Música Clásica - Director de escena
Hace años, bastantes ya, uno iba a ver tal o cual Ópera y siempre se añadía el nombre del compositor. Hoy esto ha cambiado. Muchos aficionados dicen, por ejemplo, que han visto la “Carmen” de Bieito. Ya se sabe que “Carmen” es de Bizet y que la partitura es la que es, pero interesa ver la visión del Director de Escena, y si es alguien como Calixto Bieito, aún más. Por eso hoy vamos a hablar del Director de Escena.
El Director de Escena hace lo mismo que haría un director de cine o teatro. Decide como presentar el drama ante el público. Determina los movimientos de los actores. Define en qué modo han de expresar físicamente aquello que están interpretando vocalmente. Debe, en suma, dar una unidad global a todo el espectáculo. Una buena dirección de escena puede ayudar a captar la atención del público, y es fundamental.
En una representación de Ópera, para dar un resultado artístico, que es lo que, en definitiva, ve el espectador, se combinan muchos elementos. En la relación que sigue, se resume qué componentes puede verse al asistir a una función lírica:
• Director de orquesta; • Cantantes, bailarines, mimos, etc.; • La orquesta; • El entorno en el que se ubican los personajes y como se mueven (escenografía); • Los efectos de luz (iluminación); • Los aparatos escénicos (tramoya); • Qué ropa llevan (vestuario); • Los muebles, cuadros, armas y objetos diversos (utilería o atrezzo); • La traducción simultánea.
Como puede verse, montar una Ópera, es un proceso muy complejo en el que intervienen muchas personas. Bastantes de ellas, realizan una labor interna, sin que pueda verla el público. Para organizar este complicado trabajo, hay dos máximos responsables: el Director Musical, que lleva todo el peso de la música, y el Director de Escena, que carga con lo que sucede en el palcoescénico.
Las funciones de un Director de Escena son: • Mediar entre libreto y espectador, al representar el texto sobre el escenario; • Asegurar la calidad visual del producto teatral; • Supervisar y dirigir el montaje de la obra; • Unificar criterios; • Aunar conductas; • Materializar esfuerzos; • Discutir aspectos relacionados con la producción; • Sujetarse a lo escrito. Su propia libertad de expresión no cuenta; • Ser creativo en el escenario. Mismo caso del director de orquesta, interpretando una partitura; • Sus decisiones son siempre interpretativas; Encontrar una forma propia de expresar el texto en el escenario; • Demostrar su autoridad, siendo capaz de evidenciar en el texto, todo lo que no es evidente para los demás; El Director de Escena de Ópera, es obvio, que debe tener cualidades especiales para lo auditivo y que eso se note en sus montajes; • El ser Director de Escena, no implica ser, además, escenógrafo, pero sí debe tener conocimientos sobre la materia.
De las dos figuras principales que marcan el montaje de una Ópera, queda por determinar, quien de ellos manda más. Tradicionalmente lo hacía el responsable musical. Hoy en día, están en el mismo plano.
Esta característica de dirección bicéfala, exclusiva de la Ópera, afecta a más de un Director Escénico, acostumbrado a ser el único eje regulador de un espectáculo. A veces, no resulta fácil que ambos directores lleguen a un acuerdo feliz.
Algunos directores escénicos son muy ignorantes del trabajo musical y vocal, aspecto que contrasta con el resto del equipo creativo. No tienen la menor idea de la tradición operística o de su historia. Incluso hay quien no habla el idioma de la Ópera que dirige. No son capaces de seguir una partitura. Y no saben qué define la obra del compositor con el que están trabajando.
Por el contrario, otros Directores de Escena sorprenden por su estrecha y especial relación con la música. Es el caso de Ingmar Bergman, quien inició su carrera profesional como asistente en la Ópera Real de Estocolmo. Él es una excepción.
La figura de Director de Escena, se consolidó, en la historia, a principios del siglo XX. Antes eran los actores o los propios dramaturgos, los encargados de esa función. Hoy el Director de Escena, es considerado vital en la creación teatral. Hasta tal punto, que son los reyezuelos actuales de la Ópera. Han destronado a las “prime donne”. En general, puede decirse de la mayoría, que cumplen divinamente su función.
En la antigua Grecia, cuna del drama europeo, el autor era el principal responsable de la puesta en escena de sus obras. Los actores solían ser semiprofesionales, y el director supervisaba el montaje desde la escritura hasta la representación, actuando a menudo también en ellas, como hizo Esquilo, por ejemplo. El autor-director también formaba al coro, a veces componía la música y supervisaba todos los aspectos de la producción. El hecho de que al director se le llamara didaskalos, palabra griega que significa “maestro”, indica que la labor de estos primeros directores combinaba la instrucción de los intérpretes con la puesta en escena de sus obras.
En la época medieval, la complejidad del drama religioso vernáculo, con sus misterios a gran escala, que a menudo incluían escenas multitudinarias, procesiones y elaborados efectos, otorgaba una importancia considerable al papel del director (o regidor de escena o maestro de ceremonias). Una miniatura de Jean Fouquet de 1460 muestra una de las primeras representaciones de un director en acción. Sosteniendo un libro de apuntes, la figura central dirige, con la ayuda de un largo bastón, la puesta en escena de una dramatización del Martirio de Santa Apolonia. Según Fouquet, las tareas del director incluían supervisar el montaje del escenario y la escenografía (en aquella época no existían estructuras teatrales permanentes construidas específicamente para este fin, y las representaciones de drama vernáculo se realizaban principalmente al aire libre), seleccionar y dirigir a los actores (lo que incluía multarlos por infringir las normas) y dirigirse al público al comienzo de cada función y después de cada intermedio.
Se puede decir que el director de teatro moderno tuvo su origen en la puesta en escena de los elaborados espectáculos de la Compañía Meininger bajo el reinado de Jorge II, duque de Sajonia-Meiningen. La gestión de un gran número de extras y la complejidad de la puesta en escena requerían que una persona asumiera el rol de coordinador general. Esto dio lugar al rol del Director de Escena moderno, y Alemania proporcionaría una plataforma para una generación de Directores de Escena visionarios emergentes, como Erwin Piscator y Max Reinhardt. Simultáneamente, Konstantin Stanislavski, principalmente actor y gestor teatral, fundaría el Teatro de Arte de Moscú en Rusia y, de manera similar, emanciparía el rol del director como visionario artístico.
El término francés Regisseur también se usa a veces para referirse a un Director de Escena, sobre todo en Ballet. Un término más común para Director de Escena en francés es Metteur en Scène.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la figura del actor-director comenzó a desaparecer paulatinamente, y la dirección se consolidó como una actividad artística de pleno derecho dentro del mundo del teatro. El director, creador de la visión y el concepto artístico, y responsable de la puesta en escena, se convirtió en la norma, no en la excepción. Figuras clave en la emancipación de la dirección teatral como profesión fueron directores destacados del siglo XX como Vladimir Nemirovich-Danchenko, Vsevolod Meyerhold, Yevgeny Vakhtangov, Michael Chekhov, Yuri Lyubimov (Rusia), Orson Welles, Peter Brook, Peter Hall (Gran Bretaña), Bertolt Brecht (Alemania), Giorgio Strehler y Franco Zeffirelli (Italia).
El famoso director Sir Tyrone Guthrie introdujo una nota de advertencia diciendo que “la única manera de aprender a dirigir una obra de teatro es... conseguir un grupo de actores lo suficientemente sencillos como para que te dejes dirigir por ellos y dirigir”.
Debido a la aparición relativamente tardía de la dirección teatral como profesión de las artes escénicas en comparación con, por ejemplo, la actuación o la música, el auge de los programas de formación profesional en dirección se observa principalmente en la segunda mitad del siglo XX.
Actualmente, la mayoría de los países europeos cuentan con algún tipo de formación profesional en dirección, generalmente en escuelas de arte dramático o conservatorios, o en universidades. En Gran Bretaña, la tradición de que los Directores de Escena se formen a partir de licenciaturas (generalmente en literatura inglesa) en las universidades de Oxford y Cambridge ha significado que, durante mucho tiempo, la formación profesional no se impartiera en escuelas de arte dramático ni en centros de artes escénicas, si bien se observa un aumento en los programas de formación para Directores de Escena desde las décadas de 1970 y 1980.
En las universidades estadounidenses, el programa de dirección de la Escuela de Arte Dramático de Yale, un referente en el sector, formó a varios directores pioneros con doctorados en Bellas Artes y maestrías en Arte Dramático (en lugar de Literatura Inglesa) que contribuyeron a la expansión de los teatros profesionales residentes en las décadas de 1960 y 1970. En sus inicios, estos programas solían culminar con la puesta en escena de una gran producción de tesis en el tercer (último) año.
Como en muchas otras profesiones de las artes escénicas, los Directores de Escena suelen adquirir sus habilidades sobre la marcha; para ello, los teatros a menudo contratan ayudantes de dirección en prácticas o cuentan con programas de formación internos para capacitar a jóvenes directores. Ejemplos de ello son el Royal National Theatre de Londres, que organiza con frecuencia cursos cortos de dirección, o el Orange Tree Theatre y el Donmar Warehouse en el West End londinense, que contratan ayudantes de dirección residentes durante un año con fines formativos.
La dirección es una forma de arte que ha evolucionado con el desarrollo de la teoría y la práctica teatral. Con la aparición de nuevas tendencias en el teatro, los directores también han adoptado nuevas metodologías y se han involucrado en nuevas prácticas. A finales del siglo XX, la interpretación del drama se había convertido en un elemento central del trabajo del director. El relativismo y la teoría psicoanalítica influyeron en la obra de directores innovadores como Peter Brook, Ingmar Bergman, Peter Hall, Peter Stein y Giorgio Strehler.
Fuentes:
• Miscelaneaoperistica.blogspot.com
































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