La danza Banga es una de las expresiones culturales más distintivas de la región montañosa de Cordillera Central, al norte de Filipinas. Específicamente, esta danza está estrechamente asociada con el grupo étnico Kalinga, que habita las laderas empinadas y los valles de la provincia de Kalinga.
La historia de la danza está intrínsecamente ligada a la vida cotidiana, la geografía y las costumbres de este pueblo guerrero e independiente de las montañas. Históricamente, el pueblo Kalinga ha sido famoso por su habilidad en la guerra tribal, pero también por su ingenio en la adaptación al difícil terreno montañoso.
Las mujeres Kalinga eran y siguen siendo las encargadas de la vital tarea de buscar y transportar agua fresca desde las fuentes. La danza, por lo tanto, es una representación coreográfica y mimética de la caminata diaria y el dominio del equilibrio.
La principal característica de la danza Banga es el uso de pilas de pesadas vasijas de barro apiladas y equilibradas sobre la cabeza de las bailarinas. Estas vasijas, conocidas localmente como banga, son las herramientas esenciales para el transporte del agua desde el río o el pozo hasta la aldea, así como para cocinar, almacenar alimentos y para el trueque.
Las mujeres Kalinga se colocan un “jikon” enrollado, hecho de una planta de paja llamada “ligis”, o usan un paño enrollado sobre la cabeza como soporte mientras cargan el Banga. Los Kalinga utilizan arcilla local para fabricar sus vasijas. Las alfareras más conocidas son las mujeres de las aldeas de Puapo y Dalupa en Pasil, y de la aldea de Dognak en Lubuagan. Estas vasijas de arcilla se fabrican para recoger y almacenar agua
La danza celebra esta habilidad cotidiana, transformando una labor diaria y ardua en un acto de arte, resistencia y belleza. Se requiere una extraordinaria disciplina física, un control absoluto del equilibrio y una coordinación perfecta para ejecutar la danza sin derramar agua o dejar caer las ollas.
Las bailarinas realizan giros, flexiones, saltos, cuclillas y movimientos que imitan el balanceo natural del cuerpo al subir y bajar las laderas. A pesar de la complejidad de los movimientos, deben mantener la cabeza y el cuello rígidos y estables para asegurar el equilibrio de la pila de vasijas.
El ritmo y la música de la danza Banga son proporcionados por un conjunto tradicional de tambores de piel (gangsa) y gongs metálicos. Estos instrumentos crean un ambiente sonoro percusivo, vibrante y tribal que es repetitivo y que impulsa el movimiento de la danza.
Los músicos Kalinga suelen sentarse en el suelo y tocar los gangsa con las manos o con palos cortos, generando patrones rítmicos complejos. El ritmo comienza lento, imitando el inicio de la caminata con cautela, y se acelera progresivamente hasta un clímax frenético y celebratorio.
La indumentaria de las bailarinas es también un elemento crucial de la danza, destacando la artesanía Kalinga. Visten la vestimenta tradicional, que consiste en faldas tejidas intrincadamente, llamadas tapis. Las tapis son de colores vivos, con predominio de rojo, negro y blanco, y patrones geométricos ancestrales que significan linaje. En la parte superior, usan un pina-pis o un pa-is, y lucen brazaletes y cinturones decorativos hechos de metal y cuentas.
La historia de la danza Banga está ligada a rituales de la vida comunitaria, no solo al trabajo físico. Se representa tradicionalmente en celebraciones importantes como bodas, fiestas de cosecha, funerales y grandes reuniones tribales.
Al ser una danza que demuestra gracia, disciplina y resistencia, también funciona como una especie de rito de paso femenino en la adultez. El dominio y la destreza en la danza son vistos como un reflejo de la preparación de la mujer para las responsabilidades del hogar.
La región Kalinga es famosa por su impresionante sistema de terrazas de arroz, y la danza Banga se relaciona con ese ecosistema. La danza Banga refleja la armonía entre el pueblo Kalinga y su entorno natural y montañoso, siempre en equilibrio. El agua que transportan es esencial para beber, cocinar y, sobre todo, para irrigar los campos aterrazados de arroz.
En el contexto moderno, la danza Banga se ha convertido en una pieza fundamental del repertorio de danzas folklóricas filipinas. Es a menudo representada por conjuntos nacionales e internacionales como símbolo de la cultura de las minorías indígenas del país. Esto ayuda a preservar la tradición y a exponer la cultura Kalinga a la audiencia global, más allá de la isla de Luzón.
El desafío de la modernidad es mantener la autenticidad de la danza, que debe reflejar el verdadero espíritu del trabajo duro. Los movimientos, aunque coreografiados para el escenario, deben conservar la dignidad y el equilibrio de la mujer Kalinga.
La danza es un acto de orgullo cultural que reafirma la identidad de un pueblo que se mantiene resiliente en las montañas. Su música y ritmo son hipnóticos, reflejando la cadencia de los pasos en los senderos serpenteantes. La práctica de esta danza requiere años de entrenamiento y dedicación por parte de las bailarinas desde la infancia. Es un testimonio artístico de la interconexión indisoluble entre el deber cotidiano y la expresión ritualizada solemne.
La danza Banga es una de las joyas de la corona del folklore filipino, un legado de los pueblos originarios. Su historia está escrita en el barro cocido de las vasijas y en la resistencia física y espiritual de sus mujeres. El simbolismo del agua, el equilibrio y la fuerza femenina pervive en cada movimiento coreográfico y sonoro.
El valor cultural de la danza Banga es incalculable y merece su reconocimiento internacional como patrimonio. Es una tradición viva que se transmite con orgullo y solemnidad a las nuevas generaciones Kalinga. Representa una de las tradiciones más antiguas y visualmente impresionantes del archipiélago.
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