El estudio de las expresiones musicales tradicionales en los Andes peruanos exige una revisión profunda de las particularidades regionales que definen el paisaje sonoro de cada departamento. En el caso específico de Ancash, territorio ubicado en la sierra centro-norte del Perú y geográficamente delimitado por la Cordillera Blanca y la Cordillera Negra, la manifestación folklórica por excelencia es la Chuscada.
Los antecedentes históricos de esta manifestación se hunden en las prácticas musicales prehispánicas de las sociedades que habitaron el territorio ancashino, entre las que destaca la cultura Recuay y la posterior presencia del Imperio Incaico. En aquellos tiempos, la música no existía como un espectáculo escénico aislado de la vida cotidiana, sino como una actividad ritual y comunitaria integrada en el concepto del taki, término quechua que abarca simultáneamente el canto, la música y la danza.
Con la llegada de los conquistadores españoles y la instauración del régimen colonial en el siglo XVI, se produjo un complejo proceso de mestizaje musical. La introducción de instrumentos europeos de cuerda, singularmente el violín, la guitarra y la adaptación local del arpa, transformó de manera radical las posibilidades armónicas de los músicos autóctonos, quienes adoptaron estas herramientas para expresar sus propias estructuras de pensamiento y sensibilidad.
Durante el siglo XIX, tras la independencia del Perú, la Chuscada experimentó un proceso de asentamiento en los centros urbanos y rurales del departamento de Ancash. En villas y ciudades como Huaraz, Caraz, Yungay, Carhuaz, Recuay, Huari y Cabana, la Chuscada se convirtió en el eje de las festividades patronales, los carnavales y las reuniones familiares. Durante este periodo, la distinción entre la Chuscada y otras variantes del Huayno andino comenzó a marcarse con mayor claridad. Mientras que en el sur andino el Huayno mantenía una cadencia más pausada y en la sierra central el Huaylas se desarrollaba como un baile de fuerte zapateo agrícola, la Chuscada ancashina encontró un punto de equilibrio caracterizado por la fluidez rítmica, la elegancia en el desplazamiento y una permanente coquetería entre los danzantes.
Desde la perspectiva del análisis musicológico, la Chuscada posee una estructura formal definida que la distingue dentro del espectro de las músicas tradicionales andinas. El género se escribe y se ejecuta en una métrica de compás binario de 2/4. El tempo de la Chuscada se sitúa habitualmente en un ritmo de allegretto, lo que le otorga un carácter vivaz sin llegar a una aceleración desmedida. Esta velocidad es crucial para la ejecución vocal, pues permite a los cantantes articular las frases poéticas con claridad sin perder el matiz de la afinación ni la fuerza expresiva.
En el plano armónico, la Chuscada se sostiene sobre la escala pentatónica andina, combinada con modos menores y mayores de la armonía occidental. Es habitual la alternancia entre la tonalidad menor para las estrofas de tono nostálgico y su relativo mayor durante el remate o fuga final.
La estructura métrica y poética de las canciones se organiza en tres secciones consecutivas. La primera es la introducción instrumental, segmento en el que los instrumentos de cuerda o viento exponen la melodía principal de la obra, estableciendo la atmósfera emocional y permitiendo a los bailarines tomar posición en la pista.
Finalmente, la obra concluye con la fuga o remate, una sección caracterizada por un ligero incremento en la velocidad del ritmo donde la lírica se vuelve más picante o humorística y el zapateo de los bailarines se intensifica.
La instrumentación empleada en la ejecución de la Chuscada varía según la subregión geográfica de Ancash y el contexto social de la presentación. La conformación instrumental más emblemática en el Callejón de Huaylas es el conjunto de cuerdas. La pieza fundamental de este ensamble es el arpa ancashina, un instrumento con una caja de resonancia sustancialmente más ancha que la de otras regiones, lo que produce un sonido grave y profundo. El arpa es secundada por el violín, encargado de acompañar la línea melódica de la voz, y por la guitarra y la mandolina, que aportan el marco armónico.
En las zonas rurales más elevadas, se conserva la combinación ancestral de la roncadora y la caja, ejecutadas simultáneamente por un solo músico llamado cajero. Por otro lado, en las festividades patronales predominan las bandas de músicos compuestas por instrumentos de viento-metal y percusión, mientras que las orquestas modernas incorporan acordeón, saxofones y bajo eléctrico.
La dimensión coreográfica de la Chuscada es inseparable de su contenido sonoro, constituyendo un lenguaje corporal de profunda carga expresiva. El baile es esencialmente una danza de pareja suelta caracterizada por el galanteo, la elegancia y la coquetería. Los bailarines se desplazan sobre las puntas de los pies mediante un trote ágil y rítmico que acompaña el compás binario de la música. Un accesorio imprescindible en la coreografía es el pañuelo blanco sostenido en la mano derecha, utilizado para trazar figuras circulares en el aire y guiar el cortejo entre la pareja. Durante la sección de la fuga, la danza alcanza su punto culminante con el zapateo, el cual se ejecuta como un repiqueteo rítmico, fino y veloz.
En cuanto al análisis lírico y poético, las letras de las Chuscadas se cantan tanto en idioma quechua ancashino como en castellano, siendo muy frecuente el uso del bilingüismo alternado dentro de una misma composición. Esta alternancia permite emplear el quechua para expresar los sentimientos más profundos e íntimos, reservando el castellano para pasajes narrativos o satíricos. Las temáticas principales abarcan el amor, el desamor, el canto a la naturaleza y al terruño mediante la evocación de los nevados Huascarán y Alpamayo, y la experiencia de la migración, compartiendo espacio con coplas picarescas de carácter humorístico.
La preservación del género ha sido posible gracias a destacados intérpretes y compositores que elevaron la Chuscada a niveles artísticos excepcionales durante el siglo pasado. Entre los nombres de mayor trascendencia histórica destacan Pastorita Huaracina, considerada la máxima embajadora del folklore ancashino por su canto firme y comprometido; el Jilguero del Huascarán, creador e intérprete de versos sociales de profunda raigambre popular; y la Princesita de Yungay, figura clave en la difusión del género a nivel internacional. Junto a ellos, agrupaciones de cuerdas y maestros del arpa como Jacinto Palacios Zaragoza fijaron el estilo tradicional que perdura hasta el presente.
En la actualidad, la Chuscada mantiene una presencia viva tanto en las festividades patronales de Ancash como en los centros urbanos donde reside la comunidad migrante. Su catalogación y protección como bien integrante del Patrimonio Cultural de la Nación reconoce su valor como pilar fundamental de la identidad regional. En conclusión, la Chuscada representa la síntesis artística del habitante de los Andes centrales del Perú, combinando historia, poesía y danza en una tradición musical viva y plenamente vigente.
Fuentes:
• Folcloremusicalperuano.blogspot.com
• Revistasinvestigacion.unmsm.edu.pe






























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