Bezemdans (Bélgica)

 


El Carnaval de Aalst, celebrado anualmente en la región flamenca de Flandes Oriental, Bélgica, representa uno de los eventos culturales, folklóricos y satíricos más importantes y singulares de Europa occidental.

Dentro de esta compleja arquitectura festiva y ritual, el lunes de carnaval ocupa un papel fundamental para la conservación de la identidad cultural de Flandes. Es precisamente en este segundo día cuando se ejecuta uno de los números coreográficos y performativos más significativos de todo el ciclo festivo: la Bezemdans, cuya traducción literal y conceptual al castellano corresponde a la Danza de las Escobas.

Lejos de constituir un mero número de entretenimiento turístico o un pasatiempo espontáneo, la Bezemdans encarna una compleja amalgama de simbolismo agrario ancestral, rituales de purificación comunitaria y una rigurosa afirmación identitaria frente a los cambios sociales contemporáneos. La ejecución de esta danza exige una preparación rigurosa por parte de sus cultores, quienes preservan celosamente las técnicas corporales, los ritmos y las características artesanales de sus indumentarias, transmitiendo este valioso patrimonio cultural de generación en generación dentro del tejido social de Aalst.

Para comprender en su justa medida la magnitud y la ejecución de la Bezemdans, resulta indispensable analizar de manera exhaustiva al grupo humano que detenta la exclusividad de su interpretación: los Aalsterse Gilles. Estos personajes constituyen el núcleo central y más emblemático del folklore del lunes de carnaval en la ciudad. Aunque comparten ciertas similitudes superficiales en su nomenclatura y en la estructura general de sus trajes con figuras homónimas presentes en otras regiones de Bélgica –como la región de Valonia–, los Gilles de Aalst poseen una identidad cultural propia, estrictamente vinculada a las tradiciones históricas de Flandes Oriental. Los miembros que integran esta cofradía dedican gran parte del año a la confección artesanal de sus atuendos y a la práctica rigurosa de las coreografías, convirtiendo su participación en un acto de devoción comunitaria y orgullo cívico.

La indumentaria de los Aalsterse Gilles destaca por su abrumadora complejidad visual, su peso físico considerable y su riqueza cromática. Los trajes están confeccionados utilizando telas pesadas y resistentes, predominando de manera absoluta los colores primarios y secundarios brillantes –tales como el rojo intenso, el amarillo oro y el azul cobalto–, los cuales se combinan con cientos de motivos geométricos y aplicaciones de fieltro bordadas a mano.

Como elemento distintivo de su ornamentación, las prendas incorporan miles de pequeñas lentejuelas, abalorios de vidrio y espejuelos que reflejan la luz del sol durante los desfiles diurnos por las calles adoquinadas. El torso de los participantes se encuentra deliberadamente acolchado con relleno textil, lo que confiere una silueta robusta, ancha e imponente a los danzantes, transformando su apariencia física en una figura de proporciones casi monumentales.

La estructura de la cabeza y el rostro constituye otro de los elementos más complejos de la indumentaria de los Gilles. El sombrero que corona el atuendo es una pieza monumental y pesada, adornada con un número masivo de plumas de avestruz reales que pueden superar fácilmente el centenar por unidad, elevando al danzante varios metros por encima del suelo y exigiendo una notable resistencia cervical. El rostro del participante se oculta tras una máscara tradicional elaborada con alambre de malla fina y cera moldeada, pintada minuciosamente para representar facciones estereotipadas con bigotes finamente delineados y mejillas sonrosadas, evocando la estética de la sátira burguesa del siglo XIX. Finalmente, como calzado, los bailarines emplean los tradicionales zuecos de madera maciza, conocidos localmente como “blokken”. Estos zuecos no cumplen una función meramente decorativa o de atrezo, sino que actúan como un instrumento de percusión corporal indispensable para marcar el ritmo sincopado de la danza sobre el pavimento.

La puesta en escena de la Bezemdans se lleva a cabo de manera tradicional durante la jornada del lunes de carnaval, congregando a una multitud masiva de espectadores locales y visitantes extranjeros en la plaza principal de la ciudad, la histórica Grote Markt. El momento cumbre de la representación se sitúa habitualmente en las primeras horas de la tarde, coincidiendo con el desarrollo del desfile principal del lunes (Maandagsstoet). Cuando los Aalsterse Gilles irrumpen en la plaza central, el bullicio general de la multitud disminuye momentáneamente para dar paso a la expectación colectiva generada por el inicio de este ritual coreográfico estrictamente codificado y heredado de los antepasados flamencos.

La danza gira en torno a un objeto utilitario de la vida rural transformado en instrumento ritual: la escoba tradicional, elaborada con cerdas compactas de brezo o paja corta ajustadas a un mango de madera rústica. Los bailarines empuñan este instrumento con ambas manos, utilizándolo simultáneamente como un bastón de apoyo para mantener el equilibrio debido al peso del traje, como un elemento percusivo visual y como un arma simbólica de purificación. La coreografía se estructura mediante marchas cadenciosas, desplazamientos en formaciones circulares y líneas paralelas que recorren el adoquinado de la Grote Markt al compás de melodías interpretadas en directo por bandas municipales de metales y percusión tradicional.

El aspecto cinético y sonoro más fascinante de la Bezemdans radica en la sincronización milimétrica entre el impacto rotundo de los zuecos de madera contra el suelo y el movimiento de barrido rítmico que los bailarines ejecutan con las escobas. Los participantes golpean el pavimento de forma acompasada, generando un sonido sordo, rítmico y potente que resuena en toda la plaza y se funde con los compases de la música popular. Las escobas se agitan enérgicamente hacia el suelo, simulando barrer de forma simbólica la mala suerte, los pecados acumulados durante el ciclo anual anterior y los vestigios del invierno, preparando metafóricamente el terreno para el renacimiento de la primavera.

Los movimientos coreográficos combinan saltos coordinados, giros bruscos y reverencias ceremoniales dirigidas al público congregado en los laterales de la plaza. A medida que la interpretación musical acelera su tempo, la intensidad física de la danza aumenta de forma exponencial, exigiendo un esfuerzo atlético considerable por parte de los portadores debido al peso acumulado del traje acolchado, el sombrero de plumas y los zuecos de madera. Esta demostración colectiva de resistencia, destreza y energía es aclamada efusivamente por la multitud, consolidando los lazos de cohesión social entre los habitantes de la ciudad de Aalst.

Desde una perspectiva antropológica y sociológica rigurosa, la Bezemdans del Carnaval de Aalst cumple múltiples funciones esenciales dentro de la comunidad flamenca. En primer lugar, actúa como un mecanismo fundamental de reafirmación identitaria y preservación patrimonial. En un contexto globalizado donde las festividades locales tienden a la estandarización y a la pérdida de sus rasgos distintivos, la transmisión generacional de pasos coreográficos específicos, la confección artesanal de los trajes y el uso de los códigos tradicionales garantizan la supervivencia de la cultura popular de Flandes Oriental. La danza funciona como un archivo vivo de la memoria colectiva de la región.

En segundo lugar, la Bezemdans posee un profundo carácter catártico, mágico y purificador. El acto de barrer la plaza pública con escobas rústicas remonta sus orígenes más profundos a antiguos cultos paganos de fertilidad y transición estacional, donde la limpieza ritual del suelo constituía un requisito indispensable para asegurar buenas cosechas, la expulsión de los malos espíritus invernales y la prosperidad de la comunidad durante el año venidero. Aunque la Iglesia Católica integró posteriormente estas celebraciones dentro del calendario litúrgico previo a la Cuaresma, los sustratos paganos y agrarios sobre los que se sustenta la Bezemdans han permanecido intactos y vigentes a lo largo de los siglos.

El punto culminante de este ritual dancístico da paso de manera inmediata a otra de las tradiciones más esperadas y concurridas del lunes de carnaval en Aalst: el lanzamiento de cebollas desde el balcón del ayuntamiento, conocido formalmente como el “Ajuinworp”. En este evento, las autoridades locales y el Príncipe del Carnaval arrojan miles de caramelos con forma de cebolla a la multitud congregada, entre los cuales se oculta una pieza única elaborada en oro u otro material noble, denominada la Cebolla de Oro.

De este modo, la Bezemdans no se limita a ser una simple ejecución artística o un espectáculo folklórico aislado, sino que opera como el eje vertebrador sobre el cual descansa la transición entre el jolgorio desenfrenado del domingo y las últimas horas de irreverencia colectiva que preceden al cierre definitivo de las festividades con la quema del muñeco el martes por la noche.

 

 

Fuentes:

 

• Dedansgazet.be

• Aalstersegilles.be

• Oilsjt.be

 


 






















































 

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