Movimiento Rupestre (México)



Un hombre llamado Rodrigo González, mejor conocido como Rockdrigo, tenía lo que cualquier rockero necesitaba para tocar: muchas ganas. Junto a un grupo de otros músicos como él, se dieron cuenta que querían vivir de la música, pero que no tenían dinero para grabar, nadie se fijaba en ellos para llamarlos de una disquera y ni siquiera para comprar instrumentos de gran calidad. Allí nació el estilo musical mexicano mejor conocido como Movimiento Rupestre, que surgió de la intención de hacer Rock y nada más. Fue hacia finales de 1983, cuando un grupo de jóvenes presentaron su propuesta, acompañados de guitarras, armónicas, acordeones y teclados viejos, pero con una gran riqueza en sus letras, con la intención de hablar de las cosas que nadie hablaba: la pobreza, los inútiles y abusivos sistemas políticos y la inconformidad de la clase humilde de la ciudad de México. Su estilo musical estaba más próximo al Folk y sus letras son del mismo tono que las del Movimiento Urbano, aunque mucho menos difundidas y quizás más subidas de tono.  El apelativo de “Rupestre” provino de un ciclo realizado en el Museo del Chopo, por iniciativa de Ángeles Mastretta y Jorge Pantoja entre otros, quienes nombraron al ciclo como II Festival de la Canción Rupestre. El mismo se llevó a cabo el 15, 16 y 22 de noviembre de 1983, y en él participaron Rodrigo González, Roberto González, Jaime López, Cecilia Toussaint, Eblen Macari, Rafael Catana, Mario Mota, Fausto Arrellín, Guillermo Briseño, Alejandro Lora, Roberto Ponce y Gerardo Enciso, quienes imitaban de buen grado los sonidos suaves y amargos del Blues, con la dureza de las guitarras eléctricas y letras agrias de las zonas marginadas de México DF.
El también llamado “Colectivo Rupestre” fue definido por Rodrigo González como músicos marginados que querían romper con el panfleto y las etiquetas que casi todos los artistas acostumbraban a usar para identificarse con los demás. No contaban con recursos económicos para grabar y mucho menos, para ser independientes, vivían de la música y pretendían darle un nuevo enfoque para hablar más de lo cotidiano, de lo espiritual y de lo urbano. No es que los Rupestres se hayan escapado de un Museo de Ciencias Naturales, ni mucho menos de uno de Antropología, o que hayan llegado de los cerros escondidos en un camión lleno de gallinas. Se trata solamente de un membrete que se cuelgan aquellos que no son muy guapos, ni tienen voz de tenor, ni componen como las grandes cimas de la sabiduría estética. Parte del legado de Rockdrigo son dos músicos más o menos conocidos gracias a Internet: Armando Palomas y Gerardo Enciso. De una forma u otra, los Rupestres estuvieron muy ligados al movimiento literario “la onda”, encabezado por José Agustín. De igual forma, algunos de los compositores rupestres aparecieron en varias películas de la época. Una de las más significativas fue “¿Cómo Ves?”, dirigida por Paul Leduc. Los Rupestres fueron parte de un fuerte movimiento que sucedió en aquella época, no sólo políticamente sino también artísticamente. En esos momentos había miles de artistas buscando retratar a la cambiante juventud mexicana. Aunque los estetas más finos dirán que este movimiento no es arte ni musical ni literario, no pueden negar en ningún momento su intención expresiva y sus elementos poéticos en el momento de la creación.




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