El término Ars Nova (del latín, “arte nuevo”) se refiere a un período de la música medieval que floreció durante el siglo XIV, principalmente en Francia. Este movimiento surgió como una reacción y un desarrollo del Ars Antiqua (“arte antiguo”), que había dominado la escena musical en el siglo XIII.
El nombre “Ars Nova” proviene de un tratado musical escrito alrededor de 1322 por el teórico, compositor y obispo francés Philippe de Vitry. En este texto, De Vitry delineó las nuevas reglas de notación rítmica que permitían una complejidad y una flexibilidad sin precedentes. A diferencia del Ars Antiqua, que se basaba en la repetición de patrones rítmicos modales, el Ars Nova introdujo una notación que podía representar cualquier valor rítmico, abriendo un mundo de nuevas posibilidades compositivas.
El siglo XIV, sin embargo, fue una época de gran agitación social y política en Europa. La Guerra de los Cien Años, la Peste Negra y el Cisma de Occidente sacudieron las estructuras de la sociedad, lo que también se reflejó en la música. El Ars Nova, en lugar de ser un simple acompañamiento para las ceremonias religiosas, se convirtió en una forma de expresión de las emociones humanas, a menudo con temas seculares y profanos.
A principios del siglo XIV la música popular y trovadoresca empezó a influir profundamente en el arte erudito que se apoyaba en la doctrina de los grandes teóricos del último período medioeval. Sobrevino así una revolución estética que dio por resultado el que la música fuese convirtiéndose en un arte cada vez más expresivo y menos escolástico. A este período, que comprenden principalmente el siglo XIV, se le denominó período del Ars Nova, para diferenciarlo del período anterior, llamado del Ars Antique.
Una de las más importantes innovaciones del Ars Nova consistió en que los compositores dejaron de considerar como disonante los intervalos de 3as y 6as, así como en el uso cada vez más frecuente que todos ellos hicieron de los modos mayores y menor y de las alteraciones cromáticas de la escala (música ficta). La notación, a su vez, realiza nuevos progresos. Por medio de diversas modificaciones en la forma, la posición la longitud y hasta el color de las notas, los teóricos lograron establecer un sistema de escritura musical que, aun siendo todavía muy imperfecto, y complicado, permitía reproducir gráficamente con exactitud las numerosas exigencias mensuralistas que el nuevo arte polifónico había hecho necesarias. Es este el sistema que, en la teoría musical de la época, se denominó Ars Mensurabilis.
Lo mismo en la lírica provenzal, el Ars Nova francés pasó a Italia, influyendo principalmente los compositores de la escuela florentina. La diferencia esencial entre el estilo florentino y el francés de esta época estriba en que, en las composiciones italianas, predomina el culto por el virtuosismo vocal y la melodía fácil. Los compositores, además, prefieren usar casi siempre elementos musicales que contribuyan a darle mayor gracia y suavidad al conjunto polifónico.
Los tres géneros del Ars Nova florentina, fueron: la Balada (ballata), aire de danza en forma de virelai, generalmente a tres voces, una de las cuales, la voz superior, es cantada, mientras las demás son instrumentales: el Madrigal, canción pastoril y amorosa, cuya forma y característica son muy distintas a las del Madrigal polifónico del siglo XVI; y por último, la Caccia (cacería), pequeño poema descriptivo en el que se celebran los placeres de la cacería y el cual le da ocasión al músico para pintar toda clase de peripecias, haciendo abundante uso del canon y de la imitación contrapuntística. La Caccia puede considerarse como el más remoto antepasado de la Fuga.
El más notable representante del Ars Nova en Florencia fue Francesco Landino (1325-1397), ciego de nacimiento, instrumentista y compositor eminente y no menos notable como constructor de instrumentos, poeta filósofo y astrólogo. Dejó escritas numerosas composiciones profanas a una o varias voces, todas de un estilo muy melódico y popular. Además de Landino, merecen citarse Giovanni de Cascia, Ghirardellus, Andreas, Laurentius y otros muchos compositores cuyas obras se hallan coleccionadas en un célebre manuscrito florentino conocido con el nombre de Códice Squarcialupi, contentivo de más de 3500 composiciones pertenecientes al período del Ars Nova florentino. Todos estos compositores se inspiran en la música popular italiana y su principal mérito está en la espontaneidad de sus melodías.
A partir de la segunda mitad del siglo XIV, la composición musical entró en un período de gran actividad, debido al notable desarrollo que adquieren las escuelas franco-flamencas. El centro principal de difusión de estas escuelas fue la Catedral de Cambrai (norte de Francia). De la cantoría de dicha catedral salieron algunos de los más famosos representantes de este arte, el que pronto se difundió por toda Europa, dejando una profunda huella dondequiera que penetró.
El arte polifónico de estos maestros es aristocrático y refinado. Los recursos técnicos de que se valen son de una gran complejidad. Muy a menudo predomina la habilidad contrapuntística en perjuicio de la expresión musical. Fue durante este período cuando se introdujo la costumbre de escribir composiciones en forma de cánones enigmáticos, cuya interpretación constituía por lo general un verdadero acertijo. La música llegó así a convertirse en una ciencia matemática que se complacía en plantear toda suerte de enigmas, problemas y demás especulaciones que nada tenían que ver con la expresión puramente artística. Con todo, no fueron estériles todas esas especulaciones teóricas, ya que ellas permitieron el desarrollo cabal de la técnica y del lenguaje polifónico, elementos que luego supieron aprovechar los inspirados compositores del período posterior.
John Dunstable (1400-1453), compositor inglés, es considerado como el directo precursor de los maestros franco-flamencos. Tan grande fue su fama, que sus contemporáneos lo celebraron como el “Inventor de la música”. Dunstable compuso obras profanas y religiosas de una escritura clara y sencilla en la que se nota la influencia del fabordón.
Guillaume Dufay (1400-1474), fundador de la primera escuela franco-flamenca, fue también su más alto representante. Durante muchos años permaneció en Roma como cantor de la Capilla Papal. De él se conservan cerca de 150 composiciones, entre religiosas y profanas, en las que se nota mayor expresividad. Dufay le concedió más importancia a la voz superior; compuso sus misas con un solo tema, tomado, bien sea del canto gregoriano, bien de una canción popular. En algunas de sus canciones logró una gran pureza armónica. Su obra más célebre es la misa titulada “Se la face ay pale” (Si tienes pálido el rostro), cuyo tema proviene de una conocida canción popular de la época.
En Alemania, el compositor más importante de la época fue Heinrich Isaac (1450-1517), autor de grandes obras contrapuntísticas y de Lieder corales que son de capital importancia en la historia de este género musical.
La Misa, dividida en cinco partes (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei), se escribió al principio en forma de Motete, sin mayor unidad de estilo. Más tarde se usó un mismo tema o motivo para toda la obra, tema que era tomado del Canto Gregoriano o de alguna canción popular.
El Motete era una forma polifónica cuyo texto consistía por lo general en una cita corta en latín, tomada de algunos de los libros sagrados. Las voces, en este género de composición, debían moverse con absoluta libertad y ofrecer toda la importancia. Prevalecía en el Motete el carácter expresivo. Adaptando las formas y procedimientos musicales del Motete, nacieron la canción polifónica y el Madrigal. La primera no tenía ningún contacto con la canción popular. Su interés principal residía en lo pintoresco y variado de su ritmo. En cuanto al Madrigal, casi siempre de carácter amoroso, fue el género profano que alcanzó mayor importancia y difusión. El estudio de su desarrollo pertenece a la historia de la música en el siglo XVI.
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